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La violencia está matando a los jóvenes en América Latina

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¿Por qué esta región tiene las tasas de homicidios entre niños y adolescentes más altas del mundo?

«Todo lo que hemos ganado en este continente durante tantos años en prevenir las muertes de niños cuando son pequeños por cuestiones de salud como diarrea, desnutrición, lo estamos perdiendo cuando llegan a la adolescencia», expresó Mundo José Bergua, asesor regional de protección de Unicef, publica BBC Mundo.

América Latina es la región con las tasas de homicidios entre niños y adolescentes más altas del mundo, afirmaba de forma categórica un informe publicado en setiembre 2014 (el más reciente) por Unicef denominado Hidden in plain sigh (Oculto a simple vista).

Este estudio, considerado el más completo hasta la fecha, incluye análisis estadísticos de la violencia contra los niños con información de 190 países.

En base a estadísticas de 2012, en cuanto a países de América Latinaen Panamá, Venezuela, El Salvador, Trinidad y Tobago, Brasil, Guatemala y Colombia, el homicidio es la principal causa de muerte entre varones de entre 10 y 19 años.

Específicamente este estudio indica que El Salvador, Guatemala y Venezuela son los tres países con las tasas de homicidios entre niños y adolescentes más altas del mundo.

«La evidencia indica que este patrón de violencia letal es en parte atribuible a las actividades ilícitas de grupos criminales organizados, la presencia de pandillas callejeras y la accesibilidad a armas de fuego«, afirma Unicef en otro pasaje de su informe.

Por su parte, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos publicó un informe en noviembre de 2015  denominado Violencia, niñez y crimen organizado.

En él se expresa que «más de una de cada siete víctimas de todos los homicidios a nivel mundial es un joven de entre 15 y 29 años de edad que vive en el continente americano».

Como contraparte, este informe también subraya que de la región de América Latina solo Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Nicaragua, Perú y Uruguay tienen tasas a nivel nacional por debajo de 10 homicidios por cada 100.000 habitantes.

En carne propia

«La pequeña estaba durmiendo en su camita cuando se desató un tiroteo en la calle. La bala traspasó la pared de su casa y le pegó directamente en la cabeza«, contó Gloria Perdomo, coordinadora de la organización no gubernamental Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), publica BBC Mundo.

La niña tenía cinco años y murió en Petare, una de las localidades más violentas de Caracas (Venezuela).

«Hay un contexto social que hace que en las comunidades más afectadas por la violencia el delito se vea como algo atractivo. Muchos jóvenes se deslumbran cuando un delincuente les ofrece la oportunidad de ganar una cifra considerable de cinco o seis salarios mínimos en una sola noche por hacer una actividad delictiva», expresó Perdomo.

Por otro lado, Perdomo dijo que “se viene desarrollando una especie de cultura de cómo sobrevivir en estos contextos”.

En ese sentido, la naturalización de la violencia, su normalización, está haciendo que en muchos países de la región los homicidios entre jóvenes se vean como algo inevitable, opina Perdomo.

Otro es el caso de dos padres que tuvieron que sufrir por la muerte de sus hijos.

«Mi hijo acababa de cumplir 18 años. Había salido con unos amigos a comprar algo en una bodega que queda cerca cuando unos malandros empezaron a echar tiros y le dispararon», expresó Ramón, desde Venezuela, a BBC Mundo.

«Generalmente cuando uno escucha los tiros, sale a ver quién es la víctima. Como sucedió muy cerca de la casa, me vinieron a avisar. Así como les había tocado a otros, lamentablemente ese día me tocó a mí: la víctima era mi hijo. No lo pude ver con vida, lo llevamos al hospital pero ya estaba muerto«, recuerda Ramón.

Algo parecido le sucedió a Gentil Ortiz, de Colombia, quien también le dio su testimonio a BBC Mundo.

«Mi hijo tenía 18 años. El día que murió había salido con sus amigos. Iban en un taxi cuando dos atracadores los interceptaron. Como el taxi no paró, les dispararon y la bala le pegó a mi hijo en la nuca. Él iba sentado en el puesto del copiloto», le cuenta a BBC Mundo.

El dolor de sufrir esto con un hijo es devastador. Al igual que el sufrimiento que tuvieron que afrontar Ramón y Gentil, está el caso de Ana, una madre hondureña.

«A él me lo mataron hace tres años. Solo tenía 20 años. Me lo confundieron. Venía de trabajar. Se estaba bañando y me lo sacaron del baño. Los mareros me lo mataron».

«Este es un dolor que uno siempre lleva», agrega.

Estos casos son tan solo algunos ejemplos, pero van en la línea de confirmar cómo la violencia está matando a los jóvenes en América Latina.

Mientras falten oportunidades laborales y educativas, además de que todo esto se siga naturalizando, el panorama no será mucho más alentador.

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