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Ese momento incómodo cuando otras religiones se encuentran con Cristo

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La verdad es que muchos católicos tampoco tienen prisa en lanzarse a los brazos de Jesús

Mi hija recibió una clase de comparación entre las diferentes religiones y luego me escribió un e-mail diciendo “Papá, me voy a hacer unitaria”.

Estaba de broma. Además, conozco al teólogo que le da clases y sé que le enseñará la riqueza única de la fe católica.

Pero la respuesta de mi hija fue bastante común. De hecho, desde que hemos empezado a centrarnos en lo que tienen de bueno otras religiones en lugar de lo que tienen de malo, la gente ha empezado a cambiar la opinión de “Hay otras religiones que también dicen cosas ciertas” a “Todas las religiones son igualmente verdaderas”.

Así que le respondí de la siguiente forma (también hablé con su profesor para completar algunos detalles):

Cuando mueras, te reunirás con Jesús. Quizás su apariencia sea la de un “Cordero que fue sacrificado”. O tal vez tenga ese otro aspecto que se da de Él en el Apocalipsis; su representación en la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, en Washington, le hace bastante justicia.

En cualquier caso, no va a ser agradable para mucha gente, pero espero y rezo porque ese no sea nuestro caso.

Sabemos que Jesús resucitó de entre los muertos. Sabemos que fue, una de tres, o el Señor verdadero o un lunático o un mentiroso; nos quedamos con la versión del Señor. Así no estaremos tan sorprendidos de conocerle cuando muramos.

Pero podemos imaginar que habrá mucha gente que sí se sorprenda cuando muera: cristianos ortodoxos, protestantes, judíos, no cristianos, ateos.

¿Cómo será la experiencia para ellos? El pasado Viernes Santo, en la misa de Veneración de la Cruz, rezamos por las intercesiones en su bien, en el de todos, desde los más fieles hasta los menos.

Rezamos por todos los cristianos: su bautismo en Jesucristo les preparará bien para ese momento, pero rezamos porque el rechazo de Pedro o de los sacramentos no sean obstáculos infranqueables.

Rezamos por los judíos: en el momento de la muerte el pueblo elegido se reunirá finalmente con su Mesías y verá en ese cordero la forma final de la Pascua que tan a menudo han celebrado. Rezamos porque no se opongan demasiado al hecho de que los gentiles también son bienvenidos junto a ellos.

Es posible que te encuentres al lado de un buen musulmán en ese momento. Habrá aprendido algunas verdades sobre Dios que le ayudarán: Dios es uno y quiere que nos entreguemos a Él. Aunque puede que sus prejuicios le impidan abrazar a Jesús.

San Juan Pablo II recordaba a un musulmán que le acompañó en una catedral y que le dijo: “Pero nada puede compararse con nuestro magnífico monoteísmo musulmán”.

Puede que el musulmán a tu lado se apene al reflexionar ante la realidad de la Trinidad. Le costará asumir que Dios le llama para que se rinda, no ante el Invisible e Incognoscible, sino ante un siervo; porque esa es la forma que tomó Jesús al hacerse hombre.

Es posible que también estés al lado de una buena budista. Puede que vea en la vida de beatitud de Jesús, de “bienaventurados sean los mansos”, el equilibrio por el que ha estado trabajando toda su vida. Es posible que admire su negación del “mundo, la carne y el diablo”.

Pero es igualmente posible que esta mujer budista sienta rechazo por el abrazo de Jesús al sufrimiento. Y es posible que no pueda recuperarse del mero hecho del encuentro con Él. Ella esperaba el no-ser, no un intenso encuentro con la Fuente del Ser. Dedicó toda su vida a prepararse para el final de la personeidad. ¿Será capaz de abrazar a una Persona Divina?

Un anciano sacerdote hindú podría morir contigo y tener el mismo problema. La mayoría de los hindúes confían en que este momento reafirmará su creencia en que el mundo material es una ilusión. En vez de eso, encontrarán el Verbo hecho Carne. La Encarnación es la antítesis de la religión oriental. ¿Cómo reaccionará el hindú?

El argumento central del libro de Stephen Prothero God Is Not One [Dios no es uno], sugiere que la muerte y el encuentro con Jesús será un momento incómodo para casi todos los que te rodean: todos se habrán acostumbrado a pensar en Dios de formas muy diferentes.

¿Todos excepto los católicos? Bueno, esperemos que así sea. Aquí es donde entra en juego el verdadero valor de tu clase de “religiones comparadas”.

El Islam conoce a Dios de manera incompleta, pero a menudo nos superan, para sonrojo nuestro, en lo referente a la sumisión a su voluntad.

Puede que las devociones hindúes nos parezcan un poco salvajes o extravagantes, pero podemos aprender de su sinceridad e intensidad.

La espiritualidad budista es la negación. No es suficiente, pero es un primer paso importante que los cristianos frecuentemente pasan por alto.

La verdad sea dicha, muchos católicos tampoco se apresurarán hacia los brazos de Jesús. El camino es estrecho y la puerta angosta, pocos son los que la encuentran.

La razón es que nuestra fe católica nos ha revelado excepcionalmente el terrible secreto de nuestra salvación, la verdadera razón por la que Cristo aparece como un cordero inmolado y un juez que separa las ovejas de las cabras.

¿Cuál es el secreto? Que Dios es amor. Y al final sólo podremos permanecer en su presencia si hemos vivido en su amor. Cuando me preocupo sobre la llegada de ese día, me preocupa no haber hecho lo suficiente con ese amor.

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