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Soy mucho más que mis sentimientos

Centro de Estudios Católicos - publicado el 14/03/16

Es importante entender la diferencia que existe entre sensación, sentimiento y emoción

Una distorsión o reducción de nuestro ser e identidad es cuando nos creemos lo que experimentamos sensiblemente: es decir, nuestras sensaciones, emociones y sentimientos.

Cuando esto sucede es porque les damos a nuestras emociones y sentimientos el gobierno de nuestro ser.

Nuestro cuerpo no es malo, ni nuestros pensamientos inútiles, tampoco nuestros sentimientos son negativos. El problema se presenta cuando reducimos a ellos nuestra realidad, nuestra vida.

Hoy en día se le da mucha importancia a la emoción, al sentimiento, a la sensación. Y claro, eso no está mal; el tema es que cada realidad del ser humano esté colocada en su lugar.

Lo que se absolutiza termina desenfocando al ser humano, descentrándolo, y es una manifestación también de la inadecuada decodificación de nuestros dinamismos fundamentales.

Si me dejo llevar por mis emociones y sentimientos antes que por mi pensamiento cometo un error.

Es importante entender la diferencia que existe entre sensación, sentimiento y emoción.

Coloquialmente se utiliza a veces la emoción como sinónimo de sentimiento, pero lo cierto es que en psicología existen varias diferencias. Es decir, no es lo mismo emoción que sentimiento.

La sensación pertenece al campo sensoperceptivo, inicia con un estímulo exterior a través del cual se nos manifiesta el mundo mediante una serie de características: configuración y conciencia de la misma. Dichas sensaciones pueden ser neutras y llegan al ser humano a través de sus sentidos tales como olfato, tacto, oído, etc.

¿Qué es emoción? Es la reacción espontánea y rápida ante un determinado estímulo. Tienen un carácter muchas veces inesperado.

Enrique Rojas dirá que las emociones desde el punto de vista psicofisiológico son “los estados afectivos funcionales producidos por estímulos externos o internos reforzantes”.

Emoción, por ejemplo, es la alegría que siento al encontrarme con un familiar que hace años no veo, o el susto al sentir un temblor.

En ese sentido es importante decir que hay personas más emotivas que otras. No todos reaccionamos igual, no todos tenemos la misma emotividad.

Brevemente ¿Qué es el sentimiento? Son más bien procesos permanentes que se han instalado en nuestra afectividad habitual; nos referimos por ejemplo a la amistad o enemistad, la simpatía o antipatía, y la confianza o desconfianza.

Viendo la importancia de este tema para la realización del ser humano, es clave encontrar el lugar de la afectividad en la vida humana. No podemos prescindir de ella, reprimirla o esconderla, pero tampoco podemos vivir según los vaivenes de nuestras sensaciones, emociones y sentimientos.

Reducir mi valor como persona a lo que me proporciona mi realidad afectiva-emocional me convierte en una persona sumamente inestable y voluble.

Un ejemplo cotidiano de endiosar las emociones o sentimientos es cuando no siento nada en la oración y en consecuencia creo que no es verdad. Cuántas veces hemos oído decir: “Pero cuando oro ¡no siento nada!, así que no creo que Dios esté presente”.

No se puede valorar un encuentro con el Señor según tengas sentimientos o no. Si sientes mucho en tu oración está bien, pero si no sientes no significa que no es verdad.

Así, existen muchas cosas más en la vida de cada uno que son aceptadas o rechazadas según nos guste o no, sin razonarlo: “Sólo lo hago si tengo ganas”, ” No siento nada, entonces no es verdad”.

No es raro que busquemos sentirnos bien a toda costa, y eso es imposible. No siempre nos vamos a sentir bien.

El sentirnos mal, el sufrir, el sentir dolor, no es sí mismo malo, es una realidad de la vida humana. Lo que hay que evitar es dejarnos llevar desesperanzadamente o negativamente por esos sentimientos o estados de ánimo.

Por otro lado es importante mencionar que muchas veces el ser humano se interesa por lo que le produce alguna compensación afectiva o emocional, y si no, no le interesa, y menos aún si existe una cuota de sacrificio, de dolor, sufrimiento, renuncia o lucha personal.

Finalmente, termino por identificar mi estar bien con sentirme bien: estoy bien si me siento bien y estoy mal si me siento mal. Cedo por completo al subjetivismo y al sentimentalismo, en lugar de guiarme por lo objetivo, lo verdadero y por la razón.

Por Humberto Del Castillo Drago

Artículo originalmente publicado por Centro de Estudios Católicos

Tags:
emocionesser humano
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