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Las paradojas de la migración mexicana a Estados Unidos: pobreza, remesas y deshonor

© Marko Vombergar/ALETEIA
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México es el segundo país del mundo, después de India, con mayor número de personas viviendo fuera del país

El Papa habló de la importancia de eliminar “la necesidad de emigrar para soñar”. Lo hizo en un país como México que ha sido desde hace años –pero, sobre todo, en las últimas cuatro décadas– un expulsor neto de personas, principalmente a su vecino del Norte, el país más poderoso (económicamente) de la Tierra.

La migración de los mexicanos es mucho más de índole económica que por la violencia, como podría ser el principal motivo de las migraciones centroamericanas. El país crece a un promedio de 2.6 por ciento anual, el PIB per cápita es de 136 mil pesos anuales (unos 8 mil dólares); las desigualdad labora es de 0.401 (GINI 2015), y la población que vive en la pobreza es 41.1 por ciento del total de la población mexicana.

Ahora bien, el Foro Económico Mundial –en un reporte reciente– estima que hay 12.3 millones de mexicanos migrantes en otros países, la mayoría en Estados Unidos. México es el segundo país del mundo, después de India, con mayor número de personas viviendo fuera del país.

Se calcula que de esos 12.3 millones de personas emigradas del país, 11.5 se encuentran en Estados Unidos, lo que ha contribuido a despresurizar la economía del país, mandando hacia fuera a las personas que deberían encontrar empleos aquí, y obteniendo de ellas una fuerte entrada de divisas.

Tan fuerte como el petróleo o el turismo, las remesas de los paisanos en el Norte (muchos de ellos en ciudades emblemáticas como Los Ángeles, Nueva York y Chicago y en estados del sur, concretamente en Florida, Texas y California) son un aliciente para sus familias que se quedan a vivir en México.

De 2012 a 2015, México ha recibido 70,721 millones de dólares de remesas enviadas por los mexicanos que trabajan en Estados Unidos, a menudo en condiciones de explotación y sin derecho alguno. México es ya el cuarto país receptor de remesas en el mundo. Tan solo en 2015, entraron por este concepto 25,689 millones de dólares.

“Vemos las remesas como un alivio, muchas familias pueden vivir gracias a lo que reciben de sus familiares. Pero no es un honor recibir remesas, es el resultado de haber expulsado población a lo largo de los años”, escribe en la página web “Animal Político” Valeria Moy, una economista egresada del Instituto Tecnológico Autónomo de México.

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