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“Toro”: El español cuando embiste, es que embiste de verdad

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Una muy bien llevada trama de delincuencia, deudas, honor y familia

Hace cinco años el director Kike Maíllo sorprendió gratamente con “Eva”, un a fascinante historia que en clave de ciencia ficción nos envolvía en un triángulo tan emotivo como ético en la búsqueda de la identidad y la capacidad de sentir emociones por parte de una inteligencia artificial encarnada en quien cabía esperar desde el arranque del segundo acto, sin que por ello desmereciesen las revelaciones que aún aguardaban.

Con un tono completamente diferente pero con igual pulso maestro, el director aborda ahora un género más que trillado, el thriller que mezcla la renuncia a la senda tenebrosa de la delincuencia con el ya clásico “último golpe en el que nada puede fallar” aderezado con los toques de “ahora la deuda te toca pagarla a ti”, todo ello enmarcado en el choque de egos del tan tópico como atrayente capo de un grupo mafioso y el tan típico como atractivo delincuente de buen corazón envuelto en áspero carácter que tras pagar su deuda con la sociedad y con sus antiguos jefes encuentra las habituales dificultades para mantenerse apartado del delito. Pero esta vez es para salvar a su familia.

De nuevo un triángulo de intereses con un elemento añadido, la niña, que se convierte en deseo de intercambio y justificación, un McGuffin (léase el libro-entrevista de Truffaut a Hitchcock o simplemente búsquese en Google) necesario y que además añade las gotas de humanidad y preocupación por el bienestar de la familia como primera consideración incluso venciendo a la autoconservación.

Maíllo cuenta con elogiable fuerza visual, casi innecesarias a veces las palabras, con un excelente plantel de intérpretes nacionales. El prota, el malote bueno, no puede ser otro que Mario Casas, dándole quizá la vuelta a su personaje de “Grupo 7” (Alberto Rodríguez, 2012), donde era un policía (defensor del bien) con un laxo código moral que le hacía coquetear con el lado más sombrío de la ley. Aquí es precisamente su esfuerzo por mantenerse apartado de la delincuencia lo que provoca uno de los conflictos esenciales en su arco de personaje y le hace aparecer como un negativo del mencionado papel.

Luís Tosar demuestra una vez más que puede ser algo más que “ese gran actor social” sin aparente esfuerzo. Aquí no es el diabólico portero de finca urbana de “Mientras duermes” (Jaume Balagueró, 2011) ni el ominoso Malamadre que capitaneaba el motín de “Celda 211” (Daniel Monzón, 2009) sino un pobre diablo al que su hermano menor (Mario Casas) tiene que sacar las castañas del fuego quizá en demasiadas ocasiones.

Cierra el triángulo principal José Sacristán. Su “Cara de acelga” (José Sacristán, 1987) se ha transmutado en una máscara impenetrable que cual efigie procedente del propio corazón del mal proyecta una sombra que baila al son de su cavernosa voz. Y no es nada bueno estar en deuda con el poseedor de ese carisma que en pantalla consigue dotar de credibilidad la amenaza que profiere. Aunque por si acaso unos sicarios blandiendo un hacha y llevándose a una niña en prenda también ayudan.

“Toro” es una más que eficaz muestra de que existe ya una estimable saga de producciones españolas capaces de hacer nuestras las convenciones de un género que desde el polar francés al thriller norteamericano ha dado a uno y otro lado del charco un buen número de títulos más que disfrutables. Este es uno de ellos y además no se trata de un eco solitario sino que hace bien poco hemos podido contemplar en pantalla otro excelente ejemplo de este tipo de cine con “Cien años de perdón” (Daniel Calparsoro, 2016) con lo que se demuestra que el título del estreno de esta semana consolida el buen hacer de la industria nacional en este capítulo dejando atrás todos los complejos que hace nos años pudieran existir y reiterando lo que bien podría ser una declaración de principios en cuanto a implantación de las películas de este género en nuestras carteleras.

Así además de contemplar una muy bien llevada trama de delincuencia, deudas, honor y familia podemos decir que “Toro” es un reto desde el centro del albero, con algunos charcos de sangre alrededor, mientras la testa se mantiene bien alta mostrando aquello de lo que es capaz.

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