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Enseñar el islam en la escuela, ¿una solución contra el radicalismo?

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La iniciativa surge de los propios musulmanes para que sus hijos no sean educados en la violencia como algo compatible con el islam

Como órgano de máxima representación de los musulmanes en España, la Comisión Islámica ha presentado oficialmente el currículo de la asignatura de religión musulmana ante los medios. De la lectura atenta de sus contenidos, puede concluirse que nace como respuesta a varias necesidades urgentes.

La primera, que las voces de aquellos musulmanes que viven en España rechacen expresamente educar a sus hijos en la aceptación de la violencia como un comportamiento legítimo y compatible con el Islam. En este sentido, más que “normalizar la vida de los musulmanes” en España -según expresaba su máximo representante Riay Tatary- se trataba de que los responsables de dirigir la comunidad musulmana en España hicieran un ejercicio explícito de crítica y desvinculación de movimientos radicales.

La segunda, que las futuras generaciones desechen una línea de pensamiento que les inocula la idea de que su religión poco o nada tiene que ver con la democracia que les acoge.

Junto a la financiación, la enseñanza ha sido siempre un asunto de especial sensibilidad entre la confesión musulmana y las autoridades públicas. De un lado, por el rechazo que provoca entre sectores laicistas cualquier tipo de enseñanza religiosa en las escuelas públicas. De otro, porque los contenidos de la ERI (Enseñanza Religiosa Islámica) no debían de ser un medio para difundir mensajes equívocos sobre el extremismo.

Según el currículo publicado en el BOE, los 12 libros dirigidos a alumnos ESO y Bachillerato, supondrán, según el presidente de la CIE Riay Tatary, un apoyo fundamental para prevenir la radicalización de los jóvenes musulmanes. Junto a la condena del terrorismo, la educación cívica y constitucional, igualdad de oportunidades, la no discriminación e igualdad de género, a los alumnos de ESO se les enseñará la resolución pacífica de los conflictos y el respeto de los derechos humanos. Cuestiones fundamentales para la convivencia en una sociedad democrática, pero que aún son discutidas y rechazadas por sectores del mundo islámico.

Para los no musulmanes que se acerquen a esta asignatura, el currículo desea ofrecer un conocimiento adecuado del Islam, que evite errores y prejuicios comúnmente extendidos.

En Bachillerato, los contenidos se orientan a profundizar en el conocimiento de la Historia del Islam y el diálogo interreligioso con cristianos y judíos. Sobre el primer punto, resulta muy importante subrayar que unos de los objetivos transversales de la asignatura es fomentar entre los alumnos actitudes reformistas, críticas, reflexivas y por tanto contrarias a cualquier fundamentalismo anacrónico e inmovilista.

Además de esto, resulta muy interesante y novedoso que se aborden las aportaciones del diálogo interreligioso como instrumento de convivencia y entendimiento. Además de sus “tipos, características, métodos y estrategias”, una de las aptitudes que deberán adquirir los alumnos será “describir algunos Papados del siglo XX y analizar y valorar los pontificados del Papa Benedicto XVI y Francisco para el diálogo religioso”.

Por tanto, no estamos hablando de un proyecto de poco calado. Al contrario. Como subrayaba Tatary ante los medios, el principal objetivo es que los jóvenes “sean capaces de criticar, revisar e incluso mantener una actitud reformista ante distintas problemáticas” sin que el Islam les suponga un obstáculo, sino un incentivo para ser mejores personas y ciudadanos.

 

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