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Un documental sobre James Foley, estadounidense decapitado por el ISIS

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El fotoperiodista era un devoto católico que quería llamar la atención sobre los que sufren

Los nombres pueden ser algo efímero y, por lo tanto, se podría perdonar fácilmente el hecho de no reconocer el de James Foley. Si se dice, en cambio, que Foley era un fotoperiodista estadounidense cuya horripilante decapitación fue mostrada a todo el mundo por el ISIS, entonces la mayor parte de las personas lo recuerda inmediatamente.

Es triste decir que todos saben cómo murió James Foley a causa de aquel espantoso acto. El nuevo documental de la HBO Jim: The James Foley Story en cambio se centra en la manera en que ha vivido.

El filme se abre con un video de Foley que pronuncia un discurso en la Marquette Univesity, gestionada por jesuitas en la que obtuvo su primera licenciatura. Fue invitado a hablar tras haber escrito una carta a la universidad expresando su gratitud por el apoyo que había ofrecido durante su encarcelamiento en Libia en 2011.

En la carta, Foley explicaba cómo él y otro prisionero rezaban el rosario para mantener viva la esperanza y mantener la salud mental. “Se necesitó mucho, casi una hora, para contar 100 aves maría en los nudillos”, afirmaba Foley, “y me ayudó a tener la mente concentrada”.

Al final, esta actividad llevó a Foley a rezar junto a sus compañeros de prisión musulmanes. Este hecho creó algo de confusión cuando, habiéndose lavado por petición de ellos, fue declarado un convertido al Islam. Foley intentó explicar que estaba rezándole a Jesús, pero a los musulmanes no les parecía importante, por lo que lo dejó pasar para mantener la paz dentro de la celda.


 

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“Desde ese momento, rezaba con ellos cinco veces al día”, dijo a la Marquette University. “Pero era difícil. Pensaba: ‘¿Jesús, le estoy rezando a Alá? ¿Estoy violando el hecho de creer en ti?’ No tengo una respuesta, sé sólo que estaba auténticamente con ellos y que le estaba rezando auténticamente a Jesús. No se cómo definirlo a nivel teológico. Pero sentía que era auténtico”.

Si hay algo que queda claro en el curso del documental, es que James Foley tenía dos preocupaciones fundamentales en la vida: su fe y la llamada a ayudar a los demás. Ambas cosas echaron raíces en la pequeña ciudad del New Hamphire en que creció. Fue el primero de cinco hijos de una familia profundamente católica.

Tras graduarse por primera vez, Foley se ofreció voluntario para Teach for America, un programa que recluta licenciados y profesionales para que funjan de tutores en los barrios degradados y en las comunidades rurales. Insatisfecho por su trabajo como profesor, Foley acogió una nueva llamada: volverse fotoperiodista.

El documental presenta al espectador una serie de fotógrafos que trabajaron con Foley en varias zonas de guerra. Aunque es un trabajo que atrae a quien busca emociones fuertes, sus colegas muestran cómo James estaba más motivado por el deseo de llamar la atención sobre las personas golpeadas por las hostilidades y la ayuda que necesitaban desesperadamente.

Informan con gran emoción y un poco de diversión sobre la campaña decidida a obtener una ambulancia para una pequeña estructura médica en la que se había comprometido en uno de sus trabajos. Era este, obviamente, el tipo de noticia que atraía a los terroristas que buscaban rehenes.

En noviembre de 2012 Foley fue secuestrado por el ISIS junto al periodista John Cantlie. Como sucedió en su primer secuestro, James se acogió a su fe católica para encontrar apoyo para él y sus compañeros de prisión durante los largos meses en que permaneció a manos de los terroristas.

Sus compañeros de celda subrayaron cómo estaba siempre listo a poner fin a las discusiones, a inventar pequeños entretenimientos y a ofrecer cualquier asistencia que fuera capaz de ofrecer tras las sesiones de tortura.

Uno de los rehenes observa con asombro cómo Foley fue la única persona de 19 hombres en la celda que no escondió ni siquiera una vez la comida para los demás. Como explica uno de sus compañeros de prisión, “durante el secuestro hemos perdido toda esperanza, pero James no. Veía la luz en lugar de la oscuridad”.

En 2014 todos los demás hombres fueron liberados, mientras James Foley fue escogido para ser justiciado. Esta decisión se debió en parte al rechazo de los Estados Unidos de pagar un rescate, pero personalmente no logro dejar de preguntarme si no fue también un intento de extinguir esa esperanza y esa luz que Foley llevaba siempre consigo.

Este documental quiere asegurarse que eso no suceda. Espero que lo logre.

En un mundo que no ha creado, en una época que no ha escogido, un hombre busca los signos de Dios en el mundo… mirando películas. Cuando no hace críticas para Aleteia, David Ives pasa el tiempo explorando la intersección entre el cine de bajo y alto presupuesto y el catolicismo en The B-Movie Catechism.

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