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¿A qué suena tu matrimonio?

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Toda pieza magistral requiere de esfuerzo y armonía

“Sí, te acepto; sí, estoy dispuesto”, se dice comúnmente, aunque muchas veces no seamos conscientes de la gran tarea que implica el Matrimonio, del proyecto que tenemos en nuestras manos de educar hijos y crecer como pareja y familia.

La realidad matrimonial es una oportunidad para mostrar todos nuestros talentos: creatividad, detalles, ternura, paciencia. Qué maravilla es estar ante la posibilidad de crear una verdadera obra de arte musical en el camino de la vida. Sin embargo, también tenemos la opción de tocar una pieza que sólo incluya uno o dos instrumentos simples que produzcan una tonada monótona, pesada, repetitiva.

¿Cual camino elegimos?

Realizar una pieza magistral requiere de esfuerzo; en tanto que la segunda opción es muy sencilla: basta balbucear entre dientes algunas palabras para exigir, una mirada para descalificar o una sonrisa para burlarse del ser “amado”.

¿Qué instrumentos musicales podemos incluir en nuestro Matrimonio para lograr esa obra suprema, que contagie de amor, paz, armonía, comprensión e ilusión; una creación artística que dulcifique el espíritu, incluso con sus momentos de drama y dolor?

Indudablemente, lo primero que se requiere es el deseo y la voluntad de construir esa pieza musical con tenacidad y perseverancia. En este camino ocurrirá que mientras algunos estén recorriendo los primeros kilómetros, otros lleven la mitad andada, y unos más se encuentren en el atardecer o en el ocaso de la ruta, pero todos aportando un sonido armónico que sea escuchado en el entorno social

En nuestra obra musical podemos incluir:
1. La cítara, que nos permitirá evocar los tiempos de noviazgo y cuestionarnos: ¿qué me llevó a elegir a esta persona?, ¿qué lenguaje de conexión usábamos en esa estación de romance? Seguramente el “tú”, el “nuestro”, el “nosotros”, lo hemos cambiado por “lo mío”, “lo tuyo”, “mis cosas”, “tus cosas”.

2. El pandero, nos puede transmitir la alegría que produce el enfocarnos en las cosas positivas del ser amado, aceptando sus cambios al paso de los años.

3. El violín, que nos permitirá trasladarnos a los momentos difíciles y resignificar las ofensas y discusiones, perdonar, sanar y buscar una enseñanza de cada una de estas experiencias que nos lleven a ser más humanos, comprensivos, fuertes y maduros.

4. La voz. Es vital en una obra. Nos permitirá hacer una revisión de la forma de comunicarnos. ¿Es con exigencias, o por el contrario, mi petición es con calidez y suavidad?

5. El piano. Nos transportará a los detalles, a esos cuidados diarios: a mirar los ojos del ser amado, a sentir el calor de sus manos, a cortejar, conquistar. Está comprobado científicamente que las parejas que viven un amor sólido mejoran su sistema inmunológico, y se calcula que viven 10 años más que una pareja en conflicto.

6. La flauta. Nos puede llevar a comprender que nadie puede hacerte feliz o infeliz. Que tú eres responsable de tu felicidad. Y que tu amor te lleva a compartir esa dicha con el ser amado.

7. El saxofón. Nos ayuda a asumir las consecuencias de nuestros actos. No a culpar al otro, ya que incluso si se ha convertido en un ser manipulador, es porque uno lo ha permitido. Ante esto, uno tiene la opción de poner límites con suavidad y firmeza.

8. Palo de lluvia. Instrumento que semeja el sonido del agua, una especie de murmullo que tiene la magia de serenar. Nos recuerda incluir la misericordia y el perdón. Ver a Cristo en el esposo o en la esposa, para poder amar, comprender y perdonar profundamente.

9. El triángulo. Nos recuerda reforzar el vínculo matrimonial. Procurar la realización de actividades en común. Tener espacios de convivencia, recreación, diálogo, estudio.

10. Arpa. El más importante. Alabar y adorar a Dios. Él es el Único Digno Director de Orquesta. Con su ayuda es posible crear la obra más perfecta.

El Matrimonio está llamado a ser una pieza musical que impacte positivamente en el tejido social, que provoque deseos de ser mejores, y esto sólo sucede si se integran las melodías de cada miembro de la familia en una sola dirigida por Dios, quien nos invita a amar, consolar y perdonar.

 

Artículo originalmente publicado por Desde la fe

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