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¿Regular la aplicación Uber es ir contra el progreso?

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Gremios latinoamericanos se paran firmes ante el desembarco de Uber

Calles cortadas por taxistas agrupados y abanderados en la defensa de sus intereses laborales son algunas de las imágenes más recurrentes de los últimos meses en diversas ciudades de América Latina, aunque no exclusivas del continente, pues países como España o Francia, entre otros, también lo han experimentado.

¿La razón? El desembarco desde hace un tiempo de la empresa Uber en Latinoamérica, una plataforma que permite solicitar un medio de transporte particular a través de un celular de una forma rápida, pagando sin efectivo y con la posibilidad de elegir diversos modos de viajar para trasladarse de un lugar a otro.

Pero los vehículos y las personas que trabajan para Uber no están vinculados de forma directa con la empresa, ni pagan los costos de permisos que establecen cada una de las ciudades, ni seguros especiales que se les exige a los servicios públicos de transporte. Y es por todo esto que se desata la polémica.

La regulación, el principal reclamo

La llegada de Uber a algunas ciudades latinoamericanas, que en varios lugares empezó a funcionar casi de forma intempestiva, generó la reacción inmediata de diversos trabajadores vinculados al transporte que interpretaron el modo de operar de la aplicación como una amenaza para sus fuentes laborales.

Los reclamos en diversos puntos del continente obligaron a que recientemente 14 países reunidos en Medellín (Colombia), en el marco de la Asamblea General Ordinaria de la Cámara Interamericana de Transporte (CIT), elevaran una sola consigna para con Uber: regulación.

Uno de los voceros del encuentro fue el brasileño Paulo Vicente Caleffi, secretario de la CIT, quien en diálogo con la agencia ANSA indicó que “el gremio no se opone al avance tecnológico, pero debe haber igualdad de condiciones para competir”.

Además, hizo referencia a los temas legales. «No es posible ir contra el progreso, pero tampoco el progreso puede entrar sin perjudicar las inversiones de tanto tiempo de estas personas, que dedicaron sus esfuerzos para poner en funcionamiento algo tan necesario como los taxis y los camiones», expresó.

Caleffi atribuyó algunos problemas que derivaron en violencia en la región vinculados a estos transportistas a la falta de regulación. Y puso el ejemplo de Bogotá, donde cada vez es más común la agresión contra los trabajadores de Uber que llegan incluso hasta sus usuarios.

“Se trata de un choque económico que supera lo legal, de «proporciones muy graves, pero que hay que resolver», indicó el brasileño.

Por su parte, Sonia Metushi, gerente de Movilidad de Personas y Taxis de la Unión Internacional del Transporte por Carretera (IRU), también dio su punto de vista a ANSA y coincidió con el enfoque del líder de la CIT.

«Si van a ofrecer el mismo tipo de servicios que una empresa de taxi deberían estar regulados bajo las mismas normas que las empresas de taxis», sostuvo la experta.

Finalmente, recordó que la Unión Europea tiene el asunto de Uber en estudio, pero que algunos países hicieron una fuerte defensa de la normatividad.

Uber en América Latina

México, Colombia, Argentina, Brasil, Chile, Perú y Uruguay son algunos de los países donde Uber ya está operando. En algunos de ellos, como México, llegó en 2013 y tuvo un periodo de violentos enfrentamientos con los taxistas.

Ciudad de México se convirtió en la primera en regular el servicio en 2015. Pero en otros países, como Brasil, Uber opera sin autorización legal y con disputas entre taxistas.

En Colombia y Uruguay la situación es similar y también se registraron episodios de violencia puntuales como obligar a un conductor a bajarse de un auto y no dejarlo ir hasta que llegara la policía.

En Chile y Perú también hubo cuestionamientos, aunque con un tono más moderado. Mientras que en Argentina, principalmente en Buenos Aires, se ha anunciado que se le aplicará a Uber las regulaciones correspondientes al servicio de transporte de pasajeros.

De todos modos, en estos países el tema no es ajeno a las autoridades de turno y en la mayoría hay disposición para avanzar para encontrar soluciones.

¿El mejor método de protesta?

Sin lugar a dudas se trata de un sistema de transporte alterno, pero no exento de polémicas y que merecen un único camino: diálogo y negociación entre las partes y las autoridades competentes en cada uno de los países.

Por un lado, está el legítimo reclamo de quienes ven amenazados sus puestos de trabajo por considerar que están compitiendo de forma desigual ya que tienen exigencias que Uber por ahora no contempla.

Pero por otro, también está el tema del avance tecnológico, nuevas modalidades de servicio y propuestas de mejoras que tengan el usuario como común denominador.

Muchos trabajadores del transporte se han puesto literalmente en pie de guerra contra la aplicación a través de una persecución a quienes consideran que trabajan en Uber a través de insultos e incluso actitudes violentas que llegan a lo físico.

Y esta actitud merecería una reflexión en cuanto a si es el mejor camino para hacerse oír.

Por lo pronto, la regulación de los servicios, contemplar los derechos de todos los involucrados, etcétera, parece ser el paquete ideal para empezar a encontrar una respuesta, algo que en definitiva no debería ser obstáculo para el progreso.

 

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