Aleteia

Papa Francisco: Pasemos de un Dios de milagros al milagro de Dios: Jesucristo

Comparte

Seria advertencia: La tentación de considerar la religión como una inversión humana

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
El relato evangélico de hoy nos conduce de nuevo, como el pasado domingo, a la sinagoga de Nazaret, el pueblo de Galilea donde Jesús creció en familia y lo conocían todos. Él, que hacía poco tiempo que había comenzado su vida pública, vuelve ahora, por primera vez y se presenta a la comunidad, reunida el sábado en la sinagoga.

Lee la cita del profeta Isaías que habla del futuro Mesías y declara: “hoy se cumple esta palabra que acabáis de oír”. (Lc 4,21). Los ciudadanos de Jesús, estupefactos y admirados, comienzan después a murmurar entre ellos y a decir: ‘¿Por qué este que pretende ser el consagrado del Señor, no repite aquí los prodigios y milagros que ha realizado en Cafarnaúm y en los pueblos vecinos?’.

Entonces Jesús afirma: “ningún profeta es bien mirado en su tierra” (v.24) y recuerda a los grandes profetas del pasado, Elías y Eliseo, que realizaron milagros a favor de los paganos para denunciar la incredulidad de su pueblo. En este momento, los presentes se sintieron ofendidos, se alzaron indignados y expulsaron a Jesús, pretendiendo lanzarlo desde un precipicio. Pero Él, pasando en medio de ellos, se alejó” (v.30). Su hora no había llegado.

Esta cita del evangelista Lucas no es un simple relato de una bronca entre vecinos, como a veces sucede, motivada por envidias y celos, sino que destaca una tentación a la que el hombre religioso está expuesto siempre y de la que hay que alejarse: la tentación de considerar la religión como una inversión humana y, por consiguiente, ponerse a “contratar” a Dios buscando nuestro propio interés.

Todo lo contrario, es acoger la revelación de un Dios que es Padre y que cuida a todas sus criaturas, incluso de las más pequeñas e insignificantes a los ojos de los hombres. En esto consiste el ministerio profético de Jesús: en el anuncio de que ninguna condición humana puede ser motivo de exclusión del corazón del Padre, y que el único privilegio a los ojos de Dios es el de no tener privilegios, el de estar abandonados en sus manos.

“Hoy se cumple la Escritura que acabáis de oír” (Lc 4,21). El “hoy”, proclamado por Cristo ese día, vale para todas las épocas. Resuena también para nosotros en esta plaza, recordándonos la actualidad y la necesidad de la salvación traída por Jesús a la humanidad. Dios viene al encuentro de los hombres y de las mujeres de todos los tiempos y lugares en la situación concreta en la que estos se encuentran. Viene también hacia nosotros. Y siempre es Él el que da el primer paso: viene a visitarnos con su misericordia, a levantarnos del polvo de nuestros pecados, viene a tendernos la mano para levantarnos del barro en el que nos ha hecho caer nuestro orgullo, y nos invita a acoger la consoladores verdad del Evangelio y a caminar en la vía del bien.

Ciertamente ese día, en la sinagoga de Nazaret, estaba también María, su madre. Podemos imaginar el eco en su corazón, viendo a Jesús primero admirado, después desafiado y amenazado a muerte. En su corazón lleno de fe, ella lo guardaba todo. Que ella nos ayude a convertirnos de un Dios de milagros al milagro de Dios, que es Jesucristo.

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.