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¿Hemos experimentado un milagro de la Divina Misericordia?

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Un inexplicable fenómeno revelado en una fotografías tomadas en la peregrinación de nuestra parroquia

Para el Domingo Divino de la Misericordia, nuestra parroquia organizó una peregrinación a pie por toda la ciudad hasta nuestra Puerta Santa local de aquel jubileo de 2016.

Esa tarde, cuando empezaron a llegar los coches, se presentó hermosa, despejada y soleada. Vinieron cerca de 500 personas, en Greenville, Carolina del Sur, en pleno centro del llamado “cinturón bíblico” estadounidense, de un cristianismo más arraigado.

Después de la peregrinación, nos reunimos en oración para luego dirigirnos a la iglesia, donde entonamos el rosario de la Divina Misericordia y escuchamos un inspirador discurso sobre santa Faustina y la Divina Misericordia.

Fue una tarde magnífica de hermandad, oración y testimonio público de nuestra fe católica.

Esa misma tarde, una pareja de parroquianos hizo circular las fotos que había hecho durante el evento. Sólo entonces nos percatamos de algo insólito.

En una serie de fotos realizadas en el exterior de la Puerta Santa, hay un haz de luz que brilla directamente sobre el corazón de Jesús.

Luego, el lunes por la mañana, llegó otra foto con un potente haz de luz salido de un cielo completamente azul sobre la imagen de la Divina Misericordia, mientras era llevada en procesión.

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La gente hervía de entusiasmo. El cielo de aquella tarde era brillante y azul. No había ninguna nube que posibilitara que se escaparan rayos de luz de ese tipo al atravesarla.

En las fotografías parecía que el haz de luz cayera directo del paraíso sobre los mismos rayos que emanan del corazón de Jesús.

¿Eran esas fotografías un signo del cielo? ¿Acaso nos sonrió Dios ese día de peregrinación de misericordia y nos bendijo con esos haces de luz? ¿Fueron esas fotografías la prueba de un milagro?

Tal vez. O tal vez no.

Hay una práctica muy sabia en relación a experiencias paranormales y supuestos milagros. Cuando nos encontramos frente a una experiencia religiosa extraordinaria, primero hemos de buscar la explicación natural. De hecho, hemos de buscar con ahínco esa explicación natural.

No obstante, mientras buscamos esa explicación natural, no tenemos que descartar la posibilidad de un suceso sobrenatural.

Es aquí donde la doctrina católica (en este caso y en general) tiene tanto de sentido común como de sentido poco común.

Me refiero a que una persona totalmente científica y pragmática descartaría desde el primer momento los milagros.

El filósofo escocés del siglo XVIII David Hume, por ejemplo, decía que los milagros no podían suceder porque los milagros eran imposibles.

Los católicos no se atreven a ser tan dogmáticos. Creemos que pueden suceder cosas raras.

La realidad no está tan atada a las leyes inamovibles de la física, sino que es más bien elástica. Hay cierta flexibilidad y cierta imprevisibilidad en el orden creado.

La naturaleza no es un sistema cerrado, porque hay seres y, en especial, un gran Ser, fuera del sistema natural, más grande que el sistema natural en sí, porque Él lo creó en primer lugar.

Por tanto, los católicos buscan la explicación natural para los posibles milagros, pero también dejan abierta la posibilidad del acto de Dios.

Entonces, lo que experimentamos el Domingo Divino de Misericordia, ¿fue un milagro?

En mis consultas a personas que saben más que yo sobre física y fotografía, me han asegurado que estos fenómenos de haces de luz que aparecen en las fotos son bastante comunes.

Se llama “destello de lente” y ocurre cuando la lente de la cámara está manchada o dañada y la luz (sobre todo en un día radiante) es refractada por la lente y distorsionada, creando así los rayos de luz que vimos en las fotografías.

Sin embargo, tan pronto un fotógrafo me informó sobre todo lo relativo a los destellos de lente, otro fotógrafo me escribía en un correo electrónico que el tipo de haces en las fotografías no podía haber sido causa de un destello de lente, debido al ángulo de los haces y porque sus bordes eran muy marcados.

Como es habitual con los supuestos milagros, cuanto más investiga uno, más extraños se vuelven. Cuando parece que una explicación natural encaja, luego llega alguien y la desacredita.

La mejor respuesta es que no hubo sólo un milagro ese día de peregrinación de Divina Misericordia, sino varios milagros.

Cuando empecé a recabar las historias de nuestros hermanos y hermanas, me hablaron sobre lo bendecidos que se sintieron ese día, sobre cómo Dios les había hablado sobre qué necesitaban para enderezar sus vidas, sobre cómo sus vidas habían llegado a un punto de inflexión y cómo, tras nuestra peregrinación de misericordia, se sentían más llenos de alegría y esperanza.

Los milagros nos recuerdan que Dios aún no ha terminado con nosotros ni con nuestro mundo. Se involucra muy íntimamente en nuestras vidas, día tras día, a cada momento.

El más poderoso haz de luz del cielo es aquel que abre nuestros corazones y mentes ante las maravillas de la obra de Dios, y esos rayos de misericordia que vimos en las fotografías fueron una representación memorable de esta gran verdad.

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