¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete a nuestra newsletter

Recibe Aleteia gratis directamente por email
Aleteia

Descubrió su vocación… mientras se alejaba de Dios

Comparte

“Me dejé conquistar… Ahora mi vida es un regalo”, reconoce un joven seminarista peruano

“Vivía feliz, disfrutando de lo que me hacía sentirme bien. Aún no sé cómo empezó todo. Sólo recuerdo que jugueteaba con una correa y una sábana cuando niño. Es eso lo que recuerdo. Sucedió cuando estudiaba en el colegio San Agustín en Lima (Perú). Quizás, me llamaba mucho la atención la forma de vestir de los religiosos Agustinos. Fueron algunos de mis primeros pasos en todo esto”, contó a Aleteia Luis Alberto Mora, un joven seminarista peruano.

“Todo lo que viví me ayuda a reafirmar más mi vocación. Ahora lo comprendo. Intenté probarle a Dios que nada de este mundo era para mí. Por eso cada paso que daba era para perderme más y más…No había límites”, continúa.

“¡Sólo quería alejarme de él! Cuando me enteré que mis papás rezaban por mí fue inevitable seguir negándome a escucharlo”, expresa

“Escapé pero terminé enamorado de Dios”

“Hubiera preferido no haber pasado todo esto, sin embargo, me permitió reafirmar más mi vocación. Andaba siempre en mi grupo de amigos y compartiendo tragos”, cuenta el ahora seminarista.

“Dejé a mi enamorada. Terminé una relación de años. He sido llamado y hasta ahora lo acepto. Pensaba que la gente de parroquia era apestada, me parecía que los que participaban de la parroquia iban porque no tenían nada mejor que hacer. Hasta llegué a probar marihuana”.

Alberto cursa ahora el primer año de Teología. Decidió contar su historia con la única esperanza que algún otro joven pueda encontrar en ella alguna respuesta cuando necesite encontrarse a sí mismo. “Jamás se debe tener miedo de seguir a Cristo”, afirma de forma contundente.

¿Cómo fortalecer esa vocación?

“Hubo un tiempo en el que decidí ir a misa todos los días. Me dejé conquistar por el Señor. Esto me ocurrió dos años antes de decidirme por la vida sacerdotal. Agradezco esa gracia que Dios me ha dado”. “Aunque suene muy doctrinal, ahora ya no me siento preso”.

El joven seminarista asegura que ahora vive libre y que no tiene que seguir lo que el mundo dicta a los jóvenes. “Vivo libre en Dios. Sólo viviendo en la constante presencia de Dios sé que estoy vivo”, expresa.

“Ahora sé que mi vida es un constante regalo para los demás. Y a eso estoy avocado. Para poder ser sacerdote solo me faltan dos años más de Teología, además de vivir un año de pastoral en alguna parroquia para conocer más de cerca la vida sacerdotal en comunidad”, indica.

Este joven prosigue descubriendo su vocación en el Seminario Santo Toribio de Mogrovejo en Perú.

Foto: Esther Núñez Balbín

 

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.