Un niño, un cachorro y una gran sorpresa, no te lo pierdasCon más 50 premios y tras aparecer en más de 180 festivales de cine, este corto de Jacob Frey empezó a recorrer las redes sociales hace un par de semanas. Pero, ¿por qué se hizo tan popular? Confieso que al verlo me impactó mucho, me emocioné pero también vi algo de mi actitud en él, algo de esa forma que tenemos de actuar en lo cotidiano: empezando por nuestra actitud negativa o positiva ante cada detalle.
El corto empieza cuando el niño está encerrado en la oscuridad de su casa, jugando videojuegos, aislado del mundo, de pronto llega su mamá con un misterioso regalo. El niño abre la caja y un cachorrito alegre salta de ella. El chico se pone feliz hasta que se da cuenta de que le falta una pata y lo desprecia. En ese momento pensé: «que niño tan insensible y malo». La historia continúa, el perrito busca al niño para jugar con una pelota, se cae incontables veces pero se vuelve a levantar e insiste; él lo ignora. Cuando el niño se levanta, ahí recién comprendemos por qué no quería al cachorro, pues veía en el la “falla” que él también tenía. Es algo así como la teoría del espejo. Esta teoría sostiene que lo que rechazamos en los demás es aquello que reconocemos de nosotros mismos en ellos, y al sentirnos indignos, le quitamos un poco de dignidad al otro.
En el video se evidencian dos reacciones ante un mismo problema o limitación (que en este caso es física), pero que es muy similar a las limitaciones mentales, emocionales y espirituales que muchas veces nosotros tenemos. La del niño es una actitud muy pesimista. Ahogado en su amargura, no logra encontrar el sentido de su existencia y se lamenta por la situación en la que se encuentra; mientras que el cachorro está contento, va superando los obstáculos con alegría e incluso mantiene su inocencia.
El niño se sorprende al ver una actitud tan positiva (por parte del perrito) y se anima a salir de su oscuridad, de su aislamiento y de su zona de confort. Se levanta y decide salir al mundo exterior, sale a entregar lo que tiene y le abre su corazón a este nuevo amigo. Esto demuestra que somos perfectamente capaces de asumir las situaciones contradictorias, de aceptar lo que nos pasa y de agradecer por lo que tenemos… abrazando nuestras capacidades para desplegarlas al máximo.
Todo esto me recuerda al capítulo de «El Principito» cuando se encuentra con el zorro y este le pide que lo domestique para que se conviertan en amigos, pero además le pide que no olvide que «lo esencial es invisible a los ojos». Los seres humanos somos los únicos que podemos encontrar lo esencial en nosotros mismos y sacarle el máximo provecho, poniendo nuestras capacidades y nuestro amor al servicio de los demás. Seamos misericordiosos con nosotros mismos y con los demás tal como nos lo ha recordado el Papa Francisco:
«La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia».
Artículo originalmente publicado por Catholic Link