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Papa Francisco en Chiapas: «Echen ganas» a la familia

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Encuentro con las familias en el estadio Victor Manuel Reyna de Tuxtla Gutierrez: «Prefiero una familia con rostro cansado por la entrega…»

“Prefiero familias arrugadas, con heridas, con cicatrices, pero que siguen andando porque eso es fruto de una fidelidad, de un amor que no siempre les fue fácil”, dijo Francisco a miles de personas que llenaron este lunes el estadio Víctor Manuel Reyna de la capital de Chiapas, Tuxla Gutiérrez.

“Ustedes los mexicanos corren con ventaja, tienen a la Guadalupana”, agregó en otro momento de un encuentro donde se dejó fotografiar, rezó, dialogó y escuchó a cuatro testimonios de distintos integrantes de familias que lo conmovieron.

El arzobispo de Tuxla, Fabio Martínez Castillo, fue quien le dio la bienvenida en el lugar. “Somos familias que soñamos, soñamos en construir un México más justo y solidario. Soñamos en ser fermentos de misericordia. Misericordiosos como el Padre desde el seno de nuestra familia”, le expresó a Francisco.

Antes de los testimonios y de una breve oración dirigida a la Sagrada Familia, el Papa recibió una estola de Tuxla en nombre de todas las familias.

Cuatro testimonios emotivos

Francisco Javier Camolla, de la Conferencia Episcopal Mexicana, fue el encargado de presentar a las familias y a los que ofrecieron su testimonio, entre ellos Manuel, un joven de 14 años con discapacidad.

“A los cinco años empecé a caerme, fui perdiendo fuerzas en mi cuerpo hasta que quedé en sillas de ruedas al ver que no podía caminar, correr y jugar, me puse muy triste”, contó Manuel.

Sin embargo, Dios llegó a su familia y dijo que le «echó ganas» (expresión luego destacada por Francisco) para que otros jóvenes se acercaran a Jesús. “Ha crecido mi esperanza, me ha bendecido con esta capacidad especial. Mis padres me ayudan en mis planes. Con mis familias visitamos enfermos. Los adolescentes y jóvenes somos  los consentidos de Dios», afirmó.

Manuel culminó pidiéndole al Papa que rece por los adolescentes, especialmente por «quienes están en malos pasos”

El Papa se acercó a Manuel, le dio un beso, saludó a sus padres y conversó con él durante un rato.

Más de 50 años de amor y fidelidad

El segundo testimonio lo ofreció el hijo de una pareja que cumplía más de 50 años de matrimonio. “Las 200 parejas de esposos y mis papás que renuevan su alianza matrimonial dan testimonio de que el amor fiel es posible”, expresó el hijo.

“Mi familia se siente bendecida porque a través de nuestros padres, Dios nos ha regalado la fe católica. Gracias a ellos, a sus testimonios, hemos aprendido a reconocer el gran valor en la participación en los sacramentos”, indicó emocionado.

Francisco se acercó al matrimonio, los abrazó, los felicitó y conversó sonriente con ellos.

Divorciados vueltos a casar, amor y comprensión

Luego, el Papa escuchó las palabras de una pareja de la arquidiócesis de Monterrey. El esposo contó que llevan 16 años casados por civil y que tienen un hijo en común, más tres de la esposa de su anterior matrimonio.

Nuestra relación ha sido de amor y compresión pero alejados de la Iglesia. Hace tres años entramos a un grupo para divorciados vueltos a casar. Recibimos el abrazo de nuestro Señor”, indicó.

Los divorciados vueltos a casar no podemos acceder a la Eucaristía,  pero podemos comulgar a través del hermanos necesitados, privados de libertad. Por eso somos voluntarios en hospitales”, afirmó.

El hombre finalizó reconociendo que a pesar de las luchas, con el acercamiento a la Iglesia y el sí profundo, hoy en día “tienen un matrimonio y una familia donde el centro es Dios”.

El Papa también se acercó y los abrazó a ambos.

Una madre soltera y su voz contra el aborto

Por último habló Beatriz, madre soltera y enfermera de profesión, quien comentó que tuvo una infancia marcada por el abandono y que quedó embarazada varias veces en su adolescencia.

Beatriz le dijo al Papa que durante mucho tiempo a raíz de su situación fue tentada con el deseo de abortar. “Dios me ayudó a no permitir atentar contra la vida de mis hijos”, afirmó.

Beatriz prosiguió diciendo que con la ayuda de Dios salió victoriosa de esas batallas, que a través de la catequesis entró en la vida de comunidad y que actualmente los sacramentos alimentan su vida.

Y culminó pidiendo oraciones al Papa por las mujeres que se enfrentan a la realidad del aborto.

Al igual que con el resto, Francisco le dio un fraterno abrazo.

Una bendición especial

En el medio de los testimonios Francisco rompió el protocolo al ver a los pies del escenario a un niño en silla de ruedas con una discapacidad severa. Francisco se acercó a él, lo abrazó y lo bendijo.

“Echarle ganas”, la actitud esperada

“Este lugar con ustedes tiene sabor a familia, a hogar”, expresó Francisco a los presentes. Luego, Francisco agradeció los testimonios que escuchó y el testimonio de Manuel, a quien le dijo que le gustó esa expresión que utilizó: “Echarle ganas”.

“Echarle ganas, como actitud que tomaste después de hablar con tus padres. Comenzaste a echarle ganas a la vida, echarle ganas a tu familia, echar ganas entre tus amigos. Es lo que quiere hacer el Espíritu Santo en medio nuestro, echarnos ganas, regalarnos motivos para seguir apostando, soñando y construyendo una vida que tenga sabor a hogar, a familia”, indicó Francisco.

“El Padre Dios le ha echado ganas a nuestra vida. Podemos preguntarnos: ¿Por qué? Porque no sabe hacer otra cosa. Él sabe echarnos ganas, ¿por qué? Porque su nombre es amor, su nombre es donación, su nombre es entrega, su nombre es misericordia”, agregó Francisco.

El Papa enlazó este testimonio con el de la madre soltera, a su referencia a la soledad y precariedad. “Existe una precariedad que puede ser muy peligrosa, que se nos puede ir colando sin darnos cuenta, es la precariedad que nace de la soledad y el aislamiento. Y el aislamiento siempre es un mal consejero”, expresó.

“Por otro lado, como bien lo resaltaba el testimonio de Humberto y Claudia cuando nos decían que buscaban la manera de transmitir el amor de Dios que habían experimentado en el servicio y en la entrega a los demás, leyes y compromiso personal son un buen binomio para romper la espiral de la precariedad”, sumó el Papa.

Francisco culminó rezando por todos los presentes y recordándoles la ventaja con la que corren por ser mexicanos: la Guadalupana, que siempre está dispuesta a defender a las familias y “echarle” ganas dándonos a su Hijo.

También bendijo a los matrimonios que celebraban sus bodas de oro y elevó una oración por las familias.

Al acabar el encuentro dejó el estadio rumbo al aeropuerto de Chiapas, en medio de aclamaciones, saludos y hasta un truco de magia a cargo de un seminarista local.

 

Discurso íntegro del Papa a las familias:

Queridos Hermanos y Hermanas

Doy gracias a Dios por estar en esta tierra chiapaneca. Es bueno estar en este suelo, es bueno estar en esta tierra, es bueno estar en este lugar que con ustedes tiene sabor a familia, a hogar. Le doy por sus rostros, por su presencia, le doy gracias a Dios por el palpitar de su presencia en las familias de ustedes. Y tracias también a ustedes, familias y amigos, que nos han regalado sus testimonios, que nos han abierto las puertas de sus casas, las puertas de de sus vidas; nos han permitido estar en sus «mesas» compartiendo el pan que los alimenta y el sudor frente a las dificultades cotidianas. El pan de las alegrías, de la esperanza, de los sueños y el sudor frente a las amarguras, la desilusión y las caídas. Gracias por permitirnos entrar en sus familias, en su mesa, en su hogar.

Manuel, antes de darte gracias a vos por tu testimonio, quiero dar gracias a tus padres, los dos de rodillas delante de ti teniéndote el papel… ¿vieron qué imagen es esa? Los padres de rodillas ante el hijo que está enfermo. No nos olvidemos de esa imagen, ¿eh? Por ahí de vez en cuando ellos se pelean, por ahí, ¡qué marido y qué mujer no se pelean! Y más cuando se mete la suegra, pero no importa. Pero se aman, y nos han demostrado que se aman y son capaces, por el amor que se tienen, de ponerse de rodillas delante de su hijo enfermo. Gracias, amigos por ese testimonio que han dado y sigan adelante.

Gracias, y a vos, Manuel gracias por tu testimonio y especialmente por tu ejemplo. Me gustó esa expresión que usaste: «Echarle ganas», como la actitud que tomaste después de hablar con tus padres. Comenzaste a echarle ganas a la vida, echarle ganas a tu familia, echar ganas entre tus amigos; y nos has echado ganas a nosotros aquí reunidos. ¡Gracias! Creo que es lo que el Espíritu Santo siempre quiere hacer en medio nuestro: echarnos ganas, regalarnos motivos para seguir apostando a la familia, soñando, construyendo una vida que tenga sabor a hogar y a familia. ¿Le echamos ganas? (¡Sí!, contesta la multitud).

Y es lo que el Padre Dios siempre ha soñado y por lo que desde los tiempos lejanos el Padre Dios ha peleado. Cuando parecía todo perdido esa tarde en el jardín del Edén, el Padre Dios le echó ganas a esa joven pareja y le dijo que no todo estaba perdido.

Y cuando el Pueblo de Israel sentía que no daba más en el camino por el desierto, el Padre Dios le echó ganas con el maná. Y cuando llegó la plenitud de los tiempos, el Padre Dios le echó ganas a la humanidad para siempre y nos mandó a su Hijo.

De la misma manera, todos los que estamos acá hemos hecho experiencia de eso, en muchos momentos y de diferentes formas: el Padre Dios le ha echado ganas a nuestra vida. Podemos preguntarnos: ¿Por qué?

Porque no sabe hacer otra cosa. Nuestro Padre Dios no sabe hacer otra cosa que querernos y echarnos ganas y empujarnos y llevarnos adelante. No sabe hacer otra cosa. Porque su nombre es amor, su nombre es donación, su nombre es entrega, su nombre es misericordia.

Eso nos lo ha manifestado con toda fuerza y claridad en Jesús, su Hijo, que se la jugó hasta el extremo para volver a hacer posible el Reino de Dios. Un Reino que nos invita a participar de esa nueva lógica, que pone en movimiento una dinámica capaz de abrir los cielos, capaz de abrir nuestros corazones, nuestras mentes, nuestras manos y desafiarnos con nuevos horizontes. Un reino que sabe de familia, que sabe de vida compartida.

En Jesús y con Jesús ese reino es posible. Él es capaz de transformar nuestras miradas, nuestras actitudes, nuestros sentimientos muchas veces aguados en vino de fiesta superficial. Él es capaz de sanar nuestros corazones e invitarnos una y otra vez, setenta veces siete, a volver a empezar. Él es capaz de hacer siempre todas las cosas nuevas.

Manuel, vos me pediste que rezara por muchos adolescentes que están desanimados y en malos pasos. Lo sabemos, ¿no? Muchos adolescentes sin ánimo, sin fuerza, sin ganas.

Y, como bien dijiste, Manuel, muchas veces esa actitud nace porque se sienten solos, porque no tienen con quién hablar. Piensen los padres, piensen las madres: ¿hablan con sus hijos y sus hijas o están siempre ocupados, apurados? ¿Juegan con sus hijos y sus hijas?

Y eso me recordó el testimonio que nos regaló Beatriz. Beatriz, vos dijiste: “La lucha siempre ha sido difícil por la precariedad y la soledad”. ¡Cuántas veces te sentiste señalada, juzgada! “Esa…”. Pensemos en toda la gente que, en todas las mujeres que pasan por lo que pasó Beatriz.

La precariedad, la escasez, el no tener muchas veces lo mínimo nos puede desesperar, nos puede hacer sentir una angustia fuerte ya que no sabemos cómo hacer para seguir adelante y más cuando tenemos hijos a cargo.

La precariedad no sólo amenaza el estómago (y eso ya es decir mucho, ¿eh?), sino que puede amenazar el alma, nos puede desmotivar, sacar fuerza y tentar con caminos o alternativas de aparente solución, pero que al final no solucionan nada. Y vos fuiste valiente, Beatriz. ¡Gracias!

Existe una precariedad que puede ser muy peligrosa, y que se nos puede ir colando sin darnos cuenta, es la precariedad que nace de la soledad y el aislamiento. Y el aislamiento siempre es un mal consejero.

Manuel y Beatriz usaron sin darse cuenta la misma expresión, ambos nos muestran cómo muchas veces la mayor tentación a la que nos enfrentamos es “cortarnos solos” y lejos de “echarle ganas”; esa actitud es como una polilla que nos va corroyendo el alma, nos va secando el alma.

La forma de combatir esa precariedad y aislamiento, que nos deja vulnerables a tantas aparentes soluciones, como la que Beatriz mencionaba, se tiene que dar a distintos niveles.

Una es por medio de legislaciones que protejan y garanticen los mínimos necesarios para que cada hogar y para que cada persona pueda desarrollarse por medio del estudio y un trabajo digno.

Por otro lado, como bien lo resaltaba el testimonio de Humberto y Claudia cuando nos decían que buscaban la manera de transmitir el amor de Dios que habían experimentado en el servicio y en la entrega a los demás. Leyes y compromiso personal son un buen binomio para romper la espiral de la precariedad. Y ustedes se animaron, y ustedes rezan, y ustedes están con Jesús, y ustedes están integrados en la vida de la Iglesia. Usaron una linda expresión: comulgamos con el hermano débil, el enfermo, el necesitado, el preso. ¡Gracias! ¡Gracias!

Hoy en día vemos y vivimos por distintos frentes cómo la familia está siendo debilitada, cómo está siendo cuestionada. Cómo se cree que es un modelo que ya pasó y que ya no tiene espacio en nuestra sociedade y que, bajo la pretensión de modernidad, propician cada vez más un modelo basado en el aislamiento. Y se van inoculando en nuestras sociedades –se dicen sociedades libres, democráticas, soberanas,…- colonizaciones ideológicas que la destruyen y terminamos siendo colonias de ideologías destructoras de la familia, del núcleo de la familia, que es la base de toda sana sociedad.

Es cierto, vivir en familia no es siempre fácil, muchas veces es doloroso y fatigoso, pero creo que se puede aplicar a la familia lo que más de una vez he referido a la Iglesia: prefiero una familia herida, que intenta todos los días conjugar el amor, a una familia y sociedad enferma por el encierro o la comodidad del miedo a amar.

Prefiero una familia que una y otra vez intenta volver a empezar a una familia y sociedad narcisista y obsesionada por el lujo y el confort. “¿Cuántos chicos tenés? No, no tenemos porque claro, nos gusta salir d vacaciones, ir a turismo, quiero comprar una quinta,…” el lujo y el confort y cuando quisiste tener uno ya se te pasó la hora. ¡Qué daño que hace eso ¿eh?

Prefiero una familia con rostro cansado por la entrega a rostros maquillados que no han sabido de ternura y compasión. Prefiero un hombre y una mujer, don Aniceto y señora, con el rostro arrugado por las luchas de todos los días que después de más de 50 años se siguen queriendo, y ahí los tenemos, y el hijo aprendió la lección: ya lleva 25 de casado. Esas son las familias.

Cuando les pregunté recién a don Aniceto y señora quién tuvo más paciencia en estos más de 50 años, dijeron: los dos. Porque en la familia para llegar a lo que ellos llegaron hay que tener paciencia, amor. Hay que saber perdonarse. «Vale, una familia perfecta nunca discute». ¡Mentira! Es conveniente que de vez en cuando discutan y que vuele algún plato, está bien, no le tengan miedo. El único consejo es que no terminen el día sin hacer la paz. Porque si terminan el día en guerra van a amanecer ya en guerra fría y la guerra fría es muy peligrosa en la familia porque va socavando desde abajo. Las arrugas de la fidelidad conyugal… ¡Gracias por el testimonio de quererse por más de 50 años! ¡Muchas gracias!

Y hablando de arrugas, para cambiar un poco de tema, recuerdo el testimonio de una gran actriz, actriz de cine, americana, latinoamericana, cuando ya casi sesentona comenzaba a mostrarse las arrugas de la cara y le aconsejaron un arreglo, un arreglito para poder seguir trabajando bien, su respuesta fue muy clara: estas arrugas me costaron mucho trabajo, mucho esfuerzo, mucho dolor y una vida plena. Ni soñando las quiero tocar. Son las huellas de mi historia. Y siguió siendo una gran actriz. En el matrimonio pasa lo mismo. La vida matrimonial tiene que renovarse todos los días. Como dije antes prefiero familias arrugadas, con heridas, con cicatrices, pero que siguen andando, porque esas heridas, esas cicatrices, esas arrugas son fruto de la fidelidad de un amor que no siempre les fue fácil. El amor no es fácil, no es fácil, no, pero es lo más lindo que un hombre y una mujer se pueden dar entre sí, el verdadero amor, para toda la vida.

Me han pedido que rezara por ustedes y quiero empezar a hacerlo ahora mismo. Ustedes queridos mexicanos tienen un plus, corren con ventaja. Tienen a la madre: la Guadalupana quiso visitar estas tierras y esto nos da la certeza de tener su intercesión para que este sueño llamado familia no se pierda por la precariedad y la soledad. Ella es madre y está siempre dispuesta a defender nuestras familias, a defender nuestro futuro; está siempre dispuesta a “echarle ganas” dándonos a su Hijo. Por eso, los invito como están, sin moverse mucho, a tomarse las manos y decir juntos a ella: Dios te salve María….

Y no nos olvidemos de san José, calladito, trabajador pero siempre al frente, siempre cuidando de la familia. Gracias y recen por mí.

Y ahora los quiero invitar en este marco de fiesta familiar a que los matrimonios aquí presentes, en silencio, renueven sus promesas matrimoniales y los que están de novios pidan la gracia de una familia fiel y llena de amor. En silencio.

Oremos: Dios padre todopoderoso, mira con bondad a los esposos, Iglesia doméstica, que recuerdan con gratitud el día que les diste las primicias de tu amor…

 

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