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Yo soy de esta religión, de aquella… ¡No importa! Todos adelante para trabajar juntos

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Visita sorpresa del Papa a la 46 edición del Día Internacional de la Madre Tierra

Del 22 al 25 de abril en Villa Borghese, Roma, tuvo lugar la manifestación dedicada al ambiente y a la solidaridad, a la ciudadanía activa y a la legalidad, al diálogo interreligioso y a la fraternidad, con el patrocinio del Movimiento de los Focolares, también en concomitancia con la 46ª edición del “Día Internacional de la Madre Tierra”.

En el ámbito de esta gran manifestación, el último domingo de abril se exhibió en un concierto dedicado a las mujeres inmigradas, víctimas de la violencia el “Gen Verde” – es decir el grupo musical nacido en el seno del Movimiento de los Focolares en el año 1966, cuando su fundadora, Chiara Lubich, regaló a algunas muchachas una batería de color verde. Teniendo en cuenta que este grupo en formación pertenecía al llamado “Movimento Gen”, “generación nueva”, encontró su nombre definitivo en “Gen Verde”.

La fiesta concluyó con la sorpresiva visita del Papa Francisco a Villa Borghese, donde el Obispo de Roma dejando de lado el texto que había preparado les dirigió unas palabras espontáneas.

En efecto, de modo inesperado llegó el Papa a quien nos sólo las familias y los jóvenes, sino tantas personas de diversas edades lo saludaron con gran afecto. Todos los temas que se abordaron en esta manifestación tuvieron como centro la tutela del planeta, de la legalidad, del diálogo interreligioso y de la solidaridad.

El Santo Padre hablando espontáneamente a los jóvenes les dijo que improvisaría una reflexión, según las ideas que le iban llegando, a la vez que los invitó a ir adelante:

“Ustedes transforman los desiertos en forestas”, les dijo Francisco. “La vida está ahí, no en el desierto. En el desierto está la muerte”:

“Tantos desiertos en las ciudades, tantos desiertos en la vida de las personas que no tienen futuro, porque siempre hay – y subrayo una palabra que aquí se ha dicho – siempre hay prejuicios, miedos. Y esta gente debe vivir y morir en el desierto, en la ciudad. Ustedes hacen el milagro con su trabajo de transformar el desierto en forestas. Vayan adelante así”.

El Pontífice también les habló del conflicto. Y les dijo que quien no corre riesgos jamás podrá acercarse a la realidad. Porque para conocer la realidad, para conocerla con el corazón, es necesario acercarse. Y acercarse es un riesgo, pero también una oportunidad. Porque como les dijo el Papa “pienso en los testimonios que han ofrecido, por ejemplo, en la cárcel, con todo su trabajo”…

Ahondado su reflexión acerca del conflicto, el Papa Bergoglio afirmó que jamás hay que girar la cabeza para no ver el conflicto. Porque hay que asumir los conflictos para resolverlos. Mientras del desierto dijo:

“El desierto es fe, tanto el del corazón de todos nosotros, como el de la ciudad, en las periferias, es algo feo. También el desierto que hay en los barrios cerrados… Es feo. Allí está el desierto. Pero no debemos tener miedo de ir al desierto para transformarlo en foresta. Hay vida exuberante. Hay que ir para enjugar tantas lágrimas, para que todos puedan sonreír”.

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El Santo Padre les dijo asimismo que la amistad social se lleva a cabo en la gratuidad. Y esta sabiduría de la gratuidad se aprende. Se prende con el juego, con el deporte, con el arte, con la alegría de estar juntos, con el acercamiento. Es una palabra que no se debe olvidar en este mundo, donde parece que si tú no pagas no puedes vivir, donde las personas, el hombre, la mujer, que Dios ha creado precisamente en el centro de mundo, también para estar en el centro de la economía, han sido echados y en el centro se ha puesto a un bello dios, el dios-dinero.

“Hoy en el centro del mundo está el dios-dinero y los que pueden acercarse a adorar a este dios, se acercan, y los que no pueden, terminan con el hambre, las enfermedades, la explotación. Piensen en la explotación de los niños, de los jóvenes”.

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En cuanto a la gratuidadFrancisco afirmó que se trata de la palabra-clave. Gratuidad que hace que yo dé mi vida así, como es, para ir con los demás a hacer que este desierto se transforme en foresta. “¡Gratuidad, esto es algo hermoso!”.

También el perdón – añadió el Papa – perdonar, porque con el perdón la aflicción, el resentimiento se alejan. Y después “construir” siempre, “no destruir”, construir…

“He aquí las ideas que me vienen a la mente”, les dijo sencillamente el Santo Padre. Y ¿cómo se hace esto? – se preguntó –. Sencillamente – respondió –  con la conciencia de que todos tenemos algo en común, todos somos humanos. Y en aquella humanidad nos acercamos para trabajar juntos… ‘Pero yo soy de esta religión, de aquella’… ¡No importa! Todos adelante para trabajar juntos, respetarse. ¡Respetarse!”.

“Y así  – concluyó Francisco – veremos este milagro: el milagro de un desierto que se transforma en foresta. Muchas gracias por todo lo que ustedes hacen. ¡Gracias!”.

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