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La visita del Papa a Lesbos: migrantes, servicio y ecumenismo

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El programa de la visita de Francisco y del Patriarca Bartolomeo a la isla griega de Lesbos, el próximo sábado 16 de abril, se está definiendo en estas horas. El Papa será recibido en el aeropuerto de Mitilene por el primer ministro griego Alexis Tsipras; habrá un momento de oración en el puerto y al final Francisco, Bartolomeo y el arzobispo ortodoxo de Atenas Hieronymus II arrojarán al mar una corona de flores para recordar a las víctimas; después se dirigirán al campo para refugiados, en donde se prevé que almorzarán con ellos.

El gesto papal, un llamado poderoso a las responsabilidades de Europa frente a la emergencia de quienes huyen de guerras y violencias, tiene un origen y un significado ecuménicos. Quienes invitaron a Francisco fueron Bartolomeo y el Sínodo permanente de la Iglesia ortodoxa de Grecia. El gesto común de cercanía por parte de los líderes de las Iglesias cristianas hacia los refugiados es más significativo que nunca, porque representa uno de los aspectos que Francisco trata de subrayar siempre cuando habla de las relaciones entre los cristianos: trabajar juntos para ayudar a los que sufren, tener compromisos comunes, puede ayudar a avanzar en el camino hacia la unidad tanto o más que los diálogos teológicos y de las comisiones de estudio.

Con Bartolomeo la sintonía en este sentido ya se ha manifestado con la iniciativa por la paz en Medio Oriente, así como en la preocupación como por la defensa de la Creación. El objetivo concreto de llamar la atención, en particular, sobre los sufrimientos de los cristianos en los países destrozados por la guerra y por el terrorismo fue fundamental para el encuentro entre Papa Francisco y el Patriarca de Moscú y de todas las Rusias, Kirill, que se llevó a cabo, como se recordará, en el aeropuerto de La Habana, Cuba, etapa con la que comenzó el viaje papal a México.

El pasado 21 de marzo, Francisco y el obispo ortodoxo griego Gavril de Nea Jonia discutieron  en privado sobre la visita a Lesbos y sus detalles. Durante los últimos días se han publicado declaraciones en contra de la llegada del Papa: tres obispos griegos, los metropolitanos de Glyfada, Pireo y Kalavryta protestan porque la invitación no fue una decisión de la asamblea de todos los obispos, sino del Sínodo permanente, es decir del órgano de gobierno conformado por los representantes del episcopado, elegidos cada año. Los tres metropolitanos no son ajenos a disputas de este tipo, es decir en relación con cualquier apertura ecuménica, y son conocidos en por sus posturas. El obispo de Kalavryta, por ejemplo, apoyó públicamente a Alba Dorada, el partido griego de extrema derecha y sospechoso de neonazismo.

La protesta pública de tres exponentes de la jerarquía no debe ser considerada como una muestra de los humores de la Iglesia ortodoxa de Grecia. Con el viaje relámpago de Francisco, un Papa visitará por primera vez el país después del peregrinaje jubilar de Papa Wojtyla, que en mayo de 2001 quiso seguir las huellas de san Pablo. En aquella ocasión, Juan Pablo II logró «romper el hielo» con el arzobispo ortodoxo Christodoulos y con el Sínodo permanente al definir como fruto del «mysterium iniquitatis» la cruzada de 1204 que destruyó Constantinopla, un evento de hace ocho siglos pero que todavía palpita en la memoria de los ortodoxos.

Y desde entonces ha habido muchos pasos positivos. Los cristianos ortodoxos y católicos trabajan juntos para acoger a los refugiados y la isla mitológica de Lesbos, con la generosidad de sus habitantes, se ha convertido en un símbolo para esa Europa que no se resigna a ser solamente un enorme mercado común, solamente capaz de cavilar sobre sus reglas económicas, sino que pretende recordar los valores con los que fue fundada. El viaje de pocas horas del obispo de Roma, junto con el Patriarca ecuménico de Constantinopla y con el arzobispo de Atenas, será, pues, un ejemplo de ese «ecumenismo de mandil» en el que los cristianos de diferentes confesiones se demuestran unidos y comprometidos hombro con hombro en el servicio a quienes sufren.
 

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