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No entiendo cómo un varón es capaz de pagar por sexo

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PROSTITUTION, WOMAN,

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25 août 13





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Sabrina Fusco





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29 août 13




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Entrevista de Javier Alonso a la filósofa española Amelia Varcárcel

Tenía muchas ganas de hablar con Amelia Valcárcel, sí señor, no solo por su historial docente, que es un camino de baldosas amarillas plagado de buen hacer y distinciones, sino porque me habían soplado que era sarcástica en las distancias cortas, pero en absoluto polemista, y eso es un aliciente.

Cierto, no me falló en la conversación. Lo pasamos bien, disentimos como buenos amigos, hubo acordes y desacuerdos, como dice Woody Allen.

Amelia es feminista de razones ponderadas, con las que puso firmes a los afiliados de Comisiones Obreras en los 70. No entendía la ausencia de mujeres en el sindicato.

En el restaurante pidió té kukicha, unas hierbas japonesas que ni el camarero conocía. Aprovechamos para preguntarle qué era aquel pastel tan adornado en el centro de la mesa, y nos lo detalló: «Polvo de almendras con lo justo de mantequilla tostada y un chocolate delicioso», y Amelia dijo enseguida: «Se nota cuando alguien es un verdadero amante de su oficio».

Aquí algunos extractos de la entrevista:

 

 

Hablemos de la mujer. Amelia tú has criticado el término género.

Es que yo no sé qué rayos es eso del género. Varones y mujeres tienen una diferencia biológica, y con esa diferencia las culturas han hecho diferencias normativas, pero sin homogeneidad, con lo que te das cuenta de que la divergencia se construye.

¿Por qué decimos violencia de género cuando nos referimos justamente a la de los varones?

Porque hay gente a la que le gusta más. A mí no me dice nada, aunque el término quiera expresar algo tan grave como la violencia que las mujeres padecen por parte de los varones. Además, me parece un anglicismo.

Los planteamientos empresariales, los horarios laborales, siguen siendo muy masculinos, excluyen la paternidad, excluyen a la mujer y su maternidad, incluso su personalidad. Mucha emancipación de la mujer, pero existe una mentalidad laboral masculina.

Y así tenemos lo que está ocurriendo, que las mujeres dejan de tener hijos, y habrá muchos menos, porque a lo que no van a renunciar es a ser sujetos. Tendremos que volver a repensar eso y a dar una salida para que coincida la libertad de las mujeres con el sistema económico. No es fácil porque no tenemos un sistema económico homogéneo. Y mientras una parte del mundo sea capaz de producir a precios ínfimos, léase Oriente, dile a la gente de aquí que respete los tiempos para la familia. De todas formas hay muchos hombres y mujeres que prefieren no tener un cargo muy visible, y puede ser que a las mujeres les afecte más. Hay gente más contemplativa, que no pretende tener grandes responsabilidades. Pero es verdad que la desconfianza masculina todavía es muy grande, las barreras están puestas. Porque en el fondo los varones saben cómo funcionan esos espacios y no les apetece cambiar las reglas.

Hay muchas asignaturas pendientes. A la mujer se la sigue usando como adorno floral en publicidad y programas de televisión. Y luego tenemos el drama de la prostitución, que es una vejación de su dignidad, y habría que hacer un verdadero frente común para su abolición.

La aceptación de la prostitución es ir en contra de la gran agenda sufragista, que hablaba justamente de abolirla y de penar sobre todo la prostitución forzada. Cuando se habla en serio de la posibilidad de revertir esta situación, se habla de los acuerdos internacionales que se tomaron en los años 50, pero la trata sigue siendo un fenómeno constante y atroz en Occidente. Estas cosas no se pueden tomar con ligereza. Lo que no entiendo es cómo un varón es capaz de pagar por sexo. ¿Tan poco atractivo eres? Y sobre todo es inaudito en una sociedad que es muy liberal en torno al sexo, no estamos en una situación como la de Marruecos. Y a pesar de ello, los varones siguen comprando sexo. Evidentemente no solo es sexo, y eso habría que investigarlo bien. El foco siempre se pone en las prostitutas y yo quiero ponerlo en los puteros, y llamo con este dulce nombre a aquellos que se dedican a emputecer a los demás.

Lee aquí la entrevista íntegra, un artículo originalmente publicado por Alfa y Omega

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