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Europa necesita una “transfusión de memoria”. ¿También América?

Marko Vombergar
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El nuevo humanismo propuesto por el papa Francisco sirve para todos los países

Antonio Maza Pereda es un consultor mexicano en estrategia de negocios; ha sido profesor en diversas universidades y es socio de la empresa Intelinet desde 2009.

Cada semana escribe y publica un artículo en diferentes medios católicos de México y es seguido en otros países del continente.

Sobre el tema del discurso reciente del papa Francisco ante el Parlamento Europeo al recibir el Premio Carlomagno, y su posible aplicación a las más jóvenes sociedades de América, versa esta entrevista.

En su discurso frente al Parlamento Europeo, el papa Francisco dio su visión sobre la Europa del futuro. ¿Es posible aplicar esta visión a nuestra situación americana?

Yo creo que sí. Y le voy a responder por qué: por lo notable del contenido. Viniendo del líder espiritual de la religión más numerosa del mundo, se esperaría un mensaje con un fuerte sentido religioso, y de reclamación. Y probablemente haría mucho sentido.

El Papa podría haber hablado de regresar a las raíces cristianas de Europa, podría haber predicado sobre el regreso a Jesucristo, podría haber ligado la situación europea a la falta de religiosidad y hacer el llamado del Padre bueno que pide a su hijo el regreso al hogar.

En cambio, prefirió construir su visión en términos sociales, filosóficos y culturales. Y al final, ofrece la participación de la Iglesia y del Evangelio en la construcción de esa visión.

¿Y eso es válido para todos?

Francisco pide a Europa –y con ello a todos los demás pueblos- dar a luz un nuevo humanismo con tres capacidades: la capacidad de integrar, la de comunicar y la capacidad de generar.

Nos recuerda la capacidad integrar culturas y tendencias muy diversas, como ha ocurrido lo largo de la historia de Europa, formada por diversas etnias y culturas que han podido integrarse en lo que algunos han llamado la cultura occidental.

En cuanto a la capacidad de comunicar, su discurso hace énfasis en el diálogo. Un diálogo que reconoce al otro como un sujeto válido, que merece respeto y del que se puede aprender.

Muy claro en el tema del entendimiento de los emigrantes, pero que es mucho más amplio.

En el tema de la capacidad de generar, el Papa habla de la construcción de una sociedad integrada y reconciliada. Su énfasis está en el tema de los jóvenes, en la dolorosa situación europea del tremendo desempleo de jóvenes y en la necesidad de integrarlos en la construcción de esa nueva cultura.

Ya veo: muchos de estos retos, si no es que todos, son retos también para nuestra sociedad americana, ¿es así?

Toda América tiene una raíz cultural predominantemente europea, mayormente española, británica y portuguesa, pero con una fuerte influencia de centenares de culturas indígenas y la aportación de inmigrantes polacos, rusos, húngaros, y también de orígenes no europeos como árabes, libaneses, judíos así como chinos, japoneses y coreanos. Sin olvidar una importante participación de pueblos de origen africano. Un crisol de razas que llevó a José Vasconcelos a soñar en la raza del futuro: la raza cósmica.

De manera que el reto de la integración está aquí presente, más complejo aún que lo que ocurre en Europa…

La necesidad de diálogo no es menor; la dificultad en lograr una verdadera democracia sin adjetivos hace más complicado aún el diálogo entre los diferentes segmentos socioeconómicos y culturales.

Y tenemos también el problema de una integración y reconciliación de nuestras sociedades.

En cuanto a los jóvenes, ya se nos olvidó el tema que estuvo de moda hace algunos meses de los «ninis”: los jóvenes que no encuentran un empleo digno ni tienen oportunidades de seguir estudiando o tal vez ni siquiera la motivación para dedicar un esfuerzo importante en estudios superiores, sólo para encontrar empleos cada vez peor pagados o simplemente inexistentes.

Dice el papa Francisco, citando a un sobreviviente del Holocausto (Elie Wiesel), que Europa necesita una transfusión de memoria. ¿También América?

Europa tiene que recordar lo que ha hecho y lo que ha logrado, recordar sus triunfos y sus fracasos y cómo ha podido recuperarse de largas guerras y terribles catástrofes. Recordar cómo se construyeron sus sociedades y sus culturas mediante una integración en su rica y diversa identidad europea.

Nosotros, las naciones de América, no tenemos una menor necesidad de esa transfusión de memoria. “Tomar distancia del presente para escuchar la voz de nuestros antepasados”, dice Weisel en términos semejantes al concepto de la «democracia de los muertos» de Chesterton o al del «plebiscito de los mártires» que usó Anacleto González Flores.

¿Nos «viene el saco» a los americanos, sociedades mucho más jóvenes que las europeas?

Sí, posiblemente seamos una sociedad menos envejecida. Tristemente, siendo sociedades más jóvenes, ya se nos presentan síntomas de cansancio y, como dijo Francisco en México, con la gran tentación del desánimo. Un gran desánimo que nos puede llevar a la desesperanza.

¿Podremos –finalmente– construir una visión esperanzadora de nuestra sociedad, de nuestra cultura, basados en la integración, la comunicación y la generación?

Estoy seguro de que sí. Todos los ingredientes están ahí, hace falta tomar conciencia de ello y que todos, cristianos y no cristianos, aportemos para el rejuvenecimiento de las sociedades de América.

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