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Quinta temporada de The Wire y Spotlight: anatomía del periodismo de investigación

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¿Se trata de verdad de buscar la verdad, o de dejarse llevar por el pesimismo ante la insoportable miseria humana?

Con el reciente estreno de “Spotlight” (Thomas McCarthy, 2015) vuelve a las pantallas cinematográficas una gran historia sobre lo que es capaz de conseguir el periodismo de investigación a la hora de sacar a la luz lo que permanecía escondido. A algunos se les hará corta esta historia y querrán tal vez sumergirse en el casi siempre atractivo género de la ficción periodística así que puede ser buen momento para recordar la última temporada de una de las series televisivas más aclamadas de los últimos años.

La serie “The Wire” esta considerada de forma casi unánime como una de las mejores de la Historia de la Televisión en un apretado podio junto con “Los Soprano”, “El ala oeste de la Casa Blanca”, “Mad men”, “Breaking Bad” y poco más. Durante cinco temporadas nos mostró la cara más descarnada, sucia y desesperanzada de Baltimore, dejando que cada una de dichas temporadas se centrase en un aspecto relacionado con la pesadilla del tráfico de drogas (la vida en el ghetto y la educación, la investigación policial, la mafia portuaria, las intrigas políticas) dejando la última temporada para relatar ficcionadamente la realidad que de hecho estaba detrás de la génesis de toda la serie: el periodismo de investigación.

Y es que el autor del guión de “The Wire”, David Simon, había trabajado durante años en la redacción del Baltimore Sun, de forma que casi todo lo que cuenta la serie ya lo había vivido desde el punto de vista de quien debe sufrir una inmersión en tan nauseabundas aguas para rescatar si no la verdad al menos la versión fragmentada de la misma correspondiente a cada uno de los actores de tan compleja realidad.

Como el propio Simon explicaba una vez estrenada dicha temporada, el tema de fondo es qué cuentan las historias y qué no y porqué a pesar de todo, a pesar de desvelar la verdad más oscura y escandalosa, las cosas permanecen igual y nunca cambia nada, un remedo suburbial y delicuescente de la máxima gatopardiana.

En esta quinta temporada de “The Wire” se nos muestra cómo los recortes presupuestarios en el periódico abocan a un déficit informativo que impide cubrir adecuadamente historias importantes que deberían salir a la luz pero sencillamente no se puede pagar a los periodistas para que se encarguen de ello (y hoy día ¿quién descubre la verdad y la saca a la luz sino son ellos quienes se ocupan?).

Como solución más que discutible para remontar los recortes que se llevan a cabo en el cuerpo de policía vemos cómo se falsifica la existencia de un asesino en serie (con el loable propósito de fondo de combatir el narcotráfico), aprovechando la muerte violenta de varios sin techo, a fin de que al existir un hilo (falso) conductor entre dichas muertes se destinen más recursos a investigarlo porque “vende más” un asesino en serie que las mismas muertes si no existe conexión entre ellas.

Todos tienen una historia que vender con tal de sacar partido del presupuesto. Y no falta un alcalde que busca ser gobernador y que intuye que otorgarle importancia a la captura de dicho asesino en serie le reportará apoyo para su inminente campaña electoral. Y no importa que en las instancias políticas terminan descubriendo que todo es un fraude (se aprovecha para hinchar las estadísticas criminales) o que en el periódico también descubran la verdad: a veces el compromiso no es con la integridad sino con las facturas que hay que pagar a fin de mes, y un Pulitzer siempre ayuda en estos casos en los que, además, la publicación protagonista transita un delicado equilibrio entre la veracidad y el sensacionalismo.

La quinta (y última) temporada de “The Wire” nos deja tal vez el amargo sabor de boca de comprobar cómo un equipo de informadores emplean sus recursos para sacar a relucir una parte de la realidad que no se corresponde del todo con la verdad (aunque “se non è vero è ben trovatto”) en lugar de imbuirnos del optimismo honesto de “Spotlight” en que se antepone la verdad al interés más crematístico (de hecho si descubres una verdad impactante también terminarás vendiendo muchos periódicos) pero probablemente el pesimismo antropológico de David Simon, recordemos, guionista de “The Wire” pero también antiguo redactor del Baltimore Sun que protagoniza esta temporada, es una losa pesada con demasiada carga acumulada de miseria humana, y esa es una verdad que tampoco puede ni debe ocultarse.

 

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