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La muerte de Harambe y el hecho de ser humano

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Una perspectiva bíblica judía con énfasis en el problema de la responsabilidad humana

Se podría decir que el reciente debate, prácticamente mundial, a propósito de si se debió matar o no a Harambe, el gorila del zoológico de Cincinatti, es la nueva encrucijada en la que casi todo tipo de opinión se ha encontrado con una diametralmente opuesta.

Post-humanistas, activistas de derechos animales, promotores de derechos civiles y humanos, liberales y conservadores, todos han tenido algo que decir al respecto.

Pero una perspectiva tradicional, escriturística, judía, tal y como la explicada por Yehuda Shurpin en Chabad.org, aboga por el sentido común.

Y, por ello, es particularmente humana. La clave está en la reflexión a propósito de la responsabilidad humana no sólo en el contexto de la muerte de Harambe sino en la relación de lo humano y lo animal, en general.

De entrada, Shurpin procura recordar al lector que, desde una perspectiva estrictamente judía, los seres humanos tienen prohibido causar cualquier tipo de sufrimiento innecesario a cualquier animal.

Más aún, los seres humanos estamos obligados, según las Escrituras, a alimentar a nuestros animales antes de que nosotros mismos nos sentemos a comer.

Pero, al mismo tiempo, la Biblia también dice claramente que es el ser humano (y no el perro, por ejemplo), el que tiene la dignidad de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios.

Esto establece ya una distinción que hace de la vida humana una vida más valiosa que una vida animal. Pero las lecciones que se desprenden de la muerte de Harambe son más profundas.

Fotografía de Robert Straithorst, publicada por The Mirror, UK
Fotografía de Robert Straithorst, publicada por The Mirror, UK

Miles guardaron luto por Harambe, según Shurpin, por dos razones fundamentales.

La primera, por el hecho de que se trata de una subespecie de gorila clasificada como “críticamente amenazada”. Así, la muerte de Harambe puede entenderse como un paso más en la posible extinción de la especie.

La segunda, porque de todos los animales en el mundo, estas especies de primates son los más cercanos a los seres humanos (apartando, desde luego, a los animales domésticos que mantenemos en nuestras casas, como mascotas. Eso es completamente otro asunto).

Estas dos variables, explica Shurpin, hacen que nos identifiquemos, y nos involucremos emocionalmente, con Harambe.

Pero esta identificación, sin embargo, prosigue Shurpin, “puede distraernos del punto central; a saber, que si bien la diferencia entre gorilas y otras especies animales es una de grado, la diferencia entre primates no-humanos y humanos es inconmensurable”.

“Nuestros sabios nos dicen”, prosigue Shurpin, “que el primer hombre, Adán, fue creado solo para enseñarnos que cualquiera que destruya una sola vida humana, desde una perspectiva bíblica, es como si destruyese un mundo entero. Y cualquiera que salve una sola vida es entonces como si salvase todo un mundo”.

Pero la Biblia también enseña que los seres humanos fueron creados a imagen y semejanza de Dios para que pudiesen “gobernar sobre los peces en el mar y sobre las aves en el cielo, sobre el ganado y los animales salvajes, y sobre todas las criaturas que se mueven sobre la tierra”.

Esto quiere decir que los seres humanos son responsables de sus acciones –y del bienestar de la Creación- de una manera especialísima, distinta a la de cualquier otra criatura.

Esta podría ser la razón por al cual tanta gente ha firmado solicitudes para hacer que los padres del niño se responsabilicen también de alguna manera por la muerte de Harambe.

En resumen, Shurpin está llamando la atención sobre el hecho de que la muerte de Harambe debería recordarnos dos cosas: el valor infinito e incomparable de cada vida humana y, anexo a este valor, la importancia de la responsabilidad humana, “de manera que la próxima vez que pensemos en el gorila Harambe, o estés en la calle y veas a tu prójimo en necesidad, ayuda, porque eres responsable de todo un mundo”.

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