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Blacktrack: una hermosa historia sobre la culpa, la redención, el amor, la justicia infinita y la aceptación de la muerte

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Hay algo de insondable misterio en este relato clásico de fantasmas atormentados por una muerte injusta, en una película de incierto futuro comercial

NO RECOMENDADA PARA MENORES DE 13 AÑOS – El lenguaje y las escenas de contenido violento o sexual pueden herir la sensibilidad

De incierto futuro comercial el año pasado se estrenó, o debería haberse estrenado, Blacktrack. Se trata de una producción australiana protagonizada por Adrien Brody, una presencia estelar que no logró aupar lo suficiente un producto que a todas luces, no merecía el olvido que ha recibido. No es que sea una obra maestra, pero sí que es un film con apuntes interesantes que hacen presagiar futuras y prometedoras propuestas por parte de su principal responsable, el director y guionista Michael Petroni.

Blacktrack, nos cuenta la historia de Peter Bower (Adrien Brody), un psiquiatra que vive atormentado con su mujer, tras la muerte de su hija que fue atropellada mientras montaba en bicicleta. Desde entonces, Bower vive sumido en una especie de amarga y gris existencia que no le permite ver una luz al final del túnel. Poco a poco, Bower se va percatando de una curiosa casualidad, todos los pacientes que está tratando comparten una serie de particularidades, parecen haber salido del mismo sitio y sobre todo, aparecen y desaparecen con sospechosa facilidad.

La película de Petroni es un film empapado en una atmósfera amargamente lánguida pero también enrarecidamente lírica. Hay algo de insondable misterio en este relato clásico de fantasmas atormentados por una muerte injusta. En Blacktrack, el aficionado al género encontrará todos los ingredientes que se podrían esperar, sustos, apariciones siniestras, investigación para buscar el origen y como decíamos, justicia para los que ya no están aquí.

También, como suele ser habitual en estos casos, los fantasmas son mayoritariamente siniestros y terroríficos, no hay una sola mención al paraíso aunque eso sí, también pueden parecer personas normales o en el otro extremo, atisbarlos en lugares públicos, pálidos y semidescompuestos. Esto último, y la citada atmósfera mortecina que invade el film hacen recordar sospechosamente a El sexto sentido. Y aunque ahora muchos estén tratando de desacreditar aquella obra maestra, lo cierto es que, cuando los paralelismos penetrar en la mente del espectador, ya resulta muy difícil superar el listón.

Aun así, vale la pena admitirlo, Blacktrack es una película decentísima. Bien hecha, bien planteada y sobre todo con los suficientes giros de guion como para mantener pegado al espectador pegado a la butaca durante sus agradecidos 90 minutos. La película se va volviendo cada vez más intrincada y complicada pero su director y guionista lo hace de forma sencilla, sin histrionismos, ni trucos de feria. Uno tiene la sensación, con Blacktrack, de estar viendo una película antigua, por lo menos de veinte o treinta años atrás, porque no hay rastro de sustos fáciles ni trampas baratas al estilo del cine actual y su puesta en escena es contenida y un punto clásica al igual que su banda sonora. Blacktrack es una película agradable de ver, aunque al final nos termine gustando menos o más, hay un buen proceso de cocinado en su mecanismo.

Al final, entre figuras siniestras, fantasmas malditos y mentes atormentadas, Blacktrack es una hermosa historia sobre la culpa, la redención, el amor, la justicia infinita y la aceptación de la muerte como parte de la vida. Algunos apuntes son muy someros, es cierto, pero están ahí. Ese plano de la hija muerta de Bower alejándose hacía el mar (habitual metáfora del infinito) puede que esté muy trillado, pero no por ello es menos efectivo. Y como digo, durante los 90 minutos previos nos los hemos pasado agarrados a la butaca, o sea que muy bien. Mejorable pero muy bien.

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