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He elegido ser ama de casa, y me siento muy realizada

Nina Viana Almeida - publicado el 27/04/16

Un texto escrito con toda la consideración por muchas mujeres a quienes les gustaría estar en casa, pero desgraciadamente no pueden por cuestiones económicas

De vez en cuando, alguna modelo, actriz u otra mujer de éxito es noticia porque decide aparcar la carrera profesional para cuidar del marido, del hijo y ser “ama de casa”.

Las reacciones suelen ser de lo más adversas, desde gente que las critica por imponer un «modelo ideal» de ama de casa, hasta innumerables mujeres afirmando en los comentarios que jamás cambiarían su independencia para quedarse en casa para ser una «Maruja» más.

Este asunto me hizo recordar mis propias elecciones. Me casé relativamente pronto, me embaracé dos meses después, dejé un excelente trabajo para ser una mejor ‘esposa, madre y ama de casa’, le dejé bien claro a mi esposo -en aquella época era mi novio- cuáles eran mis prioridades.

Yo trabajo desde muy joven y trabajaba mucho, con 9, 10 años yo ya me despertaba a las 4 de la mañana para trabajar con mi madre, muchas veces dormía 1 o 2 horas por la noche… con 11 años estudiaba lejos.

Con 15 años estudiaba 5 horas y trabajaba 8, de lunes a lunes. Me volví independiente muy temprano. Trabajar para mí no es y nunca fue un problema.

Dejé la carrera de diseño, pues no estaba aportando nada a mi vida y no tenía sentido ninguno tener un título sólo como pantalla.

Yo misma empecé a orientar mis estudios en casa y adquirí un conocimiento que ninguna universidad podría haberme proporcionado. Rechacé excelentes propuestas de trabajo (aún rechazo algunas) y puedo decir con toda seguridad, que me siento muy realizada y tengo todo lo que quería en este mundo.

No necesito una carrera sobresaliente o un reconocimiento social para sentirme valorada, pues soy sumamente valorada en casa.

No gano el premio de funcionario del mes, pero asistí (y enseñé) a la primera sonrisa, a la primera vez que se sentó, a los primeros gateos, a los primeros pasos, ahora a las primeras palabras y este premio ninguna empresa me lo puede dar.

Cuido personalmente a mi hijo y nunca delegaría espontáneamente el cuidado de él a terceros, sean parientes, guarderías o profesores.

En cualquier empresa, por buena que yo fuera profesionalmente y querida por mis jefes, siempre sería sustituible, siempre. Una prueba de ello es que ya lo fui en todas las empresas en las que estuve.

Pero en casa, Bento jamás me sustituirá como madre y mi marido jamás me sustituirá como esposa (no, no lo hará).

¿Si soy dependiente de mi esposo? Claro que lo soy. Y ¿qué problema hay en eso? Al fin y al cabo él también es dependiente de mí. Mi elección fue la adecuada, me casé con un hombre bueno. Nuestra dependencia es mutua y consensual. Si es para casarse y ser independiente, yo preferiría estar soltera. La regla es clara: o compartes toda la vida conmigo o no te subas al barco.

¿Que si hago tareas domésticas? No sólo las hago, sino que las hago con alegría. Ya hice una vez la limpieza con un bebé cargándolo en la mochila, estoy agradecida con Dios por tener una casa donde vivir.

Ya he cocinado y lavado los platos con un bebé en los brazos, extremadamente agradecida con Dios por tener qué comer.

Ya lavé ropa a mano, mientras sujetaba con la otra a mi hijo, feliz por tener que vestir. Ya me he despertado temprano, ya me he dormido tarde, ya he planchado ropa de madrugada, muchas veces el mismo día hice todo eso.

Ya hice cosas que nunca pensé que pudiera hacer, nada de eso me rebajó, al contrario, sólo me ha hecho ver que soy mucho más fuerte y capaz de lo que pude imaginar.

Sólo no entiendo, parafraseando a alguien que admiro mucho, esa visión confusa de que las mujeres son libres cuando sirven a sus empleadores, pero son esclavas cuando ayudan a sus maridos.

Entonces, soy Amelia y soy amiga de innumerables otras amelias, abogadas, médicas, enfermeras, biólogas, artistas, graduadas, post graduadas, doctoras… De muchas mujeres que llegaron a la conclusión de que el bien social que pueden realizar cuidando a sus hijos es inmensamente mayor que cualquier resultado que pudieran obtener profesionalmente.

¡Un placer, Amelia! Bella y ama de casa, gracias a Dios.

Pd. Este texto fue escrito con toda la consideración a tantas mujeres a quienes les gustaría estar en casa, pero desgraciadamente no pueden por cuestiones económicas.

Pd2: Tal vez un día yo trabaje fuera de casa; en caso de que mis hijos no estén criados aún, será por necesidad extrema.

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