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Fátima; profecía, plicos, palabras faltantes y el desmentido de Ratzinger

Vatican Insider - publicado el 23/05/16

«Un mal Concilio y una misa mala». Este sería el «verdadero» contenido del tercer secreto de Fátima que el Vaticano habría querido mantener oculto. Pero Joseph Ratzinger, que lo custodió, publicó y comentó, dijo que son «puras invenciones» las enésimas y presuntas «revelaciones» sobre el texto profético más discutido y estudiado.

La exclusiva de Pentecostés

Las revelaciones parecían muy fuertes. El teólogo alemán, el padre Ingo Döllinger, amigo personal de Benedicto XVI, habría dado a Maike Hickson para el sitio «OnePeterFive» un anuncio más que clamoroso, describiendo un diálogo de tú a tú con el entonces cardenal Ratzinger: «No mucho tiempo después de la publicación, en junio de 2000, del Tercer Secreto de Fátima por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ¡el cardenal Joseph Ratzinger dijo al padre Döllinger, durante una conversación que hay una parte del Tercer secreto que todavía no han publicado! ‘Hay mucho más de lo que hemos publicado’, dijo Ratzinger. Además le dijo a Döllinger que la parte publicada del secreto era auténtica y que la parte inédita del Secreto había de un ‘mal Concilio y de una Misa mala’, que habrían llegado en un futuro próximo. El padre Döllinger me dio el permiso de publicar estos hechos en la fiesta del Espíritu Santo y me dio su bendición». Entonces, una nueva presunta revelación sobre el presunto contenido no revelado. Hasta ahora, las suposiciones sobre el contenido que no habría sido publicado se dividen entre las más catastróficas (la Virgen habría anunciado castigos terribles) y las que se relacionan más con la vida interna de la Iglesia (en sustancia poner en discusión el Concilio Ecuménico Vaticano II).

Habla el Papa emérito

El desmentido, inédito y seco, llegó el 21 de mayo mediante un comunicado de la Sala de prensa vaticana, en donde se citan las palabras de Benedicto XVI: «Algunos artículos publicados recientemente atribuyen al profesor Ingo Döllinger declaraciones según las cuales el cardenal Joseph Ratzinger, después de la publicación, en junio del año 2000, del Tercer secreto de Fátima, le habría confiado que dicha publicación no era completa». «A tal propósito —continúa el comunicado—, el Papa emérito Benedicto XVI comunica que “no ha hablado nunca con el profesor Döllinger acerca de Fátima” y afirma claramente que las frases atribuidas al profesor Döllinger  sobre ese tema son “pura invención, absolutamente no verdaderas” y reitera decididamente: “La  publicación del Tercer secreto de Fátima es completa». El desmentido de Ratzinger es triple: afirma que no tienen veracidad la circunstancia (el diálogo con el teólogo alemán sobre Fátima), el contenido (las palabras negativas de María sobre el Concilio y la misa que surgió de la reforma litúrgica) y el «scoop» del secreto no revelado.

El misterio de la visión

El secreto de Fátima se encuentra en una visión que los tres pastores recibieron en 1917. Las primeras dos partes, relacionadas con la visión del infierno, la Segunda Guerra Mundial y la consagración de Rusia, son reveladas inmediatamente. La tercera, en cambio, sólo la podía saber el Papa. Sor Lucía dos Santos escribió el tercer secreto en enero de 1944 y lo entregó al obispo de Leiria-Fátima, José Alves Correia da Silva, en junio de ese mismo año. El obispo lo envió al Vaticano, según una petición de la Santa Sede, durante la primavera de 1957, al final del Pontificado de Pío XII. Siempre se dijo que habría sido publicado en 1960, pero Juan XXIII y Pablo VI no lo consideraron oportuno. Fue Juan Pablo II, en mayo de 2000, quien se decidió a proponer una interpretación del a visión (el martirio de un Papa, el «obispo vestido de blanco», y de muchos cristianos) en la que se le ve como protagonista con el atentado de 1981. El entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger, avala la operación y escribió un comentario a la visión profética, que es presentada como algo que pertenece al pasado. Después, el mismo Ratzinger, pero ya en veste de Papa, parecía menos propenso a considerar cerrada completamente la profecía de Fátima, pensando en el martirio de los cristianos, que no concluyó con la carda del Muro de Berlín, y también en los ataques que la Iglesia sufre desde adentro, debido al pecado de sus miembros.

Solo una visión. ¿Y las palabras?

Las dudas planteadas después de la publicación del texto en el año 2000 por la Congregación para la Doctrina de la Fe se pueden relacionar con dos problemas. El primero tiene que ver con una frase que quedó sin terminar en la cuarta memoria que escribió sor Lucía, en donde atribuye a la Virgen estas palabras: «En Portugal siempre se conservará el dogma de la fe, etc». Parece evidente, teniendo en cuenta el contexto, que se trata de palabras de la aparición que se refieren a la visión del tercer secreto. La participación de los pastores videntes en el evento de las apariciones fue diferente para cada uno de los tres. De hecho, mientras sor Lucía veía a la Virgen, escuchaba su voz y podía hablarle, Jacinta Marto podía solo ver y escuchar, pero no hablar, mientras que Francisco Marto solo veía y no escuchaba nada. Francisco, el primo de Lucía, siempre pudo ver todo, incluida la visión del infierno, pero no escuchó las palabras de la Virgen, que fueron percibidas por su hermana y su prima. Lo confirma la misma sor Lucía en la cuarta «memoria», de 1941. La aparición, al hablar sobre la tercera parte del secreto, habría dirigido a Lucía y Jacinta estas palabras: «A Francisco sí, se lo pueden decir». De este particular algunos deducen que el tercer secreto no solo contenía una visión (la del martirio de los cristianos y del Papa) sino también un conjunto de palabras que la acompañaban y la interpretaban. En el interrogatorio de Lucía, durante el proceso canónico de 1924, la vidente declaró: «Después la Señora nos dijo algunas breves palabras, pidiéndonos que no lo diéramos a nadie, a excepción de Francisco».

El doble plico

El segundo problema tiene que ver con la historia del tercer secreto. Cuando llegó al Vaticano due conservado en un cofre de madera en el aposento de Papa Pío XII. Y también fue depositado en el entonces Santo Oficio. En el fascículo que publicó la Santa Sede en el año 2000, titulado «El Mensaje de Fátima», se afirma que Juan XXIII leyó el secreto, pero decidió no publicarlo. Después se dice que Pablo VI pidió el texto al Santo Oficio y lo leyó el 27 de marzo de 1965, casi tres años después de la elección. Pero el ex-secretario de Papa Juan, Loris Capovilla, hizo algunas afirmaciones que no coinciden con esta reconstrucción. Capovilla, quien después de la muerte de Papa Roncalli siguió trabajando en la antecámara de su sucesor, dijo que Montini le preguntó justamente a él, el jueves 27 de junio de 1963 (es decir seis días después de haberse convertido en Papa e incluso antes de la solemne ceremonia de coronación, del 29 de ese mes), dónde estaba escondido el tercer secreto, porque no lo encontraba. Capilla dijo que el plico con el secreto «está en el cajón del escritorio llamado Barbarigo, en la habitación». Allí lo encontraron los colaboradores de Pablo VI. La incongruencia entre la publicación vaticana y las palabras de Capovilla da entender que pueden existir dos textos: el primero estaba en el aposento del Papa y el segundo en los archivos del Santo Oficio. Se trataría, según una hipótesis no demostrada, de dos partes diferentes del tercer secreto (que es, a su vez solo la tercera parte de una única revelación). El texto conservado en los archivos contendría solamente la visión (la que reveló el Vaticano en 2000) mientras el plico del aposento papal tendría la explicación de la visión, es decir las palabras pronunciadas por la Virgen.

Posibles explicaciones

Los «fatimistas» se dicen seguros de que la única explicación posible ante estas incongruencias es la existencia de dos textos separados: la visión y la interpretación. El segundo texto no habría sido revelado porque era demasiado catastrófico y apocalíptico, o porque hablaba mal sobre el Concilio y la reforma litúrgica. Esta última hipótesis provoca el frenesí de todos los que atribuyen (ingenuamente desde el punto de vista histórico e interesadamente desde el punto de vista de las batallas dentro de la Iglesia) al Concilio Vaticano II la crisis de la fe, la secularización y casi todos los males de la Iglesia. Convencidos de que si todo hubiera quedado cristalizado como en la época de Pío XII no habrían llegado ni la secularización ni la crisis de las vocaciones o de la familia. Pero esto no explica por qué Juan Pablo II habría decidido publicar solo una parte del tercer misterio, en lugar de mantenerlo todo bajo llave. Y no se puede excluir que las incongruencias se deban simplemente a que existen no dos textos diferentes sino dos copias diferentes del mismo secreto conservadas en dos lugares diferentes. Otra posible explicación podría relacionarse con todos los escritos de sor Lucía, que siguió recibiendo visiones y mensajes que enviaba al Vaticano. Es posible que los Pontífices hayan tenido dudas y dificultades para distinguir el autentico mensaje de la aparición de las interpretaciones de la vidente.

Las palabras de Amato

Lo que afirmó Benedicto XVI en el desmentido que representa una de sus rarísimas pariciones desde que dejó el Pontificado, ya había sido enfatizado por el cardenal Prefecto de la Congregación de los Santos, Angelo Amato, quien, antes de llegar a la «fábrica de las aureolas», fue el número dos de la Congregación para la Doctrina de la Fe. «Digo inmediatamente que no hay un cuarto secreto» de Fátima «ni otros secretos escondidos», afirmó en mayo de 2015. «Cuando era Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe —escribió el cardenal—, tuve el privilegio de tener entre las manos y de leer los manuscritos originales relacionados con los secretos de Fátima y su mensaje. Los medité mucho tiempo, porque arrojan una luz de fe y de esperanza sobre los tristísimos eventos del siglo pasado, y no nolo. Recordemos que el siglo XX, pronosticado como tiempo dominado por la razón y la fraternidad entre los pueblos, en realidad fue un periodo trágico para el cristianismo, perseguido y oprimido en muchas partes del mundo. Sin considerar las dos guerras mundiales, las estaciones más traficas de este Vía Crucis evangélico fueron el genocidio armenio, la represión mexicana, la persecución española, las masacres nazis, el exterminio comunista y, en esta primera parte del tercer milenio, la persecución islamista. Son millones las víctimas de ideologías malignas, que han generado y siguen generando conflictos, odios y divisiones».

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