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Las «monjas» de la marihuana necesitan abandonar sus tácticas

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Las falsas «Sisters of the Valley» y su actitud condescendiente hacia las hermanas religiosas que imitan

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¿Alguna vez has oído hablar de unas “monjas” estadounidenses que han estado cultivando marihuana y vendiendo productos relacionados por internet?

Es una historia que ha circulado muchas veces, demasiadas, porque combina dos temas que a los periodistas les encanta cubrir: monjas y (añadir elemento sensacionalista).

Pero lo que resulta ofensivo de esta historia en particular es que estas mujeres que se llaman a sí mismas “hermana” Darcy, “hermana” Rose y “hermana” Kate no son monjas ni hermanas religiosas; únicamente se visten como si lo fueran y por esa razón llaman la atención.

Busca en Google “monjas” y “marihuana” y encontrarás una interminable serie de artículos relacionados.

Algunos de esos artículos tienen la decencia de, por lo menos, poner la palabra “monja” entre comillas, aunque algunos, como este de la CNN, consiguen confundir totalmente a los lectores con entradillas como esta:

“La Iglesia católica enseña a menudo que hay redención en el sufrimiento, pero las espirituales Hermanas del Valle confían en aliviar el sufrimiento a través de una tradición centenaria común en muchos claustros y abadías”.

En un artículo para el Daily Beast, la “hermana” Kate explica que se vistió por primera vez de monja a modo de broma para una protesta. Pero pronto se dio cuenta de que “la gente se acercaba más a menudo y depositaban en ella su confianza, le pedían que rezara por ellos, le decían que les hacía sentir mejor con tan solo ver que ella estaba ahí”.

Después de ver la respuesta positiva de la gente, Kate relata que decidió continuar vistiéndose como una monja.

En realidad, las mujeres religiosas sí obtienen respuestas increíbles de la gente cuando llevamos nuestros hábitos en público; algunas respuestas son negativas y muchas otras positivas.

Pero no es nuestro atuendo lo que evoca estas respuestas, sino quiénes somos y aquello para lo que vivimos.

Nuestra ropa es sólo un símbolo de nuestros votos con Dios. Y son precisamente esos votos los que nos ponen a disposición de la gente, para escuchar sus oraciones y los anhelos profundos y privados de sus almas, es un privilegio que las personas confíen en nosotras.

Entiendo por qué las mujeres de este grupo ven la belleza de nuestra vida. Pero, sinceramente, está mal por su parte que den a las personas la impresión de que son algo que no son y que acepten la atención de la gente, su vulnerabilidad y sus ruegos como si fueran mujeres que han dedicado sus vidas a Dios y a su pueblo.

Kate también revela una actitud condescendiente en relación a las hermanas religiosas. En el artículo antes mencionado describe cuál es su punto de vista sobre las religiosas:

“Si tuviera que criticar algo de la Iglesia, sería la forma en que las monjas, que se dice hacen todo el trabajo duro, son obligadas a ser ‘subordinadas’ al servicio de los sacerdotes. ‘Siempre quise ser monja’, dice. ‘Pero no podía estar en una hermandad que no estuviera empoderada’”.

Vaya. ¿Así que las hermanas religiosas no estamos “empoderadas” porque somos “subordinadas” de los sacerdotes?

¿Por qué algunas feministas no se dan cuenta de lo condescendientes que suenan cuando menosprecian los esfuerzos de las mujeres fuertes y creativas que ya trabajan en la Iglesia, e incluso insisten en que las mujeres católicas necesitan más “derechos”?

El malentendido continúa. En una entrevista en televisión, Kate declara: “Vivimos juntas, trabajamos juntas, somos un poco socialistas; si buscas qué es lo que significa ser una hermana, es justo esto”.

No exactamente.

The Huffington Post repite como si fuera un hecho el evidentemente extraño concepto de vida religiosa de este grupo:

“Antes de decir nada más, la Hermana Kate y la Hermana Darcy son monjas que se ordenaron a sí mismas y crearon su propia orden. Así que, aunque lleven sotanas blancas y digan ser sumamente espirituales, no son católicas ni abstemias ni están subordinadas a ningún sacerdote”.

Hay tanto que está mal expresado ahí que ni siquiera sé por dónde empezar.

Toda esta situación me resulta frustrante pero, mientras rezaba sobre ello, me he dado cuenta de que la fascinación de estas mujeres con la vida religiosa es también prueba del poder del catolicismo.

Aunque estas mujeres han rechazado casi todo lo relacionado con la fe católica, aún se sienten claramente atraídas por un signo en la Iglesia que insiste, por su mera existencia, en que todos estamos destinados a la vida eterna.

Estoy segura de que también tenéis personas en vuestra vida que, como Kate, Rose y Darcy, parecen haber rechazado toda fe pero que aún se aferran a algunos de sus símbolos y señas.

Hay muchísimos católicos apartados que todavía parecen sentir un anhelo por la belleza y el misterio del catolicismo.

Poco antes de convertirse en el papa Benedicto XVI, el cardenal Ratzinger escribió:

La única apología realmente efectiva en favor de la cristiandad se reduce a dos argumentos, a saber, los santos que ha producido la Iglesia y el arte que ha crecido en sus seno”.

Las “monjas” de la marihuana se sienten atraídas por el arte de la vida religiosa, el hermoso y profético signo que suponen las mujeres religiosas en la Iglesia.

Haciéndonos más santos, todos podemos ser parte de la belleza de la Iglesia, la reluciente luz de Cristo para los demás. Todos estamos llamados a ser las mayores obras de arte de Dios, invitando así a otros a volver a la Iglesia a través de la belleza de nuestras almas.

Probablemente este escrito no convencerá a Kate, Rose y Darcy para que dejen de suplantar a unas mujeres a las que no parecen respetar siquiera.

Pero hay muchas personas como ellas en nuestros círculos inmediatos de amigos y familia a los que podemos invitar a regresar a la belleza de nuestra fe.

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