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Las virtudes de Cristo, un ejemplo para la autorrealización personal

Andy Dean Photography


Woman In Kitchen Using Laptop with Jesus Road Sign on Screen.

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Un nuevo libro de autoayuda espiritual de Palabra

Francisco Fernández-Carvajal vuelve a la carga. El reconocido autor de Hablar con Dios, obra reeditada una y otra, además de traducida cada año a nuevos idiomas, regresa a las librerías con un amplio volumen, dedicado esta vez a las virtudes humanas.

Aunque no lo indique expresamente, los seguidores de su producción podrán intuir o detectar los vínculos de este libro con los dos últimos que ha publicado: vendría a ser así una suerte de trilogía, junto con Vida de Jesús y El misterio de Jesucristo, que concluiría ahora (o “por ahora”) con la presentación de las virtudes humanas vividas por Jesús, que no solo era perfecto Dios, sino también perfecto hombre.

“Cristo manifiesta al hombre quién es el propio hombre”. Esta conocida frase de la Constitución pastoral Gaudium et spes, del Concilio Vaticano II, bien podría colocarse sin problemas en el frontispicio del presente libro, porque refleja su idea conceptual y, a la par, la resume.

Fernández-Carvajal divide su libro en tres partes muy claras, pero de muy diferente extensión. La primera, titulada Cristo es el modelo, y la tercera, La caridad fortalece y enaltece todas las virtudes, resultan relativamente breves. La primera subraya el ejemplo de Jesús para todo hombre y, en particular, para el cristiano, mientras que la tercera afronta una virtud que, más que humana, es estrictamente cristiana, pero sin la que “nada soy”, según la rotunda expresión de san Pablo a propósito de la caridad.

El gran cuerpo del libro se concentra en la explicación e ilustración de cuarenta y tantas virtudes humanas esenciales ‒luego se despliegan en muchas más‒, que salen a escena en perfecto orden alfabético: desde Afabilidad, que abre el elenco, hasta Veracidad. Autenticidad. Sinceridad, que lo cierra. A las distintas virtudes no se les concede un espacio semejante, pues si Alegría se lleva casi treinta páginas, cinco subcapítulos y 23 epígrafes, a Consolar solo se le adjudican ocho páginas y tres epígrafes. Por su parte, Amistad, Desprendimiento, Madurez y Paciencia se subdividen en dos capítulos.

A la hora de redactar el libro, afirma el autor que “he elegido un estilo llano, que puede facilitar la comprensión”. En el fondo, es el estilo amable que ha empleado en la mayoría de sus obras y que ciertamente ha propiciado su notable éxito editorial. Cabe desearle lo mismo para esta nueva publicación.

 

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