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La catedral más antigua del mundo está en Armenia

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Construida en el año 301 por San Gregorio el Iluminador, es un documento de historia armenia y universal

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La catedral de Etchmiadzin es el templo principal de la Iglesia Apostólica Armenia, en la ciudad de Vagharshapat. De acuerdo a historiadores y arqueólogos, es la primera catedral construida en Armenia, disputándose así quizá el sitial de honor de ser la iglesia más antigua del mundo con la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma, con la Rotonda de San Jorge, en Tesalónica, y con la Iglesia de Dura-Europos, en Siria.

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La catedral de Echmiadzin es hoy un monumento que incorpora distintos estilos de arquitectura armenia

La construcción inicial de la catedral de Etchmiadzin data del inicios del siglo IV, y fue ordenada por San Gregorio el Iluminador, patrono de Armenia, tras la adopción del cristianismo como religión oficial del reino armenio por el rey Tiridates III, bautizado por el santo, sobre las bases de un antiguo templo pagano, simbolizando así la conversión del reino entero al cristianismo.

Las bases del edificio actual, sin embargo, fueron construidas a finales del siglo V, después de que el edificio sufriese daños mayores tras una invasión persa. El encargado de esta segunda construcción fue Vahan Mamikonian, miembro de una familia noble armenia, gobernador de la Armenia Persa en 485, tras recuperar varias ciudades que habían caído bajo el dominio de la dinastía sasánida.

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Construida en el año 301 por San Gregorio el Iluminador, es un documento de historia armenia y universal

Así, saqueada y reconstruida a lo largo de más de 1500 años, y habiendo sobrevivido no sólo al genocidio armenio de manos del imperio otomano sino también a los coletazos de la Gran Purga soviética,  la catedral de Echmiadzin es hoy un monumento que incorpora distintos estilos de arquitectura armenia, por lo que ha sido decretada patrimonio histórico de la humanidad por la UNESCO.

Su planta cruciforme y los intrincados diseños decorativos de su fachada, entre los que destacan incluso inscripciones en griego, previas a la invención del alfabeto armenio, justifican el sitial de honor que, desde siempre, la catedral ha ocupado en los corazones de los fieles de Armenia.

 

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