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El primer rosario de un pastor protestante

© Ma. Paola Daud
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Tras convertirse al catolicismo y perder a su familia, un rosario mal rezado logró un milagro

En abril de 2008 fue muy sonada la conversión al catolicismo del pastor evangélico, de origen pentecostal, portoriqueño, Fernando Casanova.

Desde entonces se ha convertido en un valioso apologeta del cristianismo con su asombroso dominio de las rigurosas citas bíblicas y su estilo de oratoria latina apasionada y con el corazón abierto.

Él mismo relata el lento y doloroso proceso de su conversión de cinco años de duración, después de muchos años de servicio y prestigio dentro de su iglesia protestante.

Inicia su proceso con la búsqueda e investigación bíblica de la Iglesia Única y Unida fundada por Jesucristo, desconcertado ante la continua proliferación de distintos grupos e iglesias protestantes. Su afán por esta investigación estaba empujado por la meta de “no ser católico”.

El encuentro en un acto eucarístico católico fue la puntilla final para su conversión.

Cuando toma la decisión de convertirse al catolicismo lo comunica a su esposa que, mujer protestante convencida, provoca la separación de la pareja. El Dr. Casanova se queda sin su esposa y sus tres hijos.

Hombre de matrimonio fiel y familiar, durante varios meses sin ver a su familia, le cuesta mucho entender cómo Dios permite ese dolor por haber seguido el camino adecuado.

En sus prédicas narra, con mucho sentimiento, que al entrar en una capilla para buscar apoyo en Dios ante su dolorosa situación, en una de las bancas de la iglesia ve un rosario abandonado y entiende que Dios le está pidiendo que lo rece. Para él, a pesar de que su conversión era firme, por su origen evangélico, el rezo del rosario era algo excesivamente difícil pero se encara a la Virgen y le dice que está dispuesto a recitar el rosario con dos peticiones:

– “Que mi esposa y yo nos reconciliemos”

– “Que mi esposa, mis hijos y yo entremos en comunión plena con la Iglesia de tu Hijo”

Recité el rosario “torpemente y sin fe, pidiendo perdón a Dios cada diez avemarías por si eso no le gustaba”.

Ese mismo día se reencuentra con su familia y se reconcilia con su esposa.

Y…, justo un año después de este “rosario mal rezado”, en la Catedral de Puerto Rico, el Dr. Casanova, con su esposa y sus hijos son recibidos en la Iglesia Católica.

Él mismo se lamenta de no haber conservado ese rosario que, un año antes, se había encontrado en una banca, porque querría tenerlo y que lo enterraran con él.

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