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Francisco habla de la tierra: anhelo de justicia y paz

GABRIEL BOUYS / AFP
A young girl attends a mass celebrated by Pope Francis with representatives of the indigenous communities of Chiapas in the municipal sport center in San Cristobal de Las Casas, Chiapas, Mexico on February 15, 2016. Pope Francis reached out to Mexico's long-marginalized indigenous population on Monday, asking for forgiveness over their exclusion as he celebrated an open-air mass in native languages in impoverished Chiapas state. AFP PHOTO / GABRIEL BOUYS / AFP / GABRIEL BOUYS
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Hoy son millones de personas y millares de culturas las que son sometidas bajo la homogeneidad y las leyes del mercado.

Sólo en una tierra tan devastada que se niega a dar fruto podría no recibirse bien el mensaje de Francisco; pero la tierra mexicana –e intuimos, casi todas las realidades mundiales- tienen anhelos y sueños por cumplir. Búsquedas de paz y de justicia. Pero los caminos para hacer cumplir tales deseos exigen varias renuncias.

Renuncia a algunas tentaciones sobre las cuales ha reflexionado el papa Francisco en su homilía en Ecatepec, Estado de México. Dar la espalda a la riqueza, vanidad y orgullo podría ser una simple enseñanza religiosa, dirigida sólo a quienes por voluntad propia ‘renuncian al mundo’ entregándose a la mística, la oración o el servicio de su prójimo. Pero, si hay honestidad en el corazón, es claro que todos podemos renunciar un poco a lo superficial, poner los pies en la tierra que es el sitio donde se forja la justicia y la paz.

En no pocos espacios, Francisco ha insistido en la perversidad de un modelo de poder político y económico que se sustenta en castillos en el aire, en privilegios, en prebendas y en un insaciable deseo de control y de aprovechamiento. Pero si en aquellos lugares puso el dedo en la llaga sobre las heridas, las venas abiertas que provoca tal modelo; en México, principalmente en Chiapas, ha demostrado que la respuesta tiene sentido desde la minoridad, desde los pueblos que han sido despreciados, desde la humildad de quien, azorado, prefiere seguir siendo peregrino antes de resguardarse por miedo o por comodidad. 

El mensaje tiene sentido en México pero está dirigido al mundo entero. Hoy, son millones de personas y millares de culturas que son sometidas bajo la homogeneidad y las leyes del mercado. Justo en este año, un revelador análisis sobre la riqueza mundial y su distribución dejó helados a quienes hoy tienen oportunidad de ser informados: si se continúa la tendencia vigente del modelo económico y financiero, no pasará mucho tiempo para que el 99% de la población total del mundo sorba, de entre los desperdicios del 1% restante, lo necesario para sobrevivir. 

Esto en lo económico pero ¿qué hay del modelo homogeneizante cultural? ¿Quién habla de esta tendencia a maquillar bajo una edad, un color y un lenguaje toda la realidad y la esperanza de un planeta? La alegoría de Francisco en San Cristóbal de las Casas es redonda: un rincón de olvido donde todos los colores armonizan, donde todas las lenguas hablan de grandeza y donde, más que espacio, miramos el tiempo que habla de plenitud.

Por eso Francisco quiso acudir a Chiapas, porque aquí aún hay una tierra –herida y ensangrentada- que no se avergüenza ni de sus dolores ni de sus sueños. Esa tierra es la casa donde se levanta el mundo indígena a mostrar un sendero de trabajo y una actitud frente al mundo cuya pureza es amenazada. Sobre una tierra humilde –como son o serán las tierras del planeta- hay respuesta a los anhelos de justicia y de paz. Sólo hace falta que se revistan de la diversidad y de una mirada profunda en el tiempo.

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