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¿Admite la Iglesia el aborto en caso de malformación?

© Constantine Pankin/SHUTTERSTOCK
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Pregunta de una lectora, ante supuestas declaraciones de un sacerdote en TV

Hablando con unos amigos, oí afirmar una cosa que me parece increíble: la Iglesia admitiría el aborto en el caso que la madre espere un niño malformado. Esto escuchado de la boca de un sacerdote… ¡y en la tv! (Paola S.C., Italia)

Responde padre Maurizio Faggioni, profesor de Teología moral en la Facultad teológica de Italia central.

No sé lo que ha dicho exactamente el sacerdote al que se refiere, así que no puedo valorar sus palabras, pero sobre la afirmación de que “la Iglesia admitiría el aborto en el caso de que la madre espere un niño malformado”, creo poder decir con seguridad que no corresponde a la verdad.

El Papa Francisco, en varias ocasiones, ha hablado del aborto en términos claros e inequívocos, en plena sintonía con todo el Magisterio de la Iglesia. Baste recordar algunas palabras apasionadas de Evangelii gaudium en la que defiende la dignidad y el derecho a nacer de los nascituros:

“Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo. Frecuentemente, para ridiculizar alegremente la defensa que la Iglesia hace de sus vidas, se procura presentar su postura como algo ideológico, oscurantista y conservador. Sin embargo, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo” (Evangelii gaudium, 213).

Respecto, en particular, al aborto determinado por el descubrimiento de malformaciones fetales, recuerdo que 2-3 nacidos sobre 100 en Italia presentan anomalías mayores (por ejemplo el labio leporino con o sin palatosquisis, que es una discontinuidad en el paladar, o la falta de un miembro, o problemas de la clausura del tubo neural, como la espina bífida).

Considerando, además de las malformaciones más importantes, también los síndromes genéticos, las cromosomopatías (como el síndrome de Down), las enfermedades metabólicas y las procedentes de infecciones contraídas en el embarazo (como, antes, la rubeola) se llega a un 4-5% de anomalías congénitas.

Muchas de estas anomalías, a través de los oportunos exámenes, pueden sospecharse o diagnosticarse en el primer trimestre del embarazo, mientras que para otras debe esperarse a fases más avanzadas. Serán niños que nacerán con situaciones de grave desventaja física y mental más o menos graves, y que a causa de su fragilidad, deberían ser acogidos con mucho más amor y cuidados por parte de todos.

Una malformación u otro handicap congénito no les quitan dignidad y derechos, a menos que basemos el derecho a la vida y al respeto en las prestaciones y el la productividad potencial de una persona. Ciertamente el descubrimiento de un defecto en el desarrollo psicofísico en el niño puede causar angustia en los padres, en previsión de las molestias y sufrimientos causados por la patología, o en las dificultades que afrontará para encontrar un lugar en una sociedad como la nuestra, fuertemente competitiva y hostil hacia los “perdedores”.

La “cultura del descarte” – por usar una expresión del Santo Padre – les margina desde el inicio, y el fin aborto eugenésico es el instrumento legal para eliminar el problema de raíz, de forma precoz, silenciosa y limpia. La hipocresía de las proclamas sobre la acogida y la estima por las personas Down, por ejemplo, se desmienten con el hecho de que el 80% de los niños Down son abortados, y que algunas pruebas se realizan de modo sistemático para identificar justo este defecto cromosómico. Acogidos de palabra, marcados y eliminados en los hechos.

El problema no son los diagnósticos prenatales en sí mismos: conocer a tiempo el estado de salud de un nascituro permite preparar en lo posible terapias adecuadas, incluso prenatales, o bien preparase psicológicamente a una acogida que puede ser delicada e incluso traumática. El problema es la mentalidad eficiente y discriminatoria que se percibe en las sociedades occidentales, en el mundo de la medicina y, al final, en las familias, por la que un diagnóstico así se convierte fácilmente en la antecámara del aborto.

En la manipulación que esconde la verdad de las cosas, estos abortos se llaman “terapéuticos”, pero es evidente que no son terapéuticos, porque no curan a nadie, sino que eliminan a criaturas débiles e indefensas. Son abortos eugenésicos, destinados a mejorar las cualidades psicofísicas de la población y a satisfacer la expectativa de tener un hijo perfecto: eu, de hecho, significa bueno, y ghenos significa estirpe.

El Papa Francisco, con ocasión del año santo de la misericordia, quiso conceder a todos los sacerdotes, sin distinciones, la facultad de absolver a las mujeres que han abortado y a los que han cooperado al aborto. Este gesto misericordioso es una mano tendida a quien se ha equivocado y una invitación a la reflexión y al arrepentimiento. En esta ocasión, el Papa definió el aborto como un “drama” y “uno de los graves problemas de nuestro tiempo”, “vivido por algunos con una conciencia superficial, casi sin darse cuenta del gravísimo mal que un acto semejante comporta. Muchos otros, en cambio, aun viviendo este momento como una derrota, consideran que no tienen otro camino que recorrer”.

Retomando algunas expresiones de san Juan Pablo II en la Evangelium vitae, el papa Francisco afirma: “Lo que ha sucedido es profundamente injusto; y sin embargo, solo comprenderlo en su verdad permite no perder la esperanza”. Y dirigiéndose a los sacerdotes, concluye: “Que los sacerdotes se preparen a esta gran tarea, sabiendo conjugar palabras de acogida genuina con una reflexión que ayude a comprender el pecado cometido e indique un itinerario de conversión auténtica para llegar a aceptar el verdadero y generoso perdón del Padre que todo lo renueva con Su presencia”.

Si esto es una justificación del aborto, que lo juzgue la amable lectora…

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