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CINE CLÁSICO: “Todos los hombres del presidente”, o cuando los periodistas creían en la verdad

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Una película sobre la verdadera esencia del Cuarto Poder

Calificación por edades: Para todos los públicos

Trailer en VO: https://youtu.be/8bxoRilOQxY

Película completa en español en YouTube: https://youtu.be/64TLH5q6z4E

Hubo un tiempo en que la verdad resplandecía y no había que descender a las alcantarillas para encontrarla. Los que se ocupaban desde el poder a teñir de velos impenetrables las verguenzas de los mandatarios no se denominaban “fontaneros” y el agua que corría por debajo de las instituciones no apestaba. Probablemente fue algún momento pretérito e idílico de tan idealo idealizado, quizá aún haya algunos lugares donde sea así. Pero mediado el S.XX, perdida la inocencia por parte de los estadounidenses tras el magnicidio de Kennedy, desperezándose legañosos por haber sido despertados del sueño americano, su “5 minutos más, mamá” llegaba al comienzo de la década de los 70 cuando un presidente se veía obligado a renunciar a su cargo tras haberse demostrado que mentía.

Tras Montesquieu y su célebre separación de poderes (que algún lenguaraz político de origen andaluz, ya retirado, celebró haber enterrado) se estimaba que el equilibrio ideal estaba en que ejecutivo, legislativo y judicial no se contaminasen mutuamente y se controlasen entre sí, pero gradualmente desde finales del S. XIX y con ímpetu inusitado en la transición hacia el último tercio del S. XX, surgió ese denominado “Cuarto Poder” capaz de hacer temblar tanto al criminal como al poderoso, y con más razón si ambos títulos confluyen en la misma persona.

La película que dirige Alan J.Pakula en 1976 es casi un documental de los hechos acontecidos cuatro años antes y supone una radiografía del libro homónimo en el que los dos protagonistas de los hechos (galardonados a la postre con un premio Pulitzer) relataban los hechos en torno a la investigación sobre un caso de espionaje a la oposición por parte del Gobierno.

Carl Bernstein y Bob Woodward, encarnados magistralmente por Dustin Hoffman y Robert Redford, indagan un caso aparentemente inocuo de robo en las oficinas del Comité Nacional Demócrata. Ante la exigencia de un trabajo con mayor enjundia, a la altura del periódico para el que trabajan (el mítico Washington Post) con el que su director les pide que den lo mejor de sí ambos luchan incluso contra su poca predisposición inicial a colaborar hasta tirar del hilo y encontrar un inesperado ovillo.

Destaca aquí la figura del carismático director que encarrila a los pupilos, un Ben Bradlee, interpretado aquí por Jason Robards, que en la vida real, al ser preguntado acerca de porqué eligió la profesión de periodista, repuso “peor sería tener que trabajar”. Pero también se establece, en el camino de la búsqueda de la verdad, los conflictos del periodista (aquí un tándem) con la ética personal y profesional, el indicio de que para descubrir la verdad hay que “seguir el dinero” (actualización del latinajo “qui prodest”, a quién beneficia), estímulo que facilita el encuentro con alguien que sabe y comparte el conocimiento (bautizado aquí como “Garganta Profunda” por el impacto social de esa película para adultos estrenada en la época) con quien se queda en lugares oscuros y apartados y quien además, casi como trasunto de los relatos mitológicos, habla con evasivas, metáforas, adivinanzas y acertijos. Algo así como tratar de servirse del humo en medio de la oscuridad para encontrar una hoguera que permanece oculta a la vista.

El premio será descubrir que, tras los aparentemente inofensivos ladrones sorprendidos en las oficinas de los demócratas (Hotel Watergate, de ahí el nombre del escándalo) estaba la CIA y detrás de todo el presidente de los Estados Unidos de América, Richard Nixon, que finalmente tuvo que renunciar a su cargo tras ser descubierto todo el asunto.

Una trama que se complica por las lógicas precauciones tomadas desde la inteligencia estadounidense para orquestar sus manejos, el secretismo endógeno y exógeno de los implicados e incluso las amenazas contra la integridad de los inquisitivos periodistas y/o sus familias. Intriga, peligro, conspiraciones, corrupción política y por encima de todo la búsqueda de la verdad por parte de los protagonistas y el relato comprometido del propio director y los intérpretes, que sin duda han inspirado a generaciones de periodistas y que seguirá haciéndolo mientras haya un poderoso dispuesto a quebrantar la ley y (quizá esto sea incluso más importante) un Estado de Derecho y un poder judicial capaz de hacer justicia incluso si hablamos del hombre más poderoso del país.

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