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Los peligros de la movilidad para el matrimonio

Diana LeRoi-Schmidt

Aleteia Team - publicado el 02/05/16

La gente de hoy está en continuo movimiento con consecuencias desastrosas para el matrimonio y la familia

No son sólo los católicos los preocupados por la crisis del matrimonio. Toda la raza humana se enfrenta a los trastornos en el matrimonio y la sexualidad humana a una escala sin precedentes.

Las causas de la revolución en el matrimonio y la vida familiar son complicadas, numerosas y variadas, pero uno de los factores que a menudo se pasa por alto es el incremento de la movilidad en el mundo actual.

Cuando pensamos en movilidad pensamos en la capacidad de subirnos a aviones, trenes y automóviles e ir donde queramos y cuando queramos, pero hay más formas de movilidad además de la movilidad geográfica, y todas contribuyen a la crisis en el matrimonio y la vida familiar que experimenta nuestra sociedad.

La primera forma de movilidad es la más obvia. Desde la Segunda Guerra Mundial la población mundial ha estado en movimiento.

Con un transporte de masas más barato, los individuos pueden ir donde quieran, tanto dentro de su país como por todo el mundo.

Es un privilegio que solía estar reservado a los más pudientes, pero ahora casi todo el mundo tiene acceso a algún tipo de transporte, que pueden usar no sólo por ocio, sino también para buscar una vida mejor.

Esta movilidad geográfica ha supuesto un desafío para las normas del matrimonio y la familia porque los individuos se distancian de la familia ampliada y de su cultura local, sus arraigadas costumbres y las expectativas vitales.

Las personas viajan. Se mudan a nuevos países y a menudo luego conocen y se casan con alguien de otra tierra y otra cultura, sin calibrar a veces suficientemente que su nuevo cónyuge tiene actitudes muy diferentes respecto de la sexualidad, unas expectativas distintas del matrimonio y otra forma de entender la religión.

La movilidad religiosa también ha contribuido a lo que yo llamo el embrollo matrimonial.

Como las personas han empezado a viajar y tener una educación más alta, se han encontrado con otras denominaciones cristianas y otras religiones.

La filosofía relativista secular empezó a enseñar que todas las religiones eran iguales y que los que sentían inclinaciones espirituales se encontraban ante un mercado religioso donde elegir.

Debido a que las tradiciones culturales y religiosas sobre el matrimonio varían, pareció sencillo creer que ninguna forma religiosa de entender el matrimonio y la sexualidad era superior a otra.

Además, como las personas se hacían más móviles educacional y geográficamente, también era más probable que conocieran a una persona de una denominación religiosa o una religión diferentes.

Un joven interesado en la espiritualidad New Age probablemente tendrá una actitud muy diferente con respecto al matrimonio que una persona criada en la tradición católica. Si entra en un matrimonio mixto, es muy probable que tenga dificultades.

La movilidad sexual también ha contribuido a la ruptura del matrimonio. Por movilidad sexual me refiero a la libertad sexual que ha surgido por la amplia disponibilidad y aceptación de los anticonceptivos artificiales.

El “control de la natalidad”, según lo explicaba G.K. Chesterton, significa “sin control y sin natalidad”.

La movilidad sexual se basa en la premisa de que en el encuentro sexual todo está permitido y que no hay límites ni juicios sobre lo que está bien o mal.

El matrimonio tradicional no puede sobrevivir a una actitud tan abierta, simplemente porque el matrimonio tradicional se basa en la observación de los límites de la lealtad, la castidad y la confianza.

Si no hay fronteras sexuales, el matrimonio tradicional se derrumba entre el divorcio sin culpa, las múltiples segundas nupcias y el incremento de la promiscuidad.

Luego, la movilidad sexual condujo a la movilidad de género. Puesto que el matrimonio se había disuelto y el acto sexual se había separado de la procreación y del matrimonio, surgió una gran confusión en relación a la sexualidad y la identidad de género.

Dicho de forma sencilla, cuando el sexo dejó de estar relacionado con los bebés, también dejó de estar relacionado con hombres y mujeres que se convertían en mamás y en papás.

cuando deja de importar si un hombre es un padre o si una mujer es una madre, la gente tiene problemas tratando de discernir qué es un hombre y qué es una mujer en realidad.

La movilidad sexual también trajo el feminismo radical y el movimiento homosexualista, que también contribuyeron, cada uno a su manera, a la oleada de movilidad de género.

Ante semejantes cambios históricos y abrumadores en la sociedad humana, es difícil divisar cómo puede sobrevivir la visión tradicional del matrimonio.

Tal vez en aquellos que creen que las verdades de la fe católica deberían ser nuestra inspiración.

Allí donde hay veneno, es muy necesario un antídoto. Cuando las personas se pierden en la oscuridad, hay deseo de luz y de guía. Cuando la gente está confusa, herida y sola, busca una respuesta, un sanador, un hogar y una familia.

A medida que nuestros tiempos continúan oscureciéndose y que cada vez más personas caen en el lodazal de este embrollo matrimonial, el ideal católico de una familia amorosa, enraizada en un matrimonio abundante y para toda la vida, será un testigo radiante y atractivo, como un faro para aquellos que luchan contra un mar tempestuoso.
En base a un artículo de Dwight Longenecker

Tags:
catolicismodivorciofamiliamatrimoniosexualidad
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