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¿Por qué quieren los africanos aprender español?

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Un millón y medio de africanos estudian nuestra lengua en África

Cuando Javier Serrano Avilés se presentó en el aula de la Universidad de Makerere, en Kampala, recién llegado a Uganda en 2006, no podía imaginarse la sorpresa con la que comenzaría su primer día de clase. Tras saludar a sus cinco alumnos (sí, solo cinco) les preguntó: “¿Por qué queréis aprender español?”. La respuesta de todos ellos fue unánime: “Para entender las canciones de Shakira”.

Ocho años después, tras haber pasado tres enseñando castellano en Kampala y otros cinco como docente de Lengua y Literatura Española en la United States International University for Africa en Nairobi (Kenia), este profesor malagueño que vive su docencia en África con verdadera pasión puede ver resultados mucho más alentadores: varias docenas de alumnos africanos que han pasado por su aula han recibido becas para cursar estudios de máster en nuestro país, y su investigación sobre la enseñanza del español en África subsahariana ha conseguido despertar el interés de instituciones oficiales.

Prueba de ellos es la publicación de su libro La enseñanza del español en África subsahariana, un proyecto de la embajada de España en Kenia, en el que han participado Casa África y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

El trabajo, escrito por 35 autores, documenta la realidad de cerca de un millón y medio de estudiantes de español repartidos entre 27 países subsaharianos. Para Javier Serrano, “estas cifras muestran que África subsahariana es la tercera región del mundo en enseñanza del español, solo por detrás de América y Europa, pero muy por delante de otras zonas como Asia y Oriente Medio”.

Tras la edición impresa del volumen, ahora se ha dado un paso más con la versión digital, disponible en el portal del Centro Virtual Cervantes.

 

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Fotografía: Gonzalo Gómez / Mundo Negro

Entre lo lúdico y lo profesional

Pero Javier Serrano no descarta la validez de ninguna motivación, ni siquiera el interés por las canciones de la artista colombiana. Su experiencia diaria le ha hecho ver que  “en África se consume mucha cultura popular hispanohablante, y las telenovelas mexicanas o venezolanas tienen más impacto de lo que nos podríamos imaginar, así como la música caribeña de siempre que sigue sonando y se sigue bailando, junto con las canciones de Shakira o de Enrique Iglesias”.

Obviamente, en África hay otros motivos para aprender español: “No hay que olvidar que es una lengua oficial en muchos organismos internacionales como Naciones Unidas o la Unión Africana, y muchos universitarios africanos tienen su vista profesional puesta en este tipo de instituciones multilaterales o en el campo de la cooperación internacional para el desarrollo”, afirma con la convicción de quien conoce el tema de primera mano. Resumiendo: “La motivación para aprender nuestro idioma en los países subsaharianos combina el aspecto lúdico y cultural con una vertiente profesional”.

Como buen investigador, este profesor universitario empezó a sospechar que “la invisibilidad del español en África subsahariana” era un tema poco conocido que merecía la pena sacar a la luz.

Se sabía que había más estudiantes de español en los países subsaharianos que en el norte de África, “pero ahora sabemos que la proporción es nada menos que diez veces más, y sin embargo la inversión para la promoción del español se ha concentrado en Marruecos, Egipto y Túnez, pero sin apenas un apoyo para los profesores de español en países subsaharianos.”

Al indagar más sobre cifras de alumnos, los números resultaron ser mucho más elevados de lo que se pensaba: “Nos constaba que países como Senegal, Costa de Marfil o Camerún tenían más de cien mil estudiantes de español, pero ahora hemos podido documentar que, por ejemplo, en Benín hay más de 400.000, en Costa de Marfil son 300.000 y alrededor de 200.000 entre Senegal y Camerún”.

El hecho de que la mayor parte de estudiantes de español se concentre en el África occidental francófona tiene que ver, según Serrano, con “el sistema educativo que estos países heredaron tras la independencia y en el que se oferta el español como lengua extranjera optativa, y esto explica la demanda de la enseñanza de nuestro idioma en los países citados”.

Pero hay otro factor que no es nada despreciable y que, salvo el caso de Guinea Ecuatorial, no tiene mucho que ver con España, y es la intensa cooperación cubana con países como Etiopía, Angola, Mozambique o Uganda.

Este profesor universitario, que durante sus ocho años de trayectoria profesional entre Uganda y Kenia ha conocido a numerosos cooperantes y diplomáticos cubanos, piensa que es de justicia constatar que “a través de las numerosas becas del Gobierno cubano, durante varias décadas se han formado miles de africanos como ingenieros, farmacéuticos o médicos y aunque ninguno realizaba estudios de Filología Hispánica, todos regresaban hablando un excelente español, y bastantes de ellos se animaron a enseñarlo en sus países de origen”.

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Fotografía: Archivo Mundo Negro

Más interés y más recursos

Por lo que se refiere a los Gobiernos españoles, la política oficial de apoyar la difusión del español apenas tiene una década de historia, cuando empezaron a abrirse lectorados en universidades africanas. Citando datos oficiales, Javier Serrano recuerda que en 2006 el programa de lectorados de la AECID tenía repartidos 22 lectores en países subsaharianos, y en 2011 llegó a convocar hasta 42 plazas.

“Lamentablamente, en 2012 se cancelaron de forma fulminante todos los lectorados de la zona subsahariana, salvo el de la Unión Africana en Adís Abeba, y actualmente este programa continúa pero de forma bastante tímida”.

El problema principal, reconoce Serrano, reside en que “las instituciones españolas han invertido mucho más para la promoción del español en países como Rusia o China, con apenas 20.000 estudiantes, mientras que no lo han apoyado en Benín, Camerún o Costa de Marfil, que tienen diez veces más en cuanto a número de estudiantes”. Lo mismo ocurre dentro del continente africano, “donde se ha invertido en Marruecos, Túnez o Egipto, a pesar de que en países como Gabón o Senegal hay muchísimos más estudiantes”.

Esto explica que, por ejemplo, el Instituto Cervantes tenga importantes sedes en Casablanca (Marruecos), Túnez y El Cairo (Egipto), mientras que en África subsahariana únicamente esté presente en Dakar, donde en 2009 abrió un aula que está gestionada por un solo funcionario destacado.

Una de las conclusiones presentadas por el libro ha sido, precisamente, proponer “la elaboración de un plan de apoyo al español en los países subsaharianos, algo que el Instituto Cervantes se ha comprometido a desarrollar”.

Embarcarse en esta aventura parece de justicia, sobre todo cuando –si nos remitimos a actividades puramente comerciales– se piensa que actualmente las exportaciones españolas a África superan ya a las de América Latina. Javier Serrano corrobora estos datos: “Muchas economías subsaharianas crecen hoy en torno al 6 por ciento, lo cual acelera el crecimiento de la clase media. África es también el continente con la población más joven, y por tanto donde las universidades se multiplican”.

En su opinión, “se trata de datos muy alentadores que no se compaginan con el imaginario de un África empobrecida y triste”.

Ese mismo optimismo está presente en su vida personal. Aunque reconoce que ha conocido realidades sociales muy duras en Kenia y en Uganda, su experiencia ha sido muy positiva: “Kampala fue, al poquísimo tiempo de llegar, un lugar donde me sentí en mi casa. Nunca he disfrutado tanto y he aprendid0 más que en mis años en Uganda. Allí tuve la conciencia de la amplia diversidad multicultural, algo que en Europa es más difícil de captar porque en el mundo occidental la diversidad tiende a estar más homogeneizada. La inmersión en un universo cultural tan distinto al mío me obligó a revisar principios que yo creía innegociables, como la seguridad –tan querida en Occidente– o el tiempo, que no en vano es uno de los tópicos recurrentes de la filosofía contemporánea”.

El cambio a Nairobi, según reconoce,  fue otra cosa: “Perdido ya el asombro de las novedades culturales e inmerso en una gran metrópolis africana, los años sucesivos se orientaron más hacia el desarrollo profesional con proyectos como el libro que acabamos de publicar. Kenia ha sido el contexto desde donde repensar los problemas de la enseñanza del español en países subsaharianos y realizar propuestas”.

Su conclusión es que África subsahariana es y seguirá siendo una zona del mundo “de capital importancia para la internacionalización del español”. Está convencido de que hay que corregir una situación en la que “las instituciones competentes no han visto la importancia de la enseñanza del español en países subsaharianos”, donde hay un enorme número de jóvenes interesados en aprender la lengua cervantina. “Espero que la publicación de este volumen ayude a cambiar esta tendencia. Por méritos propios, África subsahariana lo merece”.

Artículo originalmente publicado por Mundo Negro

 

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