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CREED: Sextas partes tampoco fueron buenas

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Rocky se convierte en el papel del que fuera su viejo entrenador en la primera película

Cuando un jovencísimo Stallone escribió en 1976 el guión de Rocky y lo malvendió a la productora a cambio de que él fuese quien interpretase el papel principal, nadie, ni el mismo Stallone, se podía imaginar todo lo que iba a pasar después. Y, entre las muchas cosas que pasaron, fueron nada menos que cinco continuaciones de la marca Rocky.

Con sus altos y bajos, el sello Rocky tenía su punto de buen cine y su carisma propio. Rocky, la original, la primera, es una grandísima película de cine con mayúscula, llena de inteligencia y una película que se ha convertido en un clásico que no sólo resiste sino que gana con el tiempo.

De las demás, y con el cambio de buscar una película genial a buscar una máquina de dinero, está Rocky III, que cumple su cometido y se nos grabó en la mente a los adolescentes del momento: el combate con Mr. T. fue memorable, grandioso, y épico al modo en que una película poco original puede hacer.

Stallone supo reinventarse y juntar todo en una especie de cierre muy digno que tituló Rocky Balboa. Y cuando ya parecía que estaba todo hecho y bien hecho aparece, con perdón, “esto”: Creed.

La factura de la película es correcta. El ritmo un pelín lento. Las escenas de boxeo han ganado lo que ha ido ganando el cine de acción: más videoclip y videojuego. Pero para nada gana a su antecesora.

Las últimas películas de la saga han tenido un componente común: siendo Rocky el protagonista hilvanaba su historia con la de algún personaje de las dos primeras. Así pasó con su hijo, con Adrian, con Polly, con Mickey (su entrenador)…

Pues Creed es casi eso, pero tocándole el turno a Apollo, su primer gran rival. La historia es sencilla: un hijo de Apolo, que es buen chaval pero está algo descontrolado, ya saben, un zagal de buen corazón pero que va de rebotado, decide hacerse boxeador profesional y acude al viejo Rocky para que le entrene.

Es la misma cansina historia de siempre. Sólo que ahora, Rocky se ha convertido en el papel del que fuera su viejo entrenador en la primera película.

Lo que han intentado clara y nefastamente en esta película es readaptar la historia de la primera película original, y ponerla en el papel del hijo de Apollo Creed, y a Rocky en el de Mickey. Y paren de contar.

Además con bastante poco acierto, porque lo que han olvidado los guionistas, o no han sabido mostrar, es que Rocky es una tragedia, no una epopeya, Rocky es David contra Goliat, pero donde gana Goliat pero nos da igual.

En Creed, ya lo verán los fans de la serie, hay una calco de muchas cosas pero con mucho desaliño. No revelamos más.

Lo último que cabe añadir es el perfecto desvarío que han tenido los miembros de la Academia Americana de cine al concederle a Stallone un Globo de Oro por su interpretación. ¿Qué estaban pensando?, ¿qué nos hemos perdido? Ni con mucho es el mejor Stallone.

Podrían habérselo dado por Rocky, por Acorralado, por Halcones en la noche, o por su último gran papel: Cop Land. No lo hicieron; y, ahora, ¿se lo dan por esto? Tomadura de pelo.

Y se lo dice alguien que es un gran admirador de Stallone y que sabe que ha contribuido a escribir la historia del cine. Entre “no sentir las piernas” y gritar “Adrian”, esta película de Creed se quedará en el olvido de quienes votaron a Stallone.

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