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¿Dónde está escrito que una mujer no pueda predicar en público?

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La respuesta del prior Bianchi en el periódico del Vaticano, L’Osservatore Romano, es tan interesante como la cuestión misma…..

No hay ninguna prohibición evangélica para que las mujeres asuman la función de predicar en público y, por lo tanto, no es imposible confiarles a ellas este papel: es la opinión de Enzo Bianchi, religioso italiano, fraile y fundador de la Comunidad monástica de Bose, publicada en L’Osservatore Romano, el periódico del Vaticano, el 2 de marzo.

En la introducción al especial Mujer, Iglesia y Mundo, Catherine Aubin recuerda las palabras de Bianchi para responder a la cuestión: ¿Por qué las mujeres no pueden predicar delante de todos durante una celebración?

La respuesta es: a todas y todos los que han tenido este encuentro de corazón abierto con Jesús no se les puede impedir decirlo, anunciarlo y proclamarlo, porque es Él, Cristo, quien hace de todos los hombres y todas las mujeres hallados durante el camino testimonios, mensajeros y apóstoles.

En el mes de la celebración de la mujer y de sus derechos en Occidente, se trata, por ende, «de vivir la Iglesia como una comunidad rica y abierta, interesada en escuchar a pesar de la diferencia, y de imaginarla aún más viva y atractiva».

Igualmente, la religiosa Cateherine Aubin, con un doctorado en teología, recuerda que ya las mujeres predican, dirigen retiros y dan conferencias. Es una cuestión «de alegría y de necesidad de comunicar, que – como un río que corre- es algo imposible de detener».

La historia del cristianismo evidencia figuras femeninas “proféticas y carismáticas” que en “siglos oscuros” han aportado mucho para “evangelizar un mundo aún pagano y/o una Iglesia hostil y dividida”.

Así, se cita el ejemplo tangible de mujeres santas como Genoveva, Clotilde, Juana de Arco, Ildegarda de Bingen, Catalina de Siena,...

El punto de vista de una religiosa feminista sueca

Por otro lado, Madeleine Fredell, teóloga, secretaria general de Justicia y Paz de la Iglesia católica en Suecia, también en un artículo en el especial dedicado a la Mujer en la Iglesia en el diario vaticano, admite que es un desafío ser una mujer religiosa católica en un país donde la igualdad de sexos es un valor social. Esto interroga su fe sin disminuirla.

La transformación de la Iglesia por parte del papa Francisco es considerada por Fredell como una “fiesta de cumpleaños”.

“A lo mejor tenemos una visión completamente diferente de la cuestión femenina, pero él está aplicando a la vida eclesial palabras como… misericordia, ternura, confusión, valentía, unidad en la diversidad”, sostuvo.

La religiosa explicó que a pesar de que en la Iglesia católica no se prevé el sacerdocio para las mujeres nunca ha sentido la tentación de alejarse de ella. “Me siento perfectamente integrada en esta comunidad, llamada a ser hospital de campaña”.

Hay una sola cosa que me duele, y es no poder pronunciar la homilía durante la misa. Predicar es mi vocación como dominica, y bien lo puedo hacer casi en todos lados, a veces hasta en la iglesia luterana; estoy convencida de que escuchar la voz de las mujeres en la homilía enriquecería nuestro culto católico”, escribe Fredell.

Asimismo, ella -que se considera una feminista, estudiosa de una teología creativa y viva comprometida en política– confirma que la Iglesia católica ha sido su primer amor, y con la gracia de Dios continuará experimentando ese amor todos los días.

Predicación de las mujeres fuera del púlpito

En fin, el camino de la mujer en la Iglesia está abierto y no se ha dicho la última palabra. Ya Benedicto XVI, confirmado por el papa Francisco, en la comisión teológica internacional ha aumentado en poco tiempo la cuota de mujeres; actualmente son cinco las expertas nombradas para formar parte de ella.

Pero la predicación de las mujeres va más allá del púlpito. De hecho, la estudiosa Lucetta Scaraffia, que coordina las páginas especiales en L’Osservatore Romano sobre la mujer, indica “que en muchas partes del mundo la Iglesia es la institución más feminista que existe, debido precisamente a las mujeres”.

El ejemplo más concreto son las misioneras que en África o en Asia hacen estudiar a las mujeres que de otra manera hubieran quedado excluidas de las escuelas y de la sociedad. También la asistencia que prestan las religiosas a las mujeres víctimas de violencia. Es decir, es una predicación encarnada en la experiencia.

Scaraffia dijo al diario italiano Il Corriere della Sera que en varios países son “los cristianos los que defienden a las mujeres”. Un debate que considera abierto por el lenguaje franco del papa Francisco pero que – según su opinión- “debe entrar en las estructuras que existen ya”, lejos de foros feministas.

La también profesora de historia contemporánea en la universidad romana La Sapienza explica, asimismo, que los hombres tienen mucho que hacer. “No sé en qué medida los hombres están dispuestos a renunciar a una cuota de poder”.

“Muchos ancianos han pasado la vida viendo a las mujeres sólo en el papel de sirvientas. Por esto, es fundamental que haya mujeres que enseñen en los seminarios: así los futuros sacerdotes no las verán sólo para lavar platos, o calcetines, sino que se harán una idea distinta”.

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