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Una pareja soñaba con un edificio lleno de niños felices, mira lo que logró

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El Hospital de la Misericordia se ha convertido en la cuna de la pediatría en Colombia

“Sueño con ver este edificio lleno de niños felices por haber encontrado una oportunidad”, dice, al conmemorarse los 119 años de la fundación del Hospital de la Misericordia en Colombia, Mauricio Barberi, bisnieto de fundador, al diario El Tiempo .

Este hospital que en la actualidad recibe al 10% de los niños con cáncer en el país es sin duda la cuna de la pediatría en Colombia, que con el pasar de los años ha ido ganando experiencia y ha crecido en pabellones con intención de favorecer siempre a los niños de bajos recursos.

Este proyecto, que surgió en 1897, brotó del amor de una pareja por los niños. Los esposos Barberi Cualla dieron la posibilidad de que los niños sean atendidos hasta las últimas consecuencias y de la mejor manera.

Ese gran sentido humano hizo que muchos niños fueran abandonados en sus puertas, para terminar viviendo en los pasillos y recibiendo el amor del personal médico que no lograba dimensionar el alcance de tal obra.

Un sueño de misericordia

«La risa inocente de un niño es música de bellísimas armonías, es luz, es consuelo, es dicha, le hace olvidar a uno por un momento que existen tantas miserias en el mundo«.

Esta frase la pronunció José Ignacio Barberi cuando empezaba a vislumbrar la concreción de lo que había sido un gran sueño común entre él y su esposa, quien ya había fallecido. Se trataba de la expresión de una única intención: ver a los niños felices.

Fue el 23 de julio de 1897 que Barberi materializó los deseos de María Josefa Cualla haciendo posible la creación del Hospital de la Misericordia.

En el año 1906, el hospital abrió sus puertas con apenas 35 camas y 3 cunas para prestar atención a los niños de escasos recursos que sufrían el drama de la indiferencia por parte de las entidades de salud del país.

En sus inicios, fueron algunas religiosas quienes se encargaron de acompañar a los niños y de la formación de enfermeras.

En 1938, el hospital se extiende por el territorio nacional y abre instalaciones en Barranquilla para atender a recién nacidos y en Sáenz para los niños con tuberculosis.

Al morir Barberi en 1940, asume la dirección su hijo Rafael Barberi Cualla, quien extiende el acceso a diversos servicios como el de laboratorio clínico, radiología, terapia, odontología, banco de sangre, trabajo social, quirófano y ortopedia.

En 1962, después de la muerte de este último asume la dirección su hijo, Rafael Barberi Zamorano, quien continuó la obra de sus antecesores diversificando el apoyo académico y estudiantil.

En la actualidad, el director es el doctor Mauricio Barberi, quien tras la muerte de su padre, en 1991, asume el liderazgo administrativo con el reto de transformar la institución para seguir atendiendo a tantos niños que no tienen los recursos para acceder a una buena y comprometida atención médica.

El Hospital de la Misericordia ha crecido mucho a lo largo de todos estos años y ofrece distintos servicios, que muy probablemente el fundador no contempló.

Sin embargo, los desafíos administrativos y la vanguardia no han opacado el propósito de sus fundadores: proteger la salud de la población infantil procedente de las clases económicas más deprimidas.

Una misericordia nutrida del amor a los niños

Muchas páginas doradas e históricas han sido escritas desde el corazón de sus directores en la Institución.

Barberi, su fundador, supo impregnar su sueño en el corazón del Hospital de la Misericordia que con el pasar de los años ha velado en todo momento por atender a los niños pobres.

Si bien es cierto que dentro de las políticas del hospital está atender a todas las personas que acudan, hay una preferencia por aquellas de escasos recursos económicos. Y así lo decidió hace 119 años su fundador cuando dijo que se debía dar énfasis a la población menor de 15 años.

Este primer hospital pediátrico del país es especializado en la atención de enfermedades relacionadas con cáncer infantil en todo nivel.

La responsabilidad social de esta fundación privada se inspira en el amor a los niños y a sus familias, prestando servicios integrales de salud pediátrica, con talento humano competente y tecnología adecuada.

Lo más humano en toda persona es el amor y en la Fundación HOMI – Hospital de la Misericordia se ha comprendido que todos los avances y necesidades se han de hacer sin olvidar lo más importante: el trato humano hacia los colaboradores y hacia los pequeños usuarios, quienes son su razón de ser.

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