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Una parroquia de Estados Unidos celebra “el funeral del Aleluya”

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Se renuncia al alegre canto del Aleluya durante la Cuaresma

El Domingo anterior al inicio de la Cuaresma tenía lugar una bella y curiosa tradición medieval, recordada actualmente por algunas comunidades religiosas y parroquias: el “funeral del Aleluya”. La Parroquia de St. John Cantius en Chicago, Estados Unidos, recuperó esta costumbre, adaptándola para celebrarla dentro del templo.

El gesto busca destacar el sentido penitencial del tiempo de Cuaresma, así como el profundo significado de la renuncia al alegre canto del Aleluya durante este tiempo litúrgico. “Desistimos de decir Aleluya, la canción cantada por los ángeles, porque hemos sido excluidos de la compañía de los ángeles por cuenta del pecado de Adán”, expone la Parroquia en su página web.

La renuncia a este canto también recuerda el lamento del pueblo de Israel durante el destierro en espera de la intervención misericordiosa de Dios.

La tradición antigua incluía una procesión encabezada por los niños del coro al final del rezo de Vísperas, quienes preparaban un “ataúd” donde se reservaba la palabra “Aleluya” y se llevaba hasta un lugar adecuado para enterrarla. La procesión se acompañaba de lamentos y el funeral incluía algunos gestos similares al de los funerales de los fieles. Tras el sepelio, los coristas regresaban en procesión al templo.

La forma actual practicada en la Parroquia estadounidense es mucho más sencilla, adaptada para su uso dentro del templo. “En el Domingo anterior al Miércoles de Ceniza, después de la Santa Misa, mientras el coro y la congregación cantan el tradicional Aleluya, un acólito sostiene una tabla grande adornada en la cual está inscrito “Aleluia” en letras doradas”, expone la parroquia. El acólito lleva la tabla hacia el altar de la Santísima Virgen, donde queda “sepultado” bajo el mantel del mismo.

En la Vigilia Pascual, la tabla es retirada de su “sepulcro” y llevada hacia el celebrante por el diácono antes de la lectura del Evangelio, quien le dice “Le anuncio una gran alegría: es el Aleluya”. Tras este gesto, el sacerdote entona el Aleluya en tres tonos distintos, que son respondidos alegremente por el coro.

Con información de New Liturgical Movement.

Artículo originalmente publicado por Gaudium Press

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