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South of Hell: Una generosísima pérdida de tiempo

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Una serie de cazadores de demonios de alquiler tan delirante que uno se pregunta si no querrían hacer una comedia y se quedaron en una historia de terror mal hecha

Hay que tener mucho cuidado con los nombres que aparecen en los títulos de crédito. A los cinéfilos nos encanta echarnos a la piscina sin comprobar si cubre cuando vemos aparecer determinados nombres. En el caso de South of Hell, aunque se trataba de una creación de Matt Lambert (profesional de la televisión de discreto currículo) había dos nombres particularmente llamativos para el amante del terror, Eli Roth y Jason Blum.

Del primero hemos hablado en un par de ocasiones a propósito de los estrenos de Infierno verde y Toc, Toc. Del segundo hemos hablado menos, por lo menos de forma directa porque Blum es uno de los responsables de algunos de los títulos más importantes para el género como Paranormal Activity, Insidious, The Lords of Salem o Oculus: el espejo del mal.

South of Hell (Al sur del infierno) nos cuenta la historia de María Abascal (Mena Suvari, la chica rubia de American Beauty) una joven cazadora de demonios que alimenta a uno que lleva en su interior exorcizando a los de los demás. Obviamente semejante filosofía vital no podía durar mucho tiempo y en cierto modo la serie tampoco debería durar demasiado porque Souht of Hell puede que funcione como entretenimiento ligero de medianoche pero es, se mire por donde se mire, una generosísima pérdida de tiempo.

Vivimos un momento dorado para la televisión en el que parece que todo lo que se concibe para el medio es poco menos que una brillantez sin embargo tengo la sensación de que nos están dando a más de uno gato por liebre. Eso sí, todo hay que admitirlo, ese no parece el caso de South of Hell, cuyas críticas, sin ser especialmente crueles tampoco han sido precisamente buenas.

El primer problema, así de entrada, es que me da la sensación de que tanto Roth como Blum han estampado sus nombres en la serie más bien por un compromiso con el género, como una forma de ayudar un proyecto que seguramente, de otro modo, no habría salido adelante porque hay muy poco de uno y de otro en los ocho capítulos que conforman South of Hell.

Eso sí, creo que lo más significativo de esta serie es la poca seriedad con la que ella misma se toma a sí misma. De otro modo no me puedo imaginar a los responsables de la serie contemplando el episodio piloto y sus demenciales efectos especiales que parecen hechos por un adolescente en su portátil y considerar que algo así tenía salida comercial seria. Es entonces cuando uno piensa que puede que estemos ante una comedia. Sin embargo el sentido del humor no abunda en South of Hell es más, juraría que nadie en la serie pensaba que estaba rodando una comedia. La última opción es que esta serie esté pensada para un público muy pero que muy poco exigente lo cual dice muy poco de sus creadores y no digamos de sus intenciones.

South of Hell es una de esas series que mejor sería no ver. Y no porque se tome el tema de las posesiones demoniacas a la ligera o porque reduzca un tema tan complejo a un mero enfrentamiento entre buenos (humanos) y monstruos (demonios) sino porque ni si quiera funciona como entretenimiento ya sea terrorífico o cómico. Me da que a Roth lo han liado y que a Blum le han hecho algo parecido porque South of Hell es la peor combinación que ambos nombres podían haber provocado.

Tags:
cine
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