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100 mil jóvenes con el Papa pintan y cantan un “Cielito lindo” lleno de colores

© Marko Vombergar/ALETEIA
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Recordando el encuentro del Papa con los jóvenes en Morelia

Una fiesta de colores iluminó el estadio Morelos de la ciudad de Morelia, Michoacán; con más de 40 mil jóvenes en su interior y 60 mil más en las afueras del estadio, en plazas, parques y centro histórico de esta ciudad. No fue una final del futbol mexicano con el equipo de los Monarcas, no fue un concierto grupero el que movió las masas, fue la luz del Papa que congrego una masiva manifestación de amor.

Desde primeras horas del día 16 de febrero las filas interminables abarrotaban los accesos del estadio Morelos, las vialidades cercanas se mostraban con embotellamientos viales. Playeras, banderitas, globos, gorras con imágenes del Papa y con su nombre, se podían adquirir con los vendedores ambulantes. La papamanía se contagió y todos querían un recuerdo, un suvenir como recuerdo de esta fiesta de colores y de luz en la ciudad de Morelia.

Minutos antes del arribo del Papa Francisco al estadio Morelos, seguía ingresando la juventud del Papa, corriendo para encontrar una butaca para ser testigos del encuentro con el Vicario de Cristo.

Los gestos, las palabras del Papa Francisco provocaron canticos, gritos y vivas, pero había algo más en el rostro de los jóvenes, parecían extasiados, enamorados. No parpadeaban, no se querían perder ningún detalle de la fiesta de colores, no se querían perder ningún detalle de la voz del Papa, de esa voz que les dio aliento motivante, oxigeno divino, el Papa les había preparado un mensaje. Y ahí el Papa también escucho el clamor de sus jóvenes, escucho sus tristezas y preocupaciones, se conmovió por los sufrimientos de la juventud mexicana golpeada por el desempleo, la narcoviolencia y la falta de oportunidades.

Las palabras del Papa fueron las necesarias y esperadas, fueron directo al corazón de cada joven lastimado y humillado por las realidades actuales y las lágrimas no se pudieron aguantar.

El Cielo y la tierra, la fiesta, la oración y bendición del Papa, se fusionaron en un abrazo, en una caricia para el alma de todos. Las gracias derramadas pintaron con hermosos tonos el cielo y el atardecer radiante fue inolvidable. Y en las gradas se entonaba como un susurro fuerte e intenso, el “Cielito lindo”.

Lo jóvenes se llevaron en su corazón un día inolvidable, y se llevaron algunos compromisos que no fueron solo ante el Papa, fueron compromisos sellados ante Dios. La tarea estaba dada y se la llevaron a casa: no darse por vencidos, no dejar de soñar, no aceptar ser sicarios, antes ser discípulos de Jesús, ser felices y levantarse ante la adversidad.

Ya se fue el Papa Francisco de Morelia, se cabo la fiesta en las calles y avenidas, hay silencio en las plazas y en el estadio Morelos, ahora solo quedan los recuerdos. Los jóvenes han regresado a casa con la fiesta por dentro. En el corazón, en el alma, llevan un lío en su interior, ese lío que santifica y busca cumplir la voluntad de Dios.

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