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Papa Francisco a confesores: Sean grandes perdonadores, no como el Diablo, el gran acusador

© FILIPPO MONTEFORTE/AFP

<span>Pope Francis prays in Saint Peter square at the Vatican on September 7, 2013. Pope Francis has called for a global day of fasting and prayer on Saturday for peace in Syria and against any armed intervention. AFP PHOTO / Filippo MONTEFORTE</span>

Ary Waldir Ramos Díaz - publicado el 09/02/16

El Pontífice en la misa en la Basílica vaticana pone como ejemplo a los confesores capuchinos, la vida de san Pío y san Leopoldo

El papa Francisco presidió  la misa en la Basílica Vaticana en presencia de los frailes capuchinos este martes 9 de febrero. El Pontífice esta mañana ante las reliquias de los frailes san Pío y san Leopoldo, en el contexto del Jubileo de la Misericordia, habló del perdón de los pecados y de la sagrada misión del confesor.

Francisco consideró a los capuchinos menores como «buenos confesores», les invitó «a no cansarse jamás de perdonar» y sentirse «pecadores delante de Dios».

Entre las bancas abarrotadas de la Basílica, miles de confesores escucharon las palabras parsimoniosas del Papa sobre la humildad del confesor y el peligro de olvidar a Dios considerándose maestros perfectos que no necesitan del perdón.

El Pontífice se definió como un “hermano” que quiere “hablar a todos los confesores” en este Año de la Misericordia. “El confesional es para perdonar. Y si tú no quieres dar la absolución -hago esta hipótesis– por favor no dar garrote”, expresó.

El Obispo de Roma señaló como ejemplo para todos los confesores la vida de oración y de escuchar a la gente que tuvieron san Pío y san Leopoldo. Y apuntó a las reliquias de los dos santos confesores presentes en la Basílica vaticana.

A los 4000 frailes congregados les dijo: “Sean grandes perdonadores. Porque el que no sabe perdonar termina como esos doctores del Evangelio; es un gran condenador. Y ¿quién es el gran acusador en la Biblia? El Diablo. Hagan lo que hace Jesús; no hagan lo del Diablo, acusar.

“Esto que les digo a ustedes, se los digo a todos los confesores. Si no saben hacerlo bien, sean humildes, si no saben hacerlo bien tomen la escoba, limpien… hagan otra cosa para servir. Pidan esta gracia, yo la pido para ustedes, para todos los confesores, también por mí”.

Al principio de la homilía se refirió a las lecturas: “En la liturgia de hoy hay dos actitudes: una actitud de grandeza frente a Dios que se expresa en la humildad del Rey Salomón y otra actitud miserable descrita por el mismo Jesús… así como hacían los doctores de la ley que todo era preciso, que dejaban a un lado la ley para celebrar sus pequeñas tradiciones”.

“La tradición de ustedes capuchinos es una tradición de perdón, de dar el perdón. Entre ustedes hay buenos confesores porque se sienten pecadores como nuestro san Cristóbal, saben que son grandes pecadores y delante la magnificencia de Dios continuamente rezan: «escucha Señor y perdona’. Y porque saben rezar así, saben perdonar”, añadió.

“En cambio, cuando alguien se olvida de la necesidad del perdón, lentamente se olvida de Dios, se olvida de pedir perdón y no sabe perdonar. El humilde, aquel que se siente pecador, es un gran perdonador en el confesionario; el otro, como esos doctores de la ley, se siente puro y experto y sólo sabe condenar”.

Luego describió la actitud de quien va al confesionario: “El que viene, viene a buscar consuelo, perdón, paz en su alma. Que encuentre un padre que lo abrace, que le diga: «Dios te quiere», pero que se lo haga sentir”.

Lamento decirlo pero tanta gente dice, la mayoría de nosotros lo ha escuchado: «yo no voy nunca a confesarme porque una vez me han hecho estas preguntas o me han hecho esto… ¡Por favor! Ustedes capuchinos no se casen jamás de perdonar…”.

«Señor, tú das el mal ejemplo»

Entonces, usó una historia para ilustrar el perdón. “Yo recuerdo a un hombre que era provincial, un hombre de gobierno, pero después terminó su tiempo de provincial a los setenta años fue enviado a un santuario a confesar… y este hombre tenía una fila en el confesionario… ricos, pobres… era un gran perdonador… siempre encontraba la manera de perdonar o dejar en paz esa alma con un abrazo”.

El papa recordó que cuando era obispo ese padre confesor le preguntó: ‘Yo creo que peco porque perdono demasiado y tengo este escrúpulo….Y ¿por qué? ‘no sé, siempre encuentro el modo de perdonar’ –Y ¿qué haces cuando te sientes así? –Voy a la Capilla delante del tabernáculo y digo al Señor: Discúlpame, Señor, perdóname que hoy he perdonado demasiado, pero, ¡Señor has sido tú el que me has dado el mal ejemplo!”.

La persona que viene al confesionario anhela el perdón

Son tantos los lenguajes… está el lenguaje de las palabras y el de los gestos. Si una persona se acerca a mí en el confesionario es porque siente algo que le pesa y quiere quitárselo. A lo mejor, no sabe como decirlo, pero el gesto es ese, dijo el Papa.

Y si una persona viene es porque quiere cambiar. Y lo dice con el gesto de acercarse, no es necesario hacer preguntas… si una persona viene es porque en su alma no quiere hacerlo más, continuó.

Y añadió Francisco: Pero tantas veces no pueden porque están condicionados por su vida, su psicología, su situación.

La caricia de Dios

El Papa dijo que hay que tener un corazón amplio y dar el perdón. Es una semilla, una caricia de Dios. Hay que tener confianza en el perdón de Dios. No caer en el pelagianismo.

«Ustedes tienen este carisma del perdón. Hay que renovarlo siempre. Sean grandes perdonadores. Porque el que no sabe perdonar termina como esos doctores del Evangelio; es un gran condenador -advirtió-. ¿Y quién es el gran acusador en la Biblia? El Diablo. Hagan lo que hace Jesús, no hagan lo del Diablo, acusar».

“Esto que les digo a ustedes, se los digo a todos los confesores. Si no saben hacerlo bien, sean humildes y digan: ‘No, no, yo celebro la misa, limpio el suelo, hago todo, pero no confieso, porque no sé hacerlo bien'».

Y concluyó: «Pidan esta gracia, yo la pido para ustedes, para todos los confesores, también por mí”.

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