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Un pequeño paso para romper el círculo vicioso de la pobreza en México

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Acuerdan propietarios de explotaciones agrícolas y gobierno de Chihuahua no contratar menores de edad para trabajar en los campos: deben ir a la escuela

Mucho se habla en México –y con razón— de la migración de mexicanos –niños y adultos—hacia Estados Unidos; o del tránsito migratorio hacia el mismo destino (“La Tierra de la Gran Promesa”, parafraseando el nombre de una película de Andrzej Wajda) de cerca de 400,000 centroamericanos –niños y adultos– que exponen su vida cada año tratando de cruzar la frontera, hacia el norte.

Pero poco, muy poco se habla de la migración interna, tanto la forzada (miles de pequeñas comunidades, sobre todo en estados del norte) son hoy pueblos fantasma por el acoso del narcotráfico y del crimen organizado, como de la migración laboral –niños y adultos– sobre todo del sur hacia el norte de México, por condiciones de pobreza y de pobreza extrema.

La “oferta” incluye a los niños

Las regiones agrícolas de estados como Chihuahua, Sonora y Baja California oertan trabajo temporal que es aprovechado por las familias de escasos recursos del sur y del sureste de México para encontrar trabajo, aún sea en la temporada de cosecha o recolección de cultivos. Jornadas agotadoras, paga muy restringida, ausencia de seguridad social, pero trabajo, al fin y al cabo. Dentro de esta oferta, están los niños.

Por lo pronto, y antes esta realidad, en el Estado norteño de Chihuahua ningún agricultor podrá contratar niños como trabajadores agrícolas, como sucede en otros estados del país. Según informes del gobierno de la entidad, cada año llegan a Chihuahua jornaleros agrícolas de Oaxaca, Chiapas y Veracruz, muchos de ellos son familias completas con hijos pequeños que también trabajan en el campo. Tan solo el año pasado llegaron a Chihuahua al menos 25,000 mil jornaleros, muchos de ellos acompañados de sus niños.

Un importante acuerdo firmado entre el Estado y 250 propietarios de ranchos agrícolas prohibirá –a partir de ahora– el trabajo de niños en los campos de cultivos. “Primero, que no haya niños contratados ni menores de edad bajo ninguna condición laboral, segundo que haya condiciones de higiene, salud y de alimentación para todos los jornaleros agrícolas”, dijo José Luis García, Secretario de Desarrollo Social del Estado de Chihuahua.

*La escuela es su lugar*

Este acuerdo señala que los hijos de trabajadores agrícolas que llegan a Chihuahua, deben estar en la escuela y no en los campos agrícolas. Además serán atendidos en los centros para niños migrantes, donde recibirán alimentación, cuidado e incluso estudios.

“Se está trabajando para erradicar el trabajo infantil, el programa ofrece la educación para los niños, aparte se les está poniendo una guardería a los papás para que no se los lleven al campo y que no haya pretexto de que tienen que cuidar a sus hermanos más chiquitos”, dijo Luz Carolina Díaz, directora de Centro de Atención Integral para Niños y Niñas Migrantes.

En estos centros de atención a niños y niñas migrantes en Chihuahua, los hijos de jornaleros agrícolas, estudian desde preescolar, primaria y la secundaria.

“La SEP (Secretaría de Educación Pública) nos permitió que los niños tuvieran sus calificaciones en el centro nacional de control escolar para niños migrantes, lo que les permite continuar su ciclo escolar, así que no perdieron el año”, concluyó García.

Estos programas buscan alejar a los niños de los campos agrícolas y respetar sus derechos a una vida digna y con educación sin ser explotados. Representa, en gran medida, una respuesta a la lucha de los jornaleros temporales –migrantes internos—para que sus niños puedan acceder a niveles de vida dignos pasando el tiempo. Y romper el círculo vicioso de la pobreza que en México –una de las 15 economías más grandes del planeta—alcanza a 48 por ciento de la población.

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