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Tagle: un verdadero crecimiento económico debe incluir a los pobres y migrantes

Vatican Insider - publicado el 16/05/16

«¿Qué tipo de crecimiento es el que excluye a la mayor parte de la familia humana y que involucra solo a una pequeña parte?». La pregunta, rectoría, fue planteada por el cardenal Luis Antonio Tagle, arzobispo de Manila y presidente de la Caritas Internationalis durante su intervención en el congreso de la Fundación Centesimus Annus, «Iniciativas empresariales en la lucha contra la pobreza. La emergencia de los prófugos, nuestro desafío». El cardenal afrontó diferentes argumentos y en particular los de los migrantes y de un «crecimiento incluyente».

Tagle se refirió a los últimos cuatro Pontífices y a su magisterio social, mediante cuatro textos diferentes: las encíclicas «Populorum progressio» de Pablo VI, «Sollecitudo rei socialis», de Juan Pablo II, «Caritas in Veritate» de Benedicto XVI, y la exhortación «Evangeli gaudium» de Francisco. En todos estos textos, especificó el cardenal, se revela una progresiva preocupación por la extrema pobreza en la que viven miles de millones de personas, por la ausencia de trabajo a nivel global, por el consumo irracional de los recursos y por las desigualdades entre las naciones y zonas continentales. Es decir, afrontó el tema de las injusticias sociales y su difusión a nivel planetario, bien presente en el magisterio de la Iglesia.

El arzobispo filipino propuso un enfoque «amplio» sobre la cuestión de los migrantes; en particular, explicó, «evitando la distinción entre un refugiado y un migrante forzado», sería posible incluir entre las emergencias del fenómeno migratorio no solo a todos los que huyen de las guerras y del terrorismo, sino también a los que huyen de la pobreza y de las calamidades naturales. De estas migraciones forzadas de personas, añadió, surgieron «la trata y el tráfico de seres humanos y las nuevas esclavitudes», es decir «un negocio multimillonario». Así, para responder a la gravedad de las diferentes crisis sociales en curso, humanitarias y económicas, es necesario cambiar profundamente algunos estilos de vida. En este sentido, el Presidente de la Caritas Internationalis habló sobre la necesidad de volver a considerar la vida como un don y proponer una concepción opuesta a la del consumismo y a la del utilitarismo que hoy prevalecen. La gratuidad y la fraternidad se funden en una perspectiva de este tipo, por ello hay que considerar entre los estándares económicos también criterios como la justicia redistributiva y la justicia social que surgen justamente de la solidaridad.

«Una de mis experiencias más desarmantes como obispo —contó Tagle— fue cuando presidí una liturgia fúnebre de dos niños, de entre 6 y 5 años. Eran hermanos. Murieron después de haber comido lo que había sacado su padre de un bote de basura cerca de un restaurante». Como si fuera una costumbre, continuó Tagle, «el padre iba a buscar la comida que tiraban los clientes de los restaurantes cada vez que no lograba ganar lo suficiente para comprar de comer par asp familia». Aquella «fatídica» tarde, los dos niños se envenenaron. ¿Qué se puede decir en estos casos?, se preguntó el arzobispo de Manila. «¿Cómo proclamar la Buena Noticia?». Por ello, debemos volver a ser «buenos administradores» de la Creación sin pretender convertirnos en sus propietarios. «En la Laudado si’, Papa Francisco nos pide una conversión ecológica integral en la que la ecología ambiental se relacione con la ecología humana».

Y por ello hay que ejercer, todos juntos, tanto la justicia ecológica como la justicia intergeneracional, además de poner en marcha una manera responsable del uso de los bienes de la Tierra. La búsqueda del bien como, además, debe ser la base de la actividad económica, y su motor. El principio para generar riqueza deberá ir acompañado por la justicia distributiva «para realizar el bien común». EL objetivo fundamental de este camino es el de incluir en el crecimiento a todos los que hasta ahora han quedado excluidos. Y estos últimos son «los migrantes, los pobres». Los pobres, reveló Tagle, son excluidos de todas las previsiones económicas, de gestión de la vida en las empresas, de cualquier forma de planificación; no se razone sobre los servicios que necesitan.

Los pobres, pues, constituyen la mayor parte de la población del planeta, pero a menudo son considerados solo como una especie de daño colateral. «Esto se debe a que muchos profesionistas, opinionistas, medios de comunicación y centros de poder —observó Tagle—, al estar situados en las zonas urbanas ricas, están muy lejos de los pobres y tienen pocos contactos con sus problemas». La búsqueda de un camino para «el crecimiento incluyente por parte de las empresas» debería comenzar con el «ingreso» de las personas pobres en nuestras conciencias para disturbarnos, para que sean nuestro maestros e inducirnos a la acción.

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