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Robots: Transformers con decencia

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Una película simpática aunque desigual, demasiado sobria para los más pequeños y demasiado simple para los adultos

Su título no deja demasiadas dudas, Robots. La invasión. En efecto, la película va sobre unos robots llegados de alguna remota galaxia que han invadido la Tierra. El film viene dirigido por Jon Wright, un cineasta británico con una poco conocida aunque resultona filmografía.

De hecho, su anterior película, Grabbers, bien merece que nos detengamos unas líneas para explicar su sinopsis. Aquel largometraje de 2012 nos contaba la historia de una criatura que parecía salida de un relato de Lovecraft que decidía merendarse a un pequeño pueblecito costero de la Irlanda profunda. Sin embargo, este horrible monstruo parecía no digerir bien a determinado tipo de individuos, concretamente a aquellos que iban de alcohol hasta las cejas. ¿Solución? Encerrarse en una taberna para ponerse tibios a cerveza irlandesa.

Semejante punto de partida solo podía desembocar en una comedia disparatada y sin embargo, Grubbers era una película más seria de lo que parecía. No es que fuera un film trascendente pero sí que abordaba el tema con una inesperada austeridad, tanta que al final el largometraje no era ni la mitad de delirante que se suponía debería haber sido.

En Robots. La invasión, pasa algo parecido. Si bien es cierto que su punto de partida no es tan desternillante como el de Grubbers, sí que es un film que sin grandes medios logra que una improbable invasión de robots del espacio resulte verosímil. Pero además, lo hace confeccionando una película para los más jóvenes de la casa con lo cual la verosimilitud, si acaso, resultaría todavía más complicada.

Sin embargo Robots. La invasión es una película más seria de lo que su título -y su cartel publicitario- pudieran hacer pensar. Uno se cree su trama, sus bichos metálicos y sus situaciones.

No obstante, y como también ocurría en Grabbers, Robots. La invasión al final es una película que se queda en tierra de nadie. Demasiado simple para un público adulto y demasiado sobria para los más pequeños de la casa. Los mayores seguramente se aburrirán y los pequeños es probable que también. El público hacia al que va dirigida la película de Wright se encuentra entre los doce y los catorce años, seguramente ni un año más, ni arriba ni abajo. Es un abanico muy estrecho. Luego está el resto.

El resto somos los que sencillamente nos gusta el cine fantástico, los que nos gusta ver robots invadiendo la Tierra y, sobre todo, los que todavía nos ponemos nostálgicos con títulos como Los Goonies o Exploradores. Puede que Robots. La invasión no sea una película especialmente destacable pero para un reducido grupo de personas, los que tenga la edad justa y los que somos unos frikis sin remedio, pasaremos un rato agradable. Eso sí, nada del otro mundo y con la incómoda sensación de que se podía haber llegado mucho más lejos con ese material.

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