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Tras dos intentos de suicidio volverá a los Juegos Olímpicos

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La nadadora olímpica Joanna Maranhao, símbolo de fortaleza al superar la depresión y asumir una lucha contra la pedofilia

La Final Olímpica en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 ilusionaban con marcar el puntapié para una carrera deportiva con horizonte incalculable. Joanna Maranhao había alcanzado a los 17 años lo que ningún nadador brasileño en la historia: un cuarto puesto olímpico, en la categoría  400 metros Medley.

Sin embargo, su carrera sufrió altos y bajos emocionales y deportivos a los que se sobrepuso siempre con notable fortaleza.

Joanna Maranhao tuvo su primera experiencia deportiva internacional en los Juegos Panamericanos de Winnipeg, en 2009. Tenía 12 años.

Apenas tres años antes, y aunque aún no lo había podido revelar, había sufrido abusos sexuales por parte del entrenador de su club, Eugenio Miranda.

Una depresión emocional, reflejada en un mal rendimiento deportivo, comenzó a aflorar en 2006. Ese año tuvo un primer intento de suicidio.

Pero sólo pudo revelar el trauma que la perseguía desde la infancia en 2008, cuando denunció públicamente a Miranda y motivó a una revisión de la legislación brasileña para modificar la prescripción de estos delitos y permitir dar voz a las víctimas cuando estén listas para hablar.

Joanna parecía haber recuperado algo de paz, y en 2007 obtuvo una medalla panamericana en los Juegos de Río.

En 2009, marcó varios récords sudamericanos. También se destacó en los Juegos de Guadalajara en 2011, al alzarse con dos platas.

Pero la depresión volvió a asomar, e intentó quitarse la vida nuevamente en 2013.

Volvió a superar el mal momento, se alzó con dos bronces en los Panamericanos de Toronto y se afirmó para competir en sus cuartos Juegos Olímpicos, 12 años después de su experiencia inicial en Atenas.

En el medio, una trayectoria deportiva y un posicionamiento social fruto de su valentía para hablar y denunciar los abusos, que motivaron a otros a hacer lo mismo. Esa experiencia la llevó a armar la ONG Infancia Libre.

“Recibo muchos mensajes con relatos de las víctimas. Esas historias me conmueven mucho, lo que hago lo hago por aquellas personas que quieren superarlo y no tienen familia o estructura financiera. Y entonces pienso, ¿cómo pude querer tirar mi vida a la basura, siendo que hay tanta gente en la misma situación o incluso peor?”, explicó recientemente a la BBC.

Su lucha se convirtió en esperanza para muchos. Y esa esperanza la anima a seguir adelante, y a competir incluso en unos Juegos Olímpicos de cuya organización es crítica.

“Mientras haya personas con hambre, no se puede pensar en construir piscinas modernas como prioridad”, declaró en esa entrevista.

Coherente con su crítica, renunció al apoyo financiero oficial para competir, y asumió los costos de preparación ella misma. “Creo que la lucha contra la corrupción empieza por uno mismo”, piensa.

La categoría Medley, en la que históricamente se destaca Maranhao, es de las disciplinas más cambiantes de la natación. En general, los nadadores se destacan en uno de los cuatro estilos que hacen a la carrera: mariposa, espalda, pecho, y libre.

Una carrera que empieza con un nadador liderando, por destacarse en el primer estilo con el que se corra, puede terminar de una manera radicalmente distinta si no logra mantener el buen nivel en los otros estilos.

Así, en Medley la fortaleza se convierte en una virtud determinante, ya que el nadador debe saber entender que habrá momentos en los que no liderará la carrera esperando al momento en que pueda usar el estilo en el que se destaca.

La carrera de Joanna Maranhao aún no termina. Tuvo momentos muy buenos y muy malos.

Pero se repuso con una fortaleza inquebrantable aun a los traumas más dolorosos, y antes de llegar a la meta, con o sin medalla, ya es una campeona.

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