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¿Cómo prevenir el burn-out maternal?

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Maman Vogue - publicado el 17/03/16

"Estoy a tope, no puedo más, voy a estallar"... ¿qué madre no ha pensado esto alguna vez?

Aliénor de Boccard es psicóloga y madre de la pequeña Camilla, de 16 meses. La revista francesa Maman Vogue se ha reunido con ella para intentar comprender la realidad que viven algunas mujeres: la realidad de lo que hoy se conoce como burn-out maternal, es decir, la sensación de “estar quemadas”, el agotamiento o la fatiga productos de la maternidad.

Maman Vogue: Buenos días, Aliénor. No es un tema fácil el que tenemos entre manos. ¿Podría describirnos a qué se refiere el término de burn-out de las madres?

Aliénor de Boccard: Efectivamente, se trata de una dura realidad con la que me encuentro regularmente con mis pacientes. Es difícil resumirla, puesto que la problemática es larga y particular de cada caso. A menudo, la mujer en cuestión deja de reconocerse a sí misma. Trabaja y actúa por deber, pero todo en su vida le parece cada vez más y más pesado. Este profundo cansancio se instala dentro de ella y termina por consumirla poco a poco. A veces se manifiesta, por desgracia, en forma de un gesto violento contra un hijo, una conducta autodestructiva o, simplemente, una hipersensibilidad que cuestiona a sus más allegados.

¿Quién de nosotras no ha soñado nunca con unas vacaciones? Una mujer en situación de agotamiento o de burn-out maternal no sueña con dos semanas en familia al lado del mar ni con un fin de semana en pareja, sino más bien con seis meses sola, en el fin del mundo y en un entorno donde nada ni nadie puedan venir a perturbar su descanso.

Tenemos que estar atentos, de verdad, porque salir de una situación de fatiga maternal no es una tarea fácil; es una labor de reconstrucción larga y a veces dolorosa. Hay que intentar comprender de verdad el origen de todo para poder protegerse adecuadamente.

¿Existe un perfil favorable al burn-out?

¿Si existen tipos de personalidad más sensibles a este agotamiento? Todos nosotros atravesamos momentos de cansancio, de irritación, de inquietud… ¡es parte del trabajo! Pero ¿qué es lo que pasa por la cabeza de una madre para que llegue a este punto de no retorno sin haber reaccionado a tiempo?

Antes que nada, hay que saber que el agotamiento en general afecta a todo tipo de personalidades. No, no afecta únicamente a los que son “poquita cosa” o los “perezosos”, como a veces tenemos la desgracia de escuchar. Más bien al contrario, se ha descubierto que la mayoría de las personas afectadas son personas muy implicadas en lo que hacen, cuya actividad les afecta personalmente, les “toca” el corazón (e incluso al cuerpo, diría yo). Así que ya puede hacerse una idea de qué forma nos afecta la maternidad a nosotras, ¡a las madres! De hecho, ¿hay alguien que se implique más en su labor que una mujer en su papel de madre?

Esto no tiene nada que ver con la carga de trabajo efectiva (lo que una tiene que hacer durante la semana) o el número de hijos y, por lo tanto, es un mal que puede suceder a cualquier madre y en cualquier momento de su vida.

Un burn-out maternal es en primer lugar un agotamiento físico. Es, por encima de cualquier cosa, una fatiga profunda que está directamente ligada a un estrés crónico. El estrés no es otra cosa que un cóctel químico que moviliza a nuestro cuerpo por completo y lo pone en estado de alerta.

En la casa de una madre, el estrés puede tomar varias formas: frustración por intentar calmar a su bebé, incapacidad de sacar adelante las exigencias simultáneas de todos los niños, soledad, culpabilidad, sobrecarga de la vida profesional y la familiar, continuidad de las labores domésticas y maternales (¡hablamos de un auténtico trabajo de 24 horas al día!).

Cada una se identificará con una parte de esta realidad. Y mientras dura el estrés, a medida que la fatiga se va acumulando, se va convirtiendo en crónico. Esto quiere decir que el cuerpo ya se ha acostumbrado a este estado e incluso deja de mostrar los síntomas. Llega un momento, que depende mucho de cada persona, en el que el cuerpo dice BASTA y los síntomas retoman todo el control.

El mundo en que vivimos y el lugar que hoy ocupa la mujer en la sociedad, ¿son factores societarios que contribuyen a este agotamiento?

Sí, por supuesto, la “súper exigencia” de su disponibilidad, real o supuesta, es un factor de desgaste y de estrés muy poderoso en nuestro mundo. A esto se suma la gran culpabilidad que sienten las madres que se quedan en el hogar, que poco se benefician del reconocimiento social (o sufren incluso el desprecio de algunos) y que se supone que tienen que encontrar en sus tareas, a falta de ganar dinero, la felicidad y la plena realización…

Por no hablar de la culpabilidad de las madres trabajadoras, divididas entre las grandes exigencias profesionales, su necesidad visceral de ejercer de madre y las expectativas, legítimas o no, de sus pequeños y de su marido.

Todo ello conduce a un gran desgaste físico y emocional, puesto que la mujer de hoy en día debe hacer constantes malabares entre distintas identidades y además vérselas con unas circunstancias de su mundo que, todo sea dicho, no se lo ponen nada fácil.

¿Cuáles son los síntomas del agotamiento maternal? ¿Este conflicto del que habla es un signo precursor?

Me gusta utilizar dos imágenes cuando hablo de burn-out: la primera es la de una vela que se consume lentamente y cuya llama ha terminado por extinguirse; la otra imagen es la de una toma de corriente que se desenchufa de un tirón. Si bien los síntomas de agotamiento son en general los mismos, se expresan de maneras muy diferentes en cada persona.

“Es la historia de Marie que, un día, agotada por su cotidianeidad, se sorprendió a sí misma gritando a su pequeño Louis, de 3 años, porque había dejado caer el tenedor en el suelo…”

El primer elemento perceptible es que, en general, a nivel emocional tomo toma proporciones inverosímiles. Crisis de lágrimas por cualquier nimiedad e insensibilidad ante cosas más graves. Algunas expresarán unos arrebatos de cólera violentos e injustificados contra sus hijos, otras se volverán apáticas y no manifestarán la más mínima emoción. Hay otras que dejan de estar disponibles para nada ni nadie y se aíslan, a veces incluso de su pareja. Este enorme sufrimiento emocional puede engendrar comportamientos autodestructivos, como el abuso del alcohol, de somníferos u otros.

“Es la historia de Jeanne, que, después de meses olvidando dónde había puesto las llaves, se fue del supermercado con el maletero lleno y dos de sus hijos, olvidando al tercero en el aparcamiento…”

El segundo síntoma que surge durante el agotamiento maternal afecta a las capacidades intelectuales. Una mujer próxima al burn-out carece de visión de conjunto. Este estrés crónico ataca al cerebro y puede causar importantes pérdidas de memoria. Una de mis pacientes me dijo: “Es como si mi disco duro estuviera lleno, ya no podía registrar nada más”. El disco duro está lleno, y por lo general el corazón está sobrecargado.

“Es la historia de Delphine, que ve cómo su sueño de ser súper-mamá se desmorona, literalmente, ante sus ojos. Nada funciona como estaba previsto, nunca para, ya no se reconoce a sí misma, se siente menos que un cero a la izquierda, ya no sabe qué hacer, ya ni siquiera sabe si ama a sus hijos…”

Pero cuidado, la fatiga maternal no es “una fase”, es una condición que puede desembocar en comportamientos muy graves. La angustia de una mujer agotada no es algo que deba tomarse a la ligera. El tercer y más terrible síntoma es la pérdida de confianza en sí misma y la sensación de total impotencia: la vida es una lucha, pero la mujer no puede controlar nada por mucho que lo intente, no tiene elección y decide rendirse ante todo.

¿Cómo ayudar a una madre agotada? ¿Cómo podemos ayudar, de forma concreta, a una amiga, una hermana, que se encuentre en esta problemática situación?

Todas nosotras, amigas, vecinas, compañeras del colegio, suegras, cuñadas, y sobre todo el marido, ninguno debe ignorar este sufrimiento, no debemos caer en la fácil presunción de que “está exagerando”, “sólo hace falta que duerma un poco”, y así redimirnos tan rápidamente.

Debemos actuar, aligerar su carga o proporcionar (¡o incluso imponer!) ayuda con las tareas del hogar, para llevar a los niños a un sitio o a otro, para permitirle que recargue las baterías.

La ayuda material es indispensable para aliviar la fatiga física, pero la persona también necesita de un oído bondadoso, de momentos de conversación donde no se la juzgue (evitar observaciones del tipo «bueno, ¿no eras tú la que quería tres hijos? ¿Y encima me aseguras que los sigues queriendo?”, o la muy frecuente e igual de ofensiva, “¡Te aseguro que en mi época no había tantos problemas!”). En resumen, la mujer “quemada” necesita personas disponibles. Más que nunca, necesita saber que cuenta con apoyos de confianza que estarán ahí para ayudarla a reconstruirse.

Una ayuda externa también puede resultar indispensable. Un médico de cabecera será capaz de poner palabras a su sufrimiento y diagnosticar el agotamiento, y así la acompañará durante la recuperación de su forma física y su energía perdida.

El psicólogo o el psiquiatra también podrán acompañarla, semana tras semana, para que reorganice su vida y que vuelva a encontrar un equilibrio mental y emocional, una proporción justa entre las presiones y los recursos de su vida, para que por fin se vuelva a encontrar a sí misma.

¿Cómo protegerse y anticiparse a un potencial burn-out?

Aquí hay algunos principios de prevención simples:

  1. Haz una lista de tus prioridades, no según lo que la sociedad te dicte, sino según aquello que sientas en lo más profundo de tu ser. El corazón no miente.
  2. Elabora unas normas vitales básicas (no un horario de tus actividades) que se correspondan con tus prioridades en la vida. Parte de tus necesidades personales, de forma que te cuides a ti misma (eres un pilar de la familia; si tú te derrumbas, los demás también).
  3. No te olvides de tus necesidades, de las físicas, las intelectuales, las espirituales y, por supuesto, también tus necesidades afectivas.
  4. Cada tres meses, revisa tus prioridades y reajusta tus normas vitales en consecuencia.
  5. Si notas que el estrés se te está acumulando, asegúrate de encontrar una forma de desahogarte. Principio básico: el estrés prepara el cuerpo para una acción física, necesita “salir” para que no sea nocivo.
  6. Aprende a celebrar tus victorias, grandes o pequeñas, en pareja o con los amigos. La primera noche que el bebé duerme del tirón, el final de tu última presentación en la oficina o la culminación de una semana de mucho trabajo… un poco de tiempo de “fiesta” aporta ese reconocimiento que todos necesitamos tanto.
  7. Sé tolerante contigo misma.

Artículo publicado originalmente por Maman Vogue y traducido del francés por Aleteia

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