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¿No estás listo para la Cuaresma? ¿Piensas que no estás a la altura?

Jonathan Emmanuel Flores Tarello-cc
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San Francisco de Sales te ofrece la ayuda perfecta

Ya llegó el Miércoles de Ceniza y la entrada de la Cuaresma. Has leído decenas de artículos sugiriéndote lo que podrías o no podrías hacer; lo que podrías apartar de tu vida durante 40 días o qué tipo de prácticas podrías incluir. Has evaluado los hábitos apropiados para cada edad y has aprendido a buscar el silencio. Has leído tantísimas propuestas y comentarios que te está empezando a dar el pánico. ¿Qué pasa si no estás a la altura? ¿Y si tus hábitos de Cuaresma no son lo suficientemente significativos o creativos o misericordiosos?

La Cuaresma está aquí, pero tu cabeza no tanto; no del todo, al menos todavía. Crees que si todavía no se te ha ocurrido algún plan de reconstrucción espiritual, aprobado por los medios sociales, vas a terminar renunciando al chocolate, como de costumbre, con la sensación de haber empezado la estación de penitencia con un déficit de inspiración.

Lee sobre San Francisco de Sales. En muchos aspectos se parecía bastante a ti y a mí, tenía que esforzarse por aprender a ser paciente, relegado a dar pasitos de bebé cuando lo que él quería era sentir los cielos entre sus dedos. Este hombre sabe mejor que nadie lo que significa no poder llegar a la estantería más alta por no haber crecido bastante, pero sin resignarse perezosamente con la balda más baja. En sus propias palabras:

Dios se regocija al verte dar pequeños pasos, y, como un buen Padre que sostiene a su hijo de la mano, Él acomodará sus pasos a los tuyos y se contentará con no ir más rápido que tú. ¿De qué te preocupas?

Da pasitos de bebé…

Se aprende a hablar hablando, a estudiar estudiando, a correr corriendo, a trabajar trabajando. De igual forma, se aprende a amar amando. Todos aquellos que creen aprender de alguna otra forma se engañan a sí mismos.

No temas si aún no tienes tu estación de Cuaresma “totalmente planeada”:

Nunca sientas prisa en hacer nada. Haz todas las cosas de forma calmada y con un espíritu reposado. No pierdas tu paz interior, ni siquiera si todo parece estar saliendo mal. ¿Qué hay en la vida comparable a un alma en paz?

Primero identifica qué es lo fundamental:

Examina con frecuencia tu corazón, para ver si, con respecto al prójimo, es tal como tú quisieras que el suyo fuese para contigo, si te encontrases en su lugar, pues este es el verdadero punto de vista de la razón.

Y no te engañes. (Tal vez la primera norma de la Cuaresma sea “no te engañes”)

Cada uno pinta la devoción según su pasión y fantasía. El que es aficionado al ayuno se tendrá por muy devoto si puede ayunar, aunque su corazón esté lleno de rencor, y — mientras no se atreverá, por sobriedad, a mojar su lengua en el vino y ni siquiera en el agua—, no vacilará en sumergirla en la sangre del prójimo por la maledicencia y la calumnia.

La mayoría de estas citas pertenecen al libro Introducción a la vida devota, que —por poco prometedora que te parezca tu Cuaresma a día de hoy— puede ayudarte a cambiar tu forma de pensar, para mejor, durante el transcurso de estos cuarenta días. Plantéate su lectura como una preparación para la Pascua.

Mejor incluso, si todavía sientes que tu Cuaresma necesita algo más “fuera de lo habitual”, el Centro Salesiano para la Fe y la Cultura, en Pensilvania, EE.UU., ofrece su primer curso online masivo abierto (sobre la espiritualidad del día a día según San Francisco de Sales). Estará disponible hasta el 23 de marzo.

Si te unes a la clase, seremos compañeros de pupitre digital, porque yo tampoco me he planeado todavía mi Cuaresma —¡este año se nos ha echado el tiempo encima a todos!—  y porque sé que, dada la situación, no podría estar en mejores manos que las de San Francisco de Sales. Él, junto con San Felipe Neri (cuya Congregación del Oratorio cuenta con Francisco como miembro) han sufrido nuestra insistencia diaria para que sean patronos de estas páginas.

Con los esfuerzos de unos patronos de su categoría, piadosos de misa diaria, esta Cuaresma podría resultar ser una estación espléndida. ¡Santos, enseñadnos lo que sabéis!

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