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Prohibir los narco-corridos, ¿será una solución contra narcotráfico?

Julio Cesar Aguilar / AFP
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Este tipo de música juvenil ensalza a los narcotraficantes y hace apología de la violencia

El “corrido” es una forma musical y literaria mexicana muy similar al romance español, que surgió en el siglo XVIII, se popularizó en el XIX y llegó a la cima de la popularidad durante la Revolución Mexicana (1910-1917), en donde cantaron las hazañas de personajes como Pancho Villa, Emiliano Zapata o Felipe Ángeles.

Con el auge del narcotráfico, a partir de 1980, los corridos comenzaron a realizarse en torno a capos de la droga, cantando sus “hazañas” y haciendo de éstos una suerte de héroes populares que desafiaban la muerte y a las autoridades mexicanas tanto como a las estadunidenses.

Apología de la violencia

Ahora, con la recaptura de Joaquín Guzmán Loera, “el Chapo” Guzmán, el narcotraficante más poderoso –y más escurridizo—de la historia de México, los llamados narco-corridos han vuelto a tomar auge. Anteriormente, habían cantado las “aventuras” de personajes como Rafael Caro Quintero o Amado Carrillo, “El señor de los cielos”, o “la Reina del Sur”.

En apariencia, siguen la forma literaria y popular de los corridos revolucionarios, pero, en el fondo, podrían estar haciendo apología de la violencia y difundiendo un modelo de vida que la juventud empobrecida y sin oportunidades laborales podría tomar como el camino para hacer dinero pronto y ser “reconocido” en su comunidad.

Gobiernos de estados norteños (los corridos son típicos de los estados del norte del país, limítrofes con Estados Unidos) han querido –y a veces logrado—prohibir la difusión de narco-corridos en las emisoras radiofónicas de sus entidades.

Tal es el caso de los gobiernos de Sinaloa (cuna del “Cártel de Sinaloa”, cuyo cabecilla era “el Chapo” Guzmán) o el de Coahuila (donde ciudades como Torreón o Saltillo presentan altos índices de violencia por ser plazas en disputa pos los narcos y de tránsito para el vecino Estados Unidos).

Imitar y matar

En este sentido, el obispo de Torreón, monseñor José Guadalupe Galván, ha apoyado la iniciativa del gobierno del Estado de Coahuila de prohibir la difusión radiofónica de los narco-corridos, argumentando que “ese tipo de música que está ahora en boga, afectará al estado de ánimo de muchos adolescentes”.

Para el prelado coahuilense, si los jóvenes escuchan narco-corridos “tratarán de imitar a esas personas en sus malas acciones ilegales, pero si escuchasen otro tipo de música al final, les podría gustar otra forma de vida.”

Cabe recordar que cuando fue recapturado “el Chapo” Guzmán, jóvenes en Sinaloa salieron a la calle para pedir su liberación: era una suerte de héroe popular, que daba “trabajo” a varios cientos de mexicanos sin ocupación y era “benefactor” de pueblos completos.

Monseñor Galván subrayó, finalmente que “la música puede presentar un mensaje positivo precisamente porque es un lenguaje universal, que en el fondo ayuda a fortalecer el tejido social.”

Dinero, lujo, poder

Los narco-corridos presentan una forma literaria muy pobre, pero la música es pegadiza –música de banda norteña—y la letra ensalza un modelo de vida que para muchos podría ser “la salida”; aunque todos saben que la “salida” es, casi siempre, la muerte violenta.

A continuación y a manera de ejemplo, va un fragmento de un narco-corrido típico, éste llamado “El Centenario” (una moneda de oro acuñada en México como parte de los festejos del centenario de la Independencia de España, en 1910):

Si eres pobre te humilla la gente

si eres rico te tratan muy bien,

un amigo se metió a la mafia

porque pobre ya no quiso ser;

ahora tiene dinero de sobra

por costales le pagan al mes.

Todos le dicen el Centenario

por la joya que brilla en su pecho,

ahora todos lo ven diferente ,

se acabaron todos sus desprecios

nomás porque trae carro del año

ya lo ven con el signo de pesos.

Lo persigue el gobierno gabacho

pero él no deja de trabajar,

a Los Ángeles va cada rato

y regresa con un dineral;

él recibe órdenes desde arriba

y las cumple a como dé lugar…

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