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Cuaresma, según el Papa: tiempo de conversión de soberbios, ricos y poderosos

© Antoine Mekary / ALETEIA
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«Nunca hay que separar las obras corporales de las espirituales·, explica en su mensaje para el tiempo de preparación a la Pascua

“La Cuaresma de este Año Jubilar es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia”, se lee en el mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma de 2016, publicado este martes 26 de enero.

Sólo en el amor de Cristo “está la respuesta a la sed de felicidad y de amor infinitos que el hombre —engañándose— cree poder colmar con los ídolos del saber, del poder y del poseer”.

El pobre es el corazón herido de Dios y los que se olvidan de los pobres, se olvidan de Jesucristo. Por ello “los soberbios, los ricos y los poderosos” pueden acabar en “condenarse a sí mismos» cuando  caen en el «eterno abismo de soledad que es el infierno”.

“He aquí, pues, que resuenan de nuevo para ellos, al igual que para todos nosotros, las lacerantes palabras de Abrahán: «Tienen a Moisés y los Profetas; que los escuchen» (Lc 16,29)”, exhortó.

“Esta escucha activa nos preparará del mejor modo posible para celebrar la victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte”.

En este sentido, reafirmó su deseo de que el pueblo cristiano despierte su conciencia “muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina (ibíd., 15)”.

El lema escogido para este Año Santo es: Misericordia quiero y no sacrificio (Mt 9, 13) Las obras de misericordia en el camino jubilar. De hecho, el Año Santo –indicó- es una ocasión para poner en práctica las obras de misericordia corporales y espirituales.

Estas obras “recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y sobre los que seremos juzgados: nutrirlo, visitarlo, consolarlo y educarlo”.

En ocasión de los cuarenta días (Cuaresma) de preparación de la fiesta de la resurrección de Jesús (Pascua), el Pontífice invitó a los fieles a vivir este tiempo especial “como un momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia”.

El Pontífice pide una atención especial por los más pobres a través de las obras de misericordia corporales. Ellos son la ‘carne de Cristo’ visible en su cuerpo “martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga… para que nosotros lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado”.

“Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar. Por tanto, nunca hay que separar las obras corporales de las espirituales”, constató.

Francisco pide que en este tiempo se recuerde también a los cristianos perseguidos a causa de su fe. Implícito en el mensaje, reconocernos pecadores y “pobres mendigos” del amor misericordioso de Dios. En los pobres, enfermos y necesitados, en la imagen de Lazaro, “la posibilidad de conversión que Dios nos ofrece y que quizá no vemos”.

El Papa también denuncia “los totalitarismos del siglo XX”, y “las ideologías del pensamiento único y de la tecnociencia”, que pretenden hacer que Dios sea irrelevante y que el hombre se reduzca a una masa para utilizar, además de las estructuras de pecado vinculadas “a un modelo falso de desarrollo, basado en la idolatría del dinero”.

Misioneros de la Misericordia

Asimismo, anunció que enviará a los Misioneros de la Misericordia a todas las diócesis del mundo como “signo concreto de cercanía y del perdón de Dios”. Se trata de los sacerdotes que serán enviados por el Papa el Miércoles de Ceniza con una celebración en la Basílica de San Pedro.

¿Cuáles son las funciones de los Misioneros? Tienen la función de animar las misiones relacionadas con el Jubileo, especialmente en la celebración del Sacramento de la Reconciliación.

El Pontífice, de hecho, les otorgará la autoridad para perdonar también los pecados reservados a la Sede Apostólica, por ejemplo, la profanación de las especies eucarísticas. En este Jubileo también se perdonará el pecado de aborto, que implica una excomunión pero que no está reservado a la Sede Apostólica sino al obispo a un delegado suyo.

El mensaje tiene los siguientes puntos clave: el testimonio de la Virgen, la alianza con Dios y las obras de misericordia.

El Pontífice hace hincapié en la experiencia “en primera persona” de la misericordia de Dios: en efecto, “es un anuncio al mundo: pero cada cristiano está llamado a experimentar”.

En primer lugar se pone el ejemplo de la Virgen María, “icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada”. Sucesivamente, explica la alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia, y por ultimo, invita y describe la relación que existe entre las obras de misericordia corporales y espirituales.

  1. María, icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada

En primer lugar, el Papa expone que en la Bula de convocatoria del Jubileo ha invitado a que «la Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios» (Misericordiae vultus, 17).

La misericordia de Dios, señaló, es “un anuncio al mundo”, a fin de que sea “para todos un signo concreto de la cercanía y del perdón de Dios”.

El Pontífice presenta la imagen de María, en el Magnificat que “prometida con José, se convierte así en el icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, porque fue y sigue siendo evangelizada por obra del Espíritu Santo que hizo fecundo su vientre virginal”.

En la descripción etimológica de la misericordia, el Obispo de Roma la relaciona con “las entrañas maternas (rahamim) y con una bondad generosa, fiel y compasiva (hesed)” que se tiene en el seno de las relaciones de pareja y de las familias.

  1. La alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia

En consecuencia, el Pontífice profundiza en el “misterio de la misericordia divina” que se revela en la “alianza entre Dios y su pueblo Israel”.

De igual forma, desarrolla la imagen de una Dios rico en misericordia “dispuesto a derramar en su pueblo” una ternura y una compasión visceral, especialmente en los momentos más dramáticos.

Un pacto que se rompe, pero que en “la justicia y la verdad” se puede volver a la alianza con Dios. Luego usa la imagen de un “Dios, padre y marido traicionado” por el pueblo, que sería la “esposa infiel”.

La relación entre Dios y el pueblo tiene en “Jesús –explicó– el amor que “alcanza su culmen”. “En él Dios derrama su ilimitada misericordia hasta tal punto que hace de él la «Misericordia encarnada» (Misericordiae vultus, 8)”.

En efecto, el “Hijo de Dios es el Esposo que hace cualquier cosa por ganarse el amor de su Esposa, con quien está unido con un amor incondicional, que se hace visible en las nupcias eternas con ella”.

Así, Jesucristo muerto y resucitado es “la belleza del amor salvífico de Dios” (Exh. ap. Evangelii gaudium, 36).

El pecador obtiene misericordia de Dios, que le ofrece “una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer» (Misericordiae vultus, 21), restableciendo de ese modo la relación con él”.

Jesús crucificado enternece “el corazón endurecido de su Esposa”, es decir del pueblo.

  1. Las obras de misericordia

Al presentar las obras de misericordia corporales y espirituales, indica: “Es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros, impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales”, añadió.

“La Cuaresma de este Año Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia”, constató.

“No perdamos este tiempo de Cuaresma favorable para la conversión”, remarcó.

 

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