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Cervantes, el papa Francisco y la murmuración

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"El hacer y decir mal lo heredamos de nuestros primeros padres y lo mamamos en la leche… no murmuremos de aquí en adelante", escribe el gran escritor

Al celebrarse hoy 22 de abril los 400 años del fallecimiento de Miguel de Cervantes Saavedra, la lectura y estudio de sus obras resulta casi obligada, y en esta tarea se descubre a un escritor cristiano, bautizado en su natal Alcalá de Henares el 9 de octubre de 1547.

Cervantes participó con las milicias cristianas en la Batalla de Lepanto, que puso un freno a la expansión islámica en Europa; y en sus obras hay numerosas referencias a su fe, e incontables las citas que lo acreditan como católico.

Dos días antes de morir, escribió una carta a su mecenas Pedro Fernández de Castro y Andrade, en la que decía: “Ayer me dieron la extremaunción, y hoy escribo ésta. El tiempo es breve”.

Finalmente, pidió ser sepultado en la iglesia del Convento de las Trinitarias Descalzas, orden que le ayudó a recuperar su libertad cuando estuvo preso en Argel.

En una de sus novelas ejemplares, El casamiento engañoso, Cervantes habla de la murmuración, tema que también ha sido abordado por el papa Francisco, y en cuya gravedad coinciden.

Cervantes dice: “Acaba un maldiciente murmurador de echar a perder diez linajes, y de calumniar veinte buenos, y si alguno le reprende por lo dicho, responde que él no ha dicho nada… mucho ha de saber y muy sobre los estribos ha de andar el que quisiere sustentar dos horas de conversación sin tocar los límites de la murmuración; porque yo veo en mí que… me acuden palabras a la lengua como mosquitos al vino y todas maliciosas, y murmurantes… el hacer y decir mal lo heredamos de nuestros primeros padres y lo mamamos en la leche… no murmuremos de aquí en adelante”.

El papa Francisco, por su parte, ha dicho que “detrás de una murmuración están los celos y la envidia. Y las murmuraciones dividen la comunidad, destruyen a la comunidad. Son las armas del diablo”.

Tanto el Papa como Cervantes coinciden en que antes de murmurar, es mejor morderse la lengua: “Cada vez que fuere contra el precepto que tengo de no murmurar, me morderé el pico de la lengua, de modo que me duela y me acuerde de mi culpa para no volver a ella. Te has de morder tantas veces que has de quedar sin lengua, y así quedarás imposibilitado de murmurar”, escribió el literato.

El papa Francisco ha dicho: “No sabéis el mal que hace a la Iglesia, a las parroquias, a las comunidades la murmuración: hace daño, la murmuración hiere. Pero un cristiano… antes de murmurar debe morderse la lengua. ¿Sí o no? ¡Debe morderse la lengua! Eso le hará bien porque la lengua se hincha y así no puede hablar y no puede murmurar”.

Finalmente, ambos coinciden en que –como lo dice Cervantes- “la humildad es la base y fundamento de todas las virtudes, y sin ella no hay ninguna que lo sea… es madre de la modestia y hermana de la templanza.”

Artículo originalmente publicado por SIAME

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