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“La gran apuesta” no está sola para explicarnos la actual crisis económica

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Comprender qué sucedió y cómo se llegó a ese punto sin retorno podría evitar repetir el error

Esta semana se ha estrenado La gran apuesta (Adam McKay, 2016), una película que combinando diversas técnicas narrativas (incluyendo la ruptura de la cuarta pared con actores o personalidades que se interpretan a sí mismos y que tratan de explicar algunos conceptos económicos y financieros al espectador con una pedagogía cuanto menos simpática y curiosa) narra los eventos previos al estallido de la burbuja financiera más reciente que hemos vivido y que ha deteriorado la economía mundial hasta los extremos que aún sufrimos.

Basada en un libro con el que comparte título (en inglés The big short, en referencia al corto plazo en el que se negocia la compraventa de valores) escrito por Michael Lewis, queda meridianamente claro que la voluntad de esta película es ayudar al espectador a comprender las causas que están detrás del estallido de la burbuja inmobiliaria.

En ocasiones los eventos de la historia son capaces de crear, por su magnitud e influencia en las vidas de millones de personas, una cierta “escuela cinematográfica” que termina aportando grandes, pequeñas y medianas obras de Arte, como ya sucedió con el Neorrealismo italiano y el género bélico tras la Segunda Guerra Mundial o la guerra de Vietnam.

En este caso la herida ocasionada por una crisis que aún no hemos terminado de dejar atrás ha dado lugar a una incipiente corriente de películas (incluyendo algún documental) que se han propuesto (y en algunos casos consiguen con solvencia digna de alabanza) no tanto situar historias en este contexto sino algo quizá más valioso: trasladar al espectador la explicación de qué sucedió y cómo se llegó a ese punto sin retorno no solo para comprender lo que ocurrió sino tal vez para que podamos evitar repetir el error.

Como antecedentes es inevitable citar Wall Street (Oliver Stone, 1987) y su secuela Wall Street: el dinero nunca duerme (Oliver Stone, 2010), excelentes radiografías del motor (“la codicia es buena”) detrás de los tiburones de las finanzas de dos épocas tan distantes pero no tan distintas.

De hecho también se puede adentrar el espectador (si se atreve) en los vericuetos de la metamorfosis producida por el ascenso a la cumbre del poder financiero con la casi terrorífica El capital (Costa-Gavras, 2012) donde un inmenso Gad Elmaleh interpreta al alto ejecutivo de segunda o incluso tercer fila de un importante banco de inversiones francés que resulta ascendido a director general, propiciando que una personalidad teñida de ciertos matices de gris en poco tiempo evolucione dejando salir al ambicioso tigre que llevaba dentro, incluso para sorpresa de sí mismo, llevándole a una espiral de codicia de poder a todos los niveles que sin duda explicaría mucho de lo que sucede en el mundo de las altas finanzas.

Algo similar propone La caída (Freefall, Dominic Savage, 2009), de nuevo con un excelente reparto (Aidan Gillen, Dominic Cooper, Rosamund Pike) aunque a menor escala puesto que esa espiral de ambición queda limitada al sueño de tener casa propia y la interferencia mefistofélica que llega mediante la intercesión de un broker que puede cumplir tus sueños… tan solo con una hipoteca de nada.

En el lado contrario estaría el miedo que atenaza a los protagonistas de The company men (John Wells, 2010), ejecutivos que pierden su trabajo y se ven abocados a una vida de clase media que para ellos resulta terrorífica por lo que supone de pérdida de privilegios laborales y sociales, algo que no siempre se asume de la misma manera, como nos demuestran los personajes interpretados por Ben Affleck, Chris Cooper, Kevin Costner, Maria Bello y Tommy Lee Jones.

En ese aspecto incide también Up in the air (Jason Reitman, 2009) con George Clooney tratando de gestionar la transición al desempleo de cantidades masivas de empleados de grandes empresas. Una película recomendable a pesar de que una de las críticas más escuetas y demoledoras que se han hecho jamás decía de este título que “despega mejor de lo que aterriza”.

La misma noche en que todo se fue al traste está excepcionalmente bien narrado en Margin call (J.C. Chandor, 2011) con un inmejorable reparto (Kevin Spacey, Jeremy Irons, Demi Moore, Paul Bettany, Zachary Quinto, Simon Baker, Stanley Tucci, Mary McDonell…) escenificando las trepidantes 24 horas de un gran banco de inversiones que se enfrenta al momento en el que la burbuja se pincha.

Es ese momento definido en inglés por la frase Too big to fail (demasiado grande para caer) que da título al libro de Andrew Ross Sorkin llevado al cine con el mismo título en inglés pero estrenada en España como Malas noticias (Curtis Hanson, 2011), también con un gran reparto (James Woods, William Hurt, Paul Giamatti, Topher Grace, Ed Asner…) pero en este caso centrada en cómo vive el estallido de la burbuja el Secretario del Tesoro estadounidense (equivalente al ministro de Hacienda) y cómo intenta salvar a Lehman Brothers (infructuosamente, como ahora debamos) con unas casi espeluznantes conversaciones y negociaciones como son las que mantiene con Ben Bernanke (presidente de la Reserva Federal) o Warren Buffet (uno de los mayores inversores bursátiles y financieros del mundo).

En el ámbito documental el referente no puede ser otro que Inside job (Charles Ferguson, 2011), cuyo visionado sería quizá recomendable para un momento posterior al estreno de esta semana La gran apuesta ya que está, al presentarse en formato narrativo convencional funciona como exposición dramática de personajes y trama con algunas evidentes licencias (alguna de las cuales, incluso con ruptura de la cuarta pared, es explicada a cámara por el propio actor en medio de su interpretación) mientras que el documental, por su intrínseca naturaleza, prescinde de esas florituras dramáticas pero a cambio complementa el conocimiento sobre las causas de la crisis que explotó en 2008.

También en este sentido sería recomendable otro documental, Enron: los tipos que estafaron América (Alex Gibney, 2005) sobre la bancarrota de la séptima mayor empresa de Estados Unidos de América.

Y como no, el gran manipulador del mundo del documental, Michael Moore no podía quedar ajeno con su Capitalismo: una historia de amor (2009) donde explica su versión (siempre sesgada) y su visión (siempre parcial) de cómo funciona Wall Street. Un punto de vista quizá demasiado sectario pero no por ello menos atractivo o interesante porque incluso detrás de tanta manipulación hay algo de verdad.

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