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Will Smith en La verdad duele: demasiado perfecto para ser verdad

AP
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Un drama con todos los ingredientes para ofrecer una gran película que se queda en un típico producto de Hollywood

NO RECOMENDADA PARA MENORES DE 7 AÑOS – Algunos contenidos podrían herir la sensibilidad de niños pequeños

La verdad duele nos cuenta la historia real del doctor Bennet Omaulo (Will Smith), un neuropatólogo forense nigeriano que emigró a Estados Unidos. Allí su profesión consistía en desmembrar cuerpos humanos para practicarles autopsias. Sin embargo, al menos en la película, antes de abrirlos en canal, Omaulo les habla a los muertos. Con delicadeza, les indicaba que iba a trabajar para ayudarlos, de algún modo, a desentrañar por qué habían muerto. Hollywood puede tener muchos defectos, pero siempre ha sabido tocar la fibra sensible.

Sin apenas una gota de sangre, La verdad duele sigue con minucioso detalle el sangriento trabajo de Omaulo hasta que un día topa con algo extraño. Tiene sobre la mesa el cuerpo inerte de Mike Webster (David Morse), una estrella de fútbol americano, dicho sea de paso, un negocio que mueve al año cuatro millones de dólares.

Pero aquel día, hay algo que no le cuadra en la autopsia. Omaulo secciona una parte del cerebro del deportista, lo analiza, lo estudia, lo compara, lo escudriña y entonces da en la clave. Webster murió debido a los violentos golpes que a lo largo de su carrera deportiva había recibido en la cabeza. El cráneo del ser humano no se concibió para ser tratado como una pelota de ping-pong. Una bomba para un deporte multimillonario. No pasa mucho tiempo hasta que la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL) se le eche encima. Primero con advertencias, después con amenazas y al final lindando la extorsión.

La verdad duele tenía todos los ingredientes para haber hecho una gran película sin embargo a veces, la sistematizada industria de Hollywood puede jugar en su propia contra. En la película, dirigida por Peter Landesman, todo resulta impecable sin embargo, hay algo que no encaja. De tan fluido, cómodo y fácil que resulta todo, en La verdad duele algo no termina de encajar. De hecho, tan solo hace falta terminar de ver la película y salir a la calle para, una vez al aire libre, percatarse de que lo que se acaba de ver seguramente se olvidará en cuestión de horas.

Lo cierto es que La verdad duele es uno de los ejemplos más elementales de cómo Hollywood puede tirar al traste una gran historia a base de su extremada corrección narrativa y dramática. Empeñado en no decir una palabra más alta que otra y en no escandalizar a nadie (salvo a quienes son los malos sin matices de la película, la NFL) La verdad duele termina siendo una película insulsa, insípida, sin alma. Sí, hay una historia de heroísmo, de valor, de lucha por la verdad y la justicia, pero que poca pasión hay en su fondo.

Al final, el problema de La verdad duele es que es una de esas películas que se advierte a la legua, que ha sido confeccionada para hacerse un hueco en los Oscar. Se ha estrenado en el momento justo, es un vehículo de lucimiento perfecto para una estrella como Will Smith que sí, es verdad, está muy bien, pero las intenciones del conjunto han desdibujado el resultado. Uno no puede denunciar sin matices, uno no puede diseñar a un héroe si éste no es imperfecto porque entonces no es humano y por tanto no resulta verosímil y este es el verdadero problema de La verdad duele, que al final no te la crees.

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